mercredi 28 décembre 2016

Una imagen de cine antes del cine

El Reino, 7

A pesar de la profusión de imágenes sacras y en particular sacadas de los evangelios, a pesar del impulso que dio a la iconofilia cristiana la contrarreforma, no todas las escenas de los evangelios están representadas en la pintura, viene a decir Carrère, que echa de menos alguna tela sobre la circuncisión de Timoteo a manos de Pablo, o el exorcismo de la pitonisa, también por Pablo, o la conversión del carcelero de Filipas. Ni un puto pompeux pintó a los tesalonicences velando a sus primeros muertos, convencidos de su resurrección inminente, o la primera letra dictada por Pablo a Timoteo —apunta.

Al otro extremo, unas pocas líneas en sólo uno de los cuatro evangelios han provocado un atasco de imágenes. Es el caso de los masacre de los inocentes y también de los magos que llegan a Belén siguiendo una estrella. De los magos diremos algo el día de la Epifanía, si todo va bien, y de los Inocentes lo decimos hoy, porque toca.

Como se sabe, temiendo el anunciado nacimiento del Mesías, Herodes ordenó la masacre de todos los niños varones menores de dos años, los Santos Inocentes. Unas pocas líneas en el evangelio de Mateo no convencieron a Voltaire ni a muchos historiadores, pero sí entusiasmaron a grandes pintores. Se dice incluso que el Guernica de Picasso le debe mucho a la representación de esta masacre. El Bosco, Bruegel, Reni, Rubens, Poussin, la lista es larga, pintaron imágenes que muestran la violencia ejercida contra los inocentes y la fascinación que ésta provoca. En 1824, Léon Cogniet, por su parte, cambió la perspectiva y no enfocó a los verdugos sino a una madre protegiendo a su hijo, en una imagen de cine antes del cine.

massacre-innocents

Massacre_of_the_Innocents_(Cogniet)

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Los Inocentes son más imagen que texto. Lo anterior lo escribí más o menos así en Twitter. «Ahora di algo sobre la película de Delibes y lo petas», me retó una lectora. Milana bonita, respondí.

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Otros inocentes: En la nouvelle de Valery Larbaud Fermina Márquez, el entrañable Lenoit consigue llevar a la protagonista hasta el dormitorio del internado donde él estudia. Al entrar, viendo el crucifijo que preside el austero lugar, Fermina se persigna.

«Esta es mi cama», dice el muchacho, sintiendo que se ruboriza y odiándose por ello. «Una cama estrecha y dura», añade. Fermina indica por su parte el crucifijo y responde: «Piense que la cruz era un lecho aun más estrecho y duro».

La estupefacción del muchacho es total. La presencia de la chica en el dormitorio es para él una circunstancia cargada de erotismo y lo último que habría esperado es que en ese momento ella se dejase llevar por la pasión mística.

Si hubiese sobrevivido a la Gran Guerra, Lenoit habría aprendido que misticismo y erotismo pueden ir de la mano.

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No se me escapa que la relación entre esto último y El Reino puede resultar peregrina. Qué remedio. Sólo escribo en este blog y la lectura de Larbaud se ha convertido en mi afición de fin de año. En alguna parte tenía que contar el placer que siento leyéndolo.


lundi 21 juillet 2014

La vejez no es para cobardes

Temporada de cine en Maeterlinck.

Ilo Ilo, de Anthony Chen. Una familia china en Singapur aloja a una criada filipina. ¿Por qué vía se enteraría uno de la vida en Singapur? A pesar del desarrollo, parece incómoda la vida de la gente en aquella isla, al menos de la gente sobreexigida que aparece en la pantalla. No parece soplar aire por allí, salvo en el cementerio, adonde la familia lleva, a la tumba del abuelo, un pollo cocinado que habían criado en el balcón. 

