lundi 26 décembre 2016

Otro 26 de diciembre

Bolaño afirmó cierta vez que Rodrigo Lira se había suicidado para protestar contra la subida del precio del pan. Una boutade, por cierto. Aun así, un desacierto. Porque nada le quedaba más lejos a Lira que el realismo social. No es que lo desconociera o lo negara, es que no iba por ahí.

Rodrigo Lira, como se sabe, se mató el mismo día y a la misma hora de su nacimiento, un 26 de diciembre. Un día como hoy, el día siguiente de la Navidad, hace ya 35 años. Y por allí, por esa circunstancia escogida, sí que iba Lira.

Juntar «parto» y «parto» (parto de parir y parto de partir) fue el último calambur del artista. El último de su corta vida de anonimato relativo y el primero de su larga vida de celebridad también relativa. Porque en el propio momento de su muerte el Lira humano parió al Lira personaje. La conversión fue instantánea, como descubrieron quienes negaban su talento y se encontraron en su misa funeral con la plana mayor de la literatura chilena, Nicanor Parra, Enrique Lihn, Claudio Bertoni, haciendo acto de reconocimiento.

Ahora bien, de la fama póstuma no te puedes defender y puede acabar por hacer de ti lo que no fuiste e, incluso, lo contrario de lo que fuiste. En el caso que nos ocupa, puede llegar a hacer de Lira un docente, como nos cuenta muy seriamente Poemas del almaEl bulo no tardará a dar el salto a las enciclopedias y de allí a la posteridad. Pos claro, cómo pudo escapársenos. Si el Pedagógico fue su nicho ecológico, sería que Lira era un pedagogo.

Lira Cover

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samedi 20 juin 2015

Un chiste de la señora Goldstein

Consecuencia del affaire del chiste zafio de Zapata: todo quisque se pone a contar chistes de judíos y a explicar cómo hay que contarlos y dónde. Peor aun: cómo hay que entenderlos.

El chiste es la forma verbal del humor interpersonal, sostiene Freud. Es el inconsciente el que siente la necesidad de contarlos, explica, si le entiendo bien. La necesidad de reír o no, en cambio, corre por cuenta del inconsciente colectivo. No te prives de decirlo, parafraseo a Bolaño, si no quieres privarte de escuchar lo que te dirán.

Cuando éramos juveniles, cuando el corazón batía fuerte, lo cool entre nosotros era saber contar los chistes. Y lo despreciable era contarlos mal. Lo he contado otras veces: cuando me enteré de que mi amigo RF se había pegado un tiro, no pude dejar de recordar aquella vez en que se atrevió a dar un paso al frente y contar un chiste delante de la jauría. Las carcajadas que recibió de vuelta fueron tan destempladas que en seguida entendió que no se reían del chiste sino de él.

Pero bueno, no vamos a desaprovechar la ocasión de contar uno de la señora Goldstein. Va la señora Goldstein por la avenida llevando de la mano a sus dos nietecitos. Un conocido se detiene a saludarla. ¿Qué edad tienen los niños?, pregunta. Bueno, dice la señora Goldstein, el médico tiene cinco y el abogado siete.

Source: Externe

Óleo de Nathan Goldstein

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mardi 20 janvier 2015

Lean a Bolaño, pepinillos

Diario del Cono Sur, 3

Viendo películas en el avión -para acabar ya con el bendito avión-, veo que entre las opciones de subtitulado está, junto al Castilian Spanish, la de Latin Spanish. O sea que el latín murió en Europa y resucitó en Sudamérica merced a una batalla ganada por el tercer Napoleón. Porque fueron los franceses quien impusieron esa denominación, Latinoamérica, en detrimento de Iberoamérica, para intentar legitimar su intervención en México. 

