vendredi 16 octobre 2009

El Planeta

El planeta va mal, ya desde los tiempos de Mafalda, pero el Planeta va regio y premia con 600 mil, el triple del patrimonio personal del Presidente del Gobierno español. La ganadora de este año, Ángeles Caso, es asturiana, y la protagonista de la novela, Contra el viento, es caboverdiana. Doble razón para leerla, al menos hasta dar con la respuesta: caboverdiana, sí, pero ¿de Sotovento o de Barlovento?

Posté par Josepepe à 10:54 - Commentaires [0] - Permalien [#]
Tags : ,


lundi 12 mars 2007

Historias de cibercafé

Alegría caboverdiana. Al atardecer, después de un largo día sin electricidad, vuelve la luz, se ilumina el Bahia, se instalan los parroquianos a beberse unas cervezas y desde uno de los ordenadores súbitamente iluminados alguien envía este mensaje.

En el ordenador contiguo una mujer lo intenta pero no lo logra. Quiere responder a un mensaje pero no da con las teclas. Comienza preguntando cuál