En Quartet, de Dustin Hoffman, la historia transcurre en una casa de reposo para músicos jubilados en la campiña inglesa. Se trata de una comedia bien llevada, con el atractivo añadido de la música y el bel canto. A la divisa de esos divos seniles supongo que tendré que referirme a menudo en el futuro, si lo hay: la vejez no es para cobardes.

De la Kermesse heroïque, de Jacques Feyder, un clásico del cine francés de los años treinta, cuya historia se sitúa en Flandes durante la ocupación española, creía recordar que a los españoles los pintaban propiamente como a unos salvajes. Y ni tanto así. Son los hombres, en general, y los flamencos de Boom, en particular, quienes quedan como chalecos de mono (salvo el joven Bruegel, que anda en la luna). Las mujeres, en cambio, resultan ser valientes y emprendedoras. Emprendedorazas.

Lo mejor, con todo, asoma por la pantalla grande. Boyhood, de Richard Linklater, me atrapa por el título (el coetzismo) y me retiene por las formas: un crío actor filmado durante doce años, desde los seis hasta los 18. Salgo de la sala pensando que los yanquis son como todo el mundo, marcianos.

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mardi 12 février 2013

Entre el carnaval y la cuaresma

CC

Como en la Bruselas de antaño, la de Bruegel padre e hijo, a esta hora se disputan la calle el martes de carnaval y el miércoles de ceniza. El carnaval avanza por la izquierda, alegre y envalentonado, con la panza llena y la maneras sueltas. La cuaresma lo hace desde la derecha, con recogimiento crispado y su tono cerúleo. Entre la taberna, a siniestra, y la iglesia, a diestra, se acaba el carnaval y comienza la cuaresma. Aunque, si se fijan bien, los dos cortejos sólo se disputan el primer plano. Atrás, la vida sigue como siempre, como puede, a medio camino entre la alegría y la tristeza.

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jeudi 3 janvier 2013

La flor del avellano

El año comienza el dos de enero. El día primero es un intervalo, como el solsticio, antes de que gane nuevamente la luz, que comienza a aumentar a partir de esta mañana. Ayer, en la autopista, vimos por fin los candelabros de los avellanos, las candelillas, la avanzadilla de la primavera, la primera prueba de que llegará.

Ayer también, mirando a la virgen de la barca en el Sablon de Bruselas, aprendimos una nueva palabra, el ommegang, la procesión, el ir y venir. Comienza así un nuevo ir y venir, otro ommegang en la ya larga cuenta de los años. En el Sablon también, y como el primer miércoles del mes el museo es de los impecunes, pasamos a saludar al viejo Bruegel.

La luz, decía. La luz que está de vuelta y es silencio y, como quiere Jordá, está sobre los húmedos labios de la niña que duerme en esa cuna de madera.

NDS

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lundi 29 octobre 2012

La macacaria

(Diario de Madera, y 10)

Último elogio al Jardín de Monte, esta vez a su colección de azulejos.

La azulejería, como se sabe, arte hispano-morisco puesto al servicio de la decoración y la ilustración, se expandió por la península y el Mediterráneo adoptando también los nombres de alicatado y mayólica. La colección del Jardín de Monte cubre seis siglos de azulejos portugueses, conteniendo las tradiciones geométricas, vegetalistas y figurativas.

Se dice que los árabes combatían el horror vacui saturando de formas los interiores de sus edificaciones. Cuando niño la contemplación de los baldosas de los corredores de las casas, que imitan esos patrones geométricos, podía llegar a marearme. En Monte la coleccion está al aire libre y no se marea uno. Los museos, como las baldosas de los pasillos, son mareadores. El Jardín de Monte no, además porque las plantas emiten oxígeno (creo).

Sobresale un panel del s XVII, la Macacaria. Una ciudad poblada por animales, macacos mayormente. Sólo un personaje tiene trazas humanas, el Rey, que está al centro de la imagen y parece estar acogotando a un soldado. Los demás, la nobleza, el clero, el ejército y el pueblo son todos micos, o por ahí. La interpretación canónica es que el panel ridiculiza, por la vía de lo grotesco, la ocupación española y sus valedores. Tal vez. Está datado en la época del Portugal español, en efecto.