No son pocos los que pujan por separar las dos hablas -los dos hablamientos-, la peninsular y la continental, el español y el «latino». Y no sólo en materia de subtítulos de películas, también para la traducción literaria. Entiendo el interés que lleva en ello el gremio de los traductores. Pero, ¿no es el espacio de intersección muy superior a lo disjunto? ¿No? Lean a Bolaño, pepinillos, que suena con naturalidad aquí y allá. Nunca es tarde para aprender.

También visto desde aquí, reparo en que El País propone en la web cuatro ediciones: España, América, Brasil y Cataluña. Los dos últimos son subconjuntos contenidos en los dos primeros, pero sí, en este caso sí. Y, por lo que veo, al menos en las ediciones España y América la diferencia no recae en la manera de escribir sino en el orden de presentación de los asuntos. Contra lo cual, nada que oponer: un diario es eso, priorizar.

También en el diario veo que han publicado una antología de poesía humanista comprometida y entre los poéticos no hay ningún chilénico. Cómo estarán rabiando los omitidos, con lo humanistas que son. Poesías, dicen, para «reclamar una vuelta a valores perdidos». Hombre, hombre. Ya lo decía el poeta: mariconerías, las justas.

Source: Externe

Fusilamiento de Maximiliano, óleo de Edouard Manet

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jeudi 21 août 2014

Un romanzetto romano

Los padres mueren en un accidente y la pareja de hijos adolescentes (19 y 17, màs o menos) quedan solos en Roma. Huérfanos, a cargo de ellos mismos, contando sólo con el vago soporte de una asistente social. Poco a poco abandonan los estudios, ella hace pinitos en una peluquería, él en un gimnasio, se van dejando manipular por un par de amigotes mayores y a punto están de delinquir.

Es la historia que cuenta Roberto Bolaño en Una novelita lumpen y retoma Alicia Scherson en su filme Il Futuro. Bianca, la muchacha, frecuenta la casa de Maciste, del actor que encarnó a Maciste en los años sesenta, con quien vive su iniciaciòn sexual. Bolaño a la edad de los protagonistas debe de haber visto los peplum de Maciste -algunos filmados por Jesús Franco- en algùn rotativo de Santiago de Chile o de Ciudad de México, e imaginado vagamente esta historia, la última que publicó mientras vivía. La película hace sitio a los fantasmas que las imàgenes despliegan o despiertan y funciona como puesta en imágenes precisamente. Rodada en italiano e inglés, hay un único momento en que los muchachos echan mano a su español materno -son chilenos- para hablar entre ellos, en un diálogo clave de su nueva vida.

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mercredi 11 juin 2014

Dos de escritores

El Negro, de Polanski, y Tetro, de Ford Coppola. 

La de Polanski es buena, no podía ser de otra manera. Se trata una historia sacada de lo que pudo ser Toni Blair de haber caído en desgracia en manos de Carla del Ponte, o eso entendí yo. El encargado de descifrar el enigma de la muerte del anterior negro de Blair es un jovencito que a punto está de conseguirlo, si no fuera porque el filme es de Polanski. En el cine de género, la información que hace avanzar la intriga aparece en un diario que alguien abre por casualidad. Ahora esto también ocurre cuando alguien aprieta el botón del GPS. El Negro es un buen filme de género actualizado. Un buen filme ramplón.

Tetro en cambio es buena. No podía ser de otra manera, etcétera, pero esta sí que es buena. Una teleserie de ítalo-gringos en Buenos Aires que da todo de sí, desde un inicio de comedia a un clímax de tragedia y un magnífico final feliz. La prensa lo presenta como un filme menor, pero se va resignando uno a la evidencia de que, tratándose de Coppola, «filme menor» es un oxímoron.

Un detalle (de lo grande me quedo con los detalles): Coppola leyó el Nocturno de Chile, de donde rescata la figura del crìtico Alone. Lo convierte en mujer y pone en su lugar a Carmen Maura (risas).

