samedi 21 septembre 2019

Olor a pobre

He llevado el vicio por el cine coreano al extremo de ir al cine a ver Parásitos.

En Corea, dónde si no, una familia de pobres consigue incrustarse en una casa de ricos en calidad de sirvientes, cómo si no, y adueñarse ilusoriamente durante un sarao de la posición de los patrones. Un sarao que terminará mal. Como en «Las sirvientas» de Genet, en más a lo bestia. Es verdad que historias de pobres parasitando el lugar de los ricos hay muchas, de La Cenicienta adelante... En este caso, la picaresca del pobre buscándose la vida se convierte pronto en una espiral mimética con final paroxístico. Porque Parasite comienza como comedia y acaba en tragedia a punta de golpes de efecto y de utilización a destajo del suspense para dar paso a la catarsis final.

El hijo pobre convertido en profesor de la hija rica gracias a una superchería le toma el pulso cuando ésta pierde pie en un examen y le dice que ha fallado una respuesta porque ha dejado escapar el ritmo. Solo se aprueba en la vida gracias a un ritmo sostenido. Así también con la película y su guión supervitaminado. La exigencia de mantener al espectador con el aliento cortado la cumple tan ampliamente que la cumple un poco demasiado.

Tanto como el favoritismo de Bong Joon Ho por los pobres es acusado. La capacidad de adaptación de éstos es más darwiniana que la del camaleón —son más listos que el hambre— y sus defectos los hacen ser entrañables. Visto así, no se entiende por qué son tan pobres. Los ricos en cambio son lelos y neuróticos, por lo que caen redondos en las trampas que les tienden los pobres. Será porque se enamoriscan de ellos igual como hacemos los espectadores. Hay un único problema que llevará la historia por mal camino: el viejo pobre apesta. Apesta a pobre.

Es la primera Palma de oro coreana. Vendrán otras.

EEA2k29WkAA2OSd

Posté par Josepepe à 11:46 - Commentaires [0] - Permalien [#]
Tags : ,