Es imposible ver un mono y no mirarlo. Y la mejor manera de apuntar con el dedo una conducta humana es animalizarla. Así, la macacaria funciona independientemente de su referente -lo propio del arte, por lo demás-, a la manera de los proverbios flamencos de Bruegel. Cualquier época es un tiempo de macacos cubriendo a medias sus vergüenzas y dejando ver la principal.

La firma está en el quinto azulejo, abajo por la izquierda, y un animal la está meando encima. La lucidez del autor es elocuente.

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mardi 1 mars 2011

Pintura flamenca

Voy leyendo Pero sucede, antología poética de Eduardo Jordá. Por los días en que me lo envió Montano, Bélgica estaba bajo la nieve y las pisadas del cartero dejaban huella.

Hay poemas estupendos en el libro, en particular los de pájaros, El tordo, El mirlo. Los últimos días de Montaigne, también. Leyendo Pintura flamenca, creí reconocer una pintura de Jordaens. Pero es probable que el poema no hable de un cuadro, sino de varios:

Pintura flamenca

Mientras el rey bebe, la reina
le cambia los pañales a su hijo.
Sobre el estanque helado, la urraca
vuela alegre, y un viejo
agoniza en la choza, bajo un álamo.
Listo sobre el mantel de terciopelo,
hay un plato de arenque
(que brilla aunque ya está medio podrido).
La vieja gobernanta ríe bajo su cofia,
que no oculta su mueca de codicia.
El perro amaestrado
levanta las dos patas en la iglesia
empapada de luz aguamarina.

Sólo los maestros flamencos
pintaron el aliento fétido de un duque,
la mirada lasciva de un sirviente,
los pechos rebosantes de una virgen dormida.
Supieron que la luz era silencio.
Y atraparon la luz
con sumiso fervor,
tal como perseguían a una joven,
porque todos supieron ser silencio,
y le dieron color y forma, y hasta un aroma
a peltre y a baldosas limpias
y a flores casi mustias.

En los húmedos labios de la niña
que duerme en esa cuna de madera,
fíjate bien, la luz se ha convertido
en una tenue aurora boreal.

 

Pintar el aliento fétido de un duque y la mirada lasciva de un sirviente, voilà le morceau de bravoure de los maestros flamencos.

Según Eco, cuando un texto verbal describe una obra de arte visual estamos delante de un écfrasis, figura que inauguró Homero describiendo el escudo de Aquiles.

Para écfrasis, el de Auden y su poema Musée des Beaux Arts, escrito en Bruselas en la víspera de la Guerra del 40, frente al Paisaje con la caída de Ícaro, de Bruegel. (Abajo, el fragmento final, traducido por Manuel Sáenz).

I

El Ícaro de Bruegel, por ejemplo: todo se aleja
pausadamente del desastre; el labriego con su reja
pudo oír el chapuzón, el grito desolado,
pero para él no era importante; el sol brillaba
sobre unas piernas blancas que se hundían
en agua verde, y desde el costoso barco delicado veían
lo prodigioso: un chico del cielo defenestrado;
pero el barco seguía su rumbo y con calma navegaba.

 

La imagen de Bruegel contiene a sus espectadores en la propia escena. Pero el caso es que esos espectadores desvían la mirada del corazón de la situación, que pasa así inadvertida para ellos, reforzando, por contraste, su dramatismo: todo se aleja pausadamente del desastre.

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Ecfrasis de William Carlos William

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Ecfrasis de Fernandes Jorge

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jeudi 22 novembre 2007

La madre patria y el resto de la parentela

'Allí donde estés bien, allí está tu patria'. O bien, como decía mi tía: 'Yo soy de donde mis hijos coman'. 