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samedi 15 décembre 2012

Ni una pica para Bolaño

Ya no leo, sólo releo a los clásicos, dice mi tío. Un clásico. Yo voy por las mismas en cuanto a las lecturas, y en materia de relecturas voy peor. Estos días he releído, eso sí, el Nocturno de Chile, como le prometí tiempo atrás a un amigo que solía venir por este remoto recinto.

Gran libro, brevísimo y jocoso. A quien dice, y son muchos, que no se ha escrito aún la novela de la dictadura, le digo que no, que sí, que es ésta. Un compendio del ser chileno, de su vuelo alzado (a media altura) y de su arrastramiento.

El libro cuenta las aventuras del crítico literario del diario El Mercurio, el cura Urrutia Lacroix, dos de sus ritos de iniciación, a manos del decano de la crítica, en su fundo, el primero, y en un viaje por Europa, el segundo; y dos pruebas, las veladas literarias en la casa de un torturador, y las clases de marxismo que el cura da a la Junta de gobierno.

Los personajes reales aparecen apenas modificados en el Nocturno, de manera que son a la vez reconocibles y aún más ellos mismos, si cabe. Lo que consigue la literatura, la buena. El cura crítico literario probablemente no es tal como el Nocturno lo describe, pero el boceto es más que suficiente para dar con el personaje. También los demás: el crítico decano, Alone en la realidad, Farewell en la novela; la escritora en cuya casa se tortura, María Canales.

La gracia de los nombres. El fundo de Farewell, donde Urrutia Lacroix vive su iniciación, se llama Là-bas. Los halcones que ciertos párrocos usan en Europa para espantar a las palomas que arruinan los frontispicios de sus iglesias se llaman Turco, Otelo y Ta Gueule.

La novela contenía al momento de ser escrita un interrogación palpitante: ¿qué iría a decir de ella el crítico convertido en personaje? La interrogación se mantiene entera para el lector: ¿qué habrá dicho de ella Urrutia Lacroix? ¿Se precipitó a leerla y decidió no dedicarle ni media pica? (Rodrigo Lira contaba en picas, esa vieja unidad tipográfica, el poco caso que le hacían los críticos literarios). Un hombre es responsable de sus palabras, se adelanta a decir Bolaño, pero es sobre todo responsable de sus silencios. Atención a lo que callas, a lo que calla el crítico personaje sobre el personaje crítico.

(No conozco otro caso de crítico convertido en personaje y su posterior reacción. Lectores habrán más sabidos que nos lo cuenten.)

Decía que el Nocturno es la novela de la dictadura. No sólo porque aparezca en ella en pleno la Junta de gobierno que bombardeó La Moneda, obsesionados como estaban por instruirse en la ideología del enemigo, el marxismo leninismo (Bolaño delinea con guasa la obsesión de los generalotes por la persona de Marta Harnecker, vulgarizadora local del marxismo). De los cuatro del Golpe, Pinochet es el que sale mejor parado de sus encuentros con Urrutia Lacroix. O será que los otros tres eran peores aún. Más ceporros, más cerriles. 

R

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lundi 12 novembre 2012

Los de Harss

Hace quinientos años un europeo descubrió el océano Pacífico, hoy es martes 13 y hace cincuenta otros rebuscadores redescubrieron la literatura sudamericana y a lo que encontraron lo llamaron boom. Bastante tinta correrá por estos días a cuenta de esta conmemoración, no habrá mucho que agregar. Sólo que he leído una entrevista de Tomás Eloy Martínez a Luis Harss, quien escribió por ese entonces un libro que se llamó Los Nuestros, un hito en la materia. La entrevista en cuestión es de 2008 y las opiniones de Haars no tienen desperdicio. Quien quiera leer la entrevista completa puede pulsar el enlace. Quien no, puede contentarse con estos recortes que trazan unos perfiles impagables de las figuras del boom.

¿Carpentier?

No me gustó cuando lo conocí. Era untuoso, rimbombante. Me pareció un oportunista encabalgado en la montura de la revolución cubana. Un tipo muy pretencioso, pero erudito, musicólogo, historiador, un típico intelectual latinoamericano con aspiración a la trascendencia universal.

¿Asturias?

Era un viejo farsante, y lo digo con cariño y admiración. Daba a entender que tenía un inconsciente maya, o maya quiché ¿no?, que reflejaba en su obra el inconsciente colectivo de los indios. Era una fantasía, porque se trataba de un surrealismo adaptado a la ansiedad literaria por explotar esa mitología indígena. 

¿Donoso?

Siempre me pareció que Donoso era muy torpe como escritor. Soy -es una cosa mía- muy sensible a la gente que tiene habilidad para hacer no sólo algo que importa sino para manejar bien el idioma. Cuando llegué a Donoso me pareció un autor de lengua muy trabada. No se entendía bien lo que decía, sus frases eran dificultosas, luchaba y perdía sus batallas con el idioma. Me pareció ambicioso y mediocre.

¿Cabrera Infante?

Abrumador. De cada palabra sacaba ríos de sonidos iguales, nuevos sentidos y contrasentidos. Jamás descansaba. El único alivio era tener cerca a Miriam Gómez, su esposa, una mujer extraña y encantadora que había dejado su carrera de actriz en Cuba por él.

F

¿Felisberto Hernández?

Escribía con el piano. Como había sido acompañante de películas mudas, me parece que todos los libros de Felisberto -hechos de misteriosas imágenes casi de sueño- son los de un tipo que está escribiendo al piano. En la pantalla de sus historias se proyectan las imágenes de lo que él va viendo mientras toca el piano. Felisberto no tenía cantidad ni variedad, pero tenía calidad: pocas cosas, muy intensas, muy lindas. Te podés llegar a enamorar de un escritor así sin necesariamente engañarte.

¿Onetti?

Para mí La vida breve, su gran novela [1950], es el eje de la literatura narrativa del Río de la Plata. En ella se tocan y se encuentran Roberto Arlt y Cortázar.

¿Sabato? 

Como novelista, me parecía de un dramatismo banal y estereotipado. En cambio leía con gusto sus ensayos.

¿Lezama Lima?

Cortázar lo puso de moda. A mí no me impresionó. Hay que decir que la primera edición de Paradiso fue muy confusa, casi ilegible. Y ya nunca le tomé el gusto. Me encontré con una prosa libresca y farragosa, como de un adolescente onanista atragantado de lecturas. Una especie de ostentación tropical, afiebrada, de cultura. En eso se parecía a Carpentier.

¿Arguedas?

Arguedas nunca salió de la sombra, fue un escritor tan perdido en su vida, tan desamparado, como si traducir su mundo en palabras lo perdiera.

¿Vargas Llosa?

Vargas Llosa es un escritor apasionado, aunque algo mecánico a veces.

¿Cortázar?

Era un tipo muy distante, de una cortesía muy de un empleado de las Naciones Unidas -de la Unesco, como él era. Es decir, no era un tipo que había soltado el ovillo como se supone que ocurrió después. Gran parte de sus lucubraciones eran mentales, libertades y pesadillas mentales.

¿García Márquez?

Un tipo simpatiquísimo. Muy campechano, buen conversador, con una especie de gracia infusa y un aura angelical.

¿Bolaño?

Tiene un enorme talento pero es algo monocorde. Casi todo lo resuelve con monólogos, algo semejante a lo que en el jazz se llaman riffes, arranques, improvisaciones. Igual que Felisberto Hernández, cuando advierte que hizo algo bien, lo vuelve a hacer. Pero es muy extraño cómo Bolaño maneja la ambigüedad entre crimen, impostura y poesía. Los detectives salvajes (1998) es una sinfonía de voces que alcanza una poesía infernal.

lundi 12 mai 2008

¿Chileno?

'¿Bolaño es chileno? Tan chileno como Matta', se pregunta y se responde Marcelo Lillo, revelación literaria 2008, según El Mercurio de ayer 11 de mayo.