Polenta

Bruegel, El plato de polenta

« Ubi bene, ubi patria », dice el adagio atribuido a Erasmo de Rótterdam. Le pido a mi tío Pepe que lo traduzca: 'Allí donde estés bien, allí está tu patria'. Añade que la misma idea la volcaba su madre (mi tía abuela) en esta frase: 'Yo soy de donde mis hijos coman'. Todo esto vino a cuento porque estábamos viendo el partido amistoso entre Francia y Marruecos el viernes pasado. Miles de personas desafiando los dos grados bajo cero que hacían a esa hora en París, todas a una silbando copiosamente la Marsellesa y alentando durante noventa minutos la camiseta rojiverde del equipo marroquí. ¡Menos mal que era un partido amistoso! Probablemente, sólo una minoría de esos hinchas de Marruecos nació en el Magreb, en las antiguas posesiones coloniales francesas. La mayoría son ciudadanos franceses desde su nacimiento e, incluso, en algunos casos, ya lo eran sus padres. Y, sin embargo, a la hora de elegir bando, al menos en el marco ritualmente festivo de un estadio de fútbol, sea por provocación, sea por convicción, sea por ambas razones, prefieren vitorear a la patria de sus abuelos y mentarle la parentela a la república donde se alojan.

Dos días más tarde, el domingo, en la vecina Bélgica, no eran tantos pero sí eran miles los que desafiaban la misma temperatura desfilando con banderas belgas y cantando la Brabanzona: Le roi, la loi, la liberté. Como se sabe, Bélgica se encuentra sumida en una de las periódicas crisis que preceden una reforma de sus instituciones. Casi seis meses después de las elecciones de junio, las fuerzas políticas no consiguen ponerse de acuerdo en un programa común y formar gobierno. Las piedras de toque son varias pero la principal corre por cuenta de la situación de los francohablantes de las comunas flamencas que rodean la capital, Bruselas.

Bélgica es un país compuesto. O bien, como el chicle, son dos países en uno. Su larga marcha al federalismo ha llevado a las instituciones a unos extremos de complejidad que hacen complejísima también cualquier reforma pactada. Lo que en los años setenta resolvían un gobierno y un parlamento, ahora es competencia de seis gobiernos y ocho cámaras parlamentarias. Como cereza sobre esta torta barroca se sitúa Bruselas, ciudad políglota pero mayoritariamente francófona, sede de las instituciones europeas y polo de atracción económico y cultural, lo que ha llevado a miles de francohablantes a vivir en sus comunas periféricas, situadas en tierra flamenca. Hoy las instituciones flamencas quisieran ver aumentadas sus competencias al punto de poder imponer a estos habitantes el flamenco como lengua de comunicación. Obligarlos a que estudien, a que paguen los impuestos, a que voten en flamenco. El conflicto es un caso típico del enfrentamiento entre la lógica institucional y los intereses de los ciudadanos. Nada nuevo bajo el escaso y remoto sol de Bélgica y, si bien es cierto que ésta ha sido la más larga crisis de la historia política de Bélgica, hay que alegrarse de que la sangre no llegue a los canales. La crisis se resolverá, como todas las anteriores, reformando las instituciones en la dirección de la coexistencia precaria de dos países en uno.

« No necesitamos banderas », cantaban Los Prisioneros hace un cuarto de siglo. Tal vez sea verdad, pero lo cierto es que las sacamos a pasear a menudo. Dan ganas de adelantarse en el tiempo otro cuarto de siglo y leer en el diario que se publicará entonces la crónica que dé cuenta del ambiente de un partido entre Perú y Chile en Santiago (o entre Ecuador y España en Madrid). A ver a qué selección alentarán los descendientes de los ecuatorianos de Madrid y de los peruanos de Santiago. A ver de qué lado se les vuelca el corazón partío. Vivir para ver.

El partido amistoso entre Marruecos y Francia terminó emparejado a dos tantos. Un resultado justo, como diría el admirado Jota Eme.


logocl 22 de noviembre de 2007 PDF

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