La férrea provincia: sólo son chilenos los que se me parecen.

__________

Los periódicos pierden lectores y credibilidad. Hoy, sin embargo, los diarios traen dos líneas reconfortantes:

Tom Wolfe: 'Tres cuartos de las noticias que vemos por TV surge de los diarios'.

Nicolas Sarkozy: 'La prensa no me ayuda. En un país en el que no hay oposición, la prensa se atribuye esta función'.

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mercredi 11 avril 2007

Las víctimas de la espera

Vicente Montañés

matadero_palma

Nadie hasta hoy, que yo sepa, ha sido sorprendido leyendo, en un paradero de buses cualquiera de Santiago, las circulares y condenadas páginas de Zama, novela alucinante que su autor ―el argentino Antonio Di Benedetto― dedicó con exasperación literal “a las víctimas de la espera”. Nadie hasta hoy, pero bien podrían los transeúntes y pasajeros que aguardan de pie, con un humor de perros sin hueso, buscar consuelo en esta narración ambientada, entre 1790 y 1799, en Asunción del Paraguay. Su protagonista es don Diego de Zama, un funcionario criollo de la Corona española, personaje a la vez paciente e impaciente, altivo y obseso, destinado a enloquecer paulatinamente mientras aguarda ―también él― una nave que lo saque de esa ciudad colonial y tediosa, hundida en sí misma.

Todos los días otea el horizonte del río, anhelando ver el barco que, a través de una orden del Virrey, debería llevarlo a Buenos Aires (pretende luego viajar a Santiago de Chile, pobre hombre). Piensa liberarse así de ese villorrio soñoliento, pero ese barco no llega, y en el río Zama se distrae mirando un mono muerto que flota y parece, como él, estar “yéndose y no”. Por las noches vacila entre el adulterio y la fiebre. La cópula con jóvenes mestizas en descampado es una forma de ahogar otras fascinaciones inconducentes, pálidos escotes de salón que no se dejan abrir y además tienen marido.

Asunción, en esta novela, parece una ciudad demorada sin remedio, adormecida, un fin de mundo olvidado en el corazón del continente. Santiago de Chile, en pleno año 2007, es una urbe histérica, envalentonada en una velocidad mentirosa, empeñada en destruir la escuálida belleza arquitectónica que le va quedando para convertirse en un hervidero de edificios y bombas de bencina. Los buses, ya se sabe: la mala idea del borrón y cuenta nueva ha significado poner la carreta de la impaciencia o el arribismo intelectual delante de los bueyes de la inteligencia. Bueyes, sí, porque una inteligencia colectiva ―como la que planifica un sistema de transporte urbano― tendría que avanzar paso a paso, apoyándose en lo que ya existe, evolucionando por etapas hacia la meta del deseo.

Pero Zama, el funcionario colonial, es apenas un individuo, y por lo tanto puede permitirse derivar hacia la locura, adentrándose en la desesperada marginalidad que le reserva su autor. De éste, Antonio Di Benedetto, digamos que nació en Mendoza en 1922 y que hoy está muerto. La dictadura argentina lo arrojó a un exilio melancólico en España (fue allí donde Roberto Bolaño lo recreó, como personaje de su cuento Sensini) y, más tarde, no sobrevivió al regreso, o no por mucho tiempo. Su personaje, el narrador y protagonista de Zama, se expresa con un paradójico, espectacular barroquismo de frases cortas y certeras, mientras acelera sus desvaríos sexuales y sus alucinados razonamientos de esperador, su rencor burocrático, su envidiosa añoranza de otros puertos. Lo hace con gracia y delicadeza, como si la aniquilación mental pudiese ser, también para nosotros ―que leemos su aventura―, una fruta mística de implacable y dulcísimo sabor.

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mercredi 14 juin 2006

Cazadores de cabelleras

Un escritor pobre y joven corresponde desde Gerona con un escritor pobre y viejo que vive en Madrid. El viejo es argentino. El joven, el que cuenta la historia, nació en Chile. En las primeras cartas intercambian datos sobre certámenes literarios de provincia, cuyos premios les pueden proporcionar unas cuantas pesetas para ir tirando (estamos en los años setenta). El viejo no duda en mandar un mismo cuento a varios concursos diferentes, cambiando solamente el título : Así, el cuento Al amanecer postula como Los gauchos, En la otra pampa y Sin remordimientos en cuatro concursos diferentes y gana en el segundo y en el último.

Las cartas se suceden y van haciéndose más personales en la medida en que el joven lee las novelas y los relatos del viejo publicados en editoriales argentinas y españolas desaparecidas. “Terminé contándole mi historia por capítulos”, cuenta el narrador, “siempre que hablo con argentinos termino enzarzándome con el tango y el laberinto, les sucede a muchos chilenos”. Luis Antonio Sensini, que así se llama el escritor argentino, le cuenta, por su parte, que vive en un barrio desangelado de Madrid, en un piso de dos habitaciones más sala comedor, donde escribe, de noche, “cuando la señora y la nena ya están dormidas”.

En la última carta enviada por Sensini antes de regresar a morir a Argentina, le hace llegar una foto suya con su familia, su mujer y la nena, Miranda, “una adolescente de pelo liso, delgada y alta, con los pechos muy grandes”. Sensini había huido de Argentina unos años antes. Menos suerte tuvo su hijo, Gregorio, desaparecido por la dictadura.

Tras la muerte de Sensini en Buenos Aires, el relato se cierra con la visita de Miranda a la casa del narrador en Gerona. Este se disculpa por haber importunado a su padre con sus cartas. “Qué va”, dice Miranda, “tus cartas eran divertidísimas, mi madre incluso os puso un nombre a mi padre y a ti, os llamaba los pistoleros, o los cazarrecompensas, ya no me acuerdo, algo así, los cazadores de cabelleras”.

Sensini es el primero de los catorce relatos de Llamadas telefónicas, de Roberto Bolaño, publicado en 1997. El libro tiene un epígrafe de Chéjov : "¿Quién puede comprender mi terror mejor que usted?". El Sensini del relato tiene muchas trazas de ser un escritor argentino, mendocino para más señas, que publicó El cariño de los tontos y Zama, una novela considerada por algunos magistral (su biografía está en la Wikipedia en inglés pero no en español) y de quien Borges dijo que escribió “páginas esenciales que me han emocionado”.

Roberto Bolaño nació en Chile en 1953  y vivió en México y en España, donde murió en 2003, a los cincuenta años, tras haber publicado varios libros espléndidos, entre los cuales destaca Los detectives salvajes, seguramente una de las mejores novelas publicadas en español en los últimos años. ¿Qué hace un chileno como usted en la costa gerundense?, le preguntó un periodista en 2001. Esta fue la respuesta de Bolaño : “Me gusta este lugar. Supongo que si viviera en otro sitio, también acabaría acostumbrándome a él y viviendo más o menos feliz. Mi familia paterna, por otra parte, es una familia de emigrantes, mi abuelo era gallego y mi abuela catalana. Mi padre, que nació en Chile, se ha convertido en un mexicano. Mi familia o parte de ella es de clase obrera, y la clase obrera sólo necesita un pequeño empujoncito para dejar de creer en la patria, que es un invento burgués, y cuando digo burgués estoy pensando tanto en la burguesía francesa como en la burguesía soviética o la burguesía china. Por otra parte tengo que aceptar que estoy casi siempre en contra de la mayoría y la patria es el lugar en donde la mayoría (los compatriotas) impone con mayor persuasión sus dogmas y sus castigos y sus premios. Jamás me he sentido un exiliado en España, como tampoco me sentí un exiliado en México, ni en Centroamérica, ni en ningún otro lugar en donde se hablara español”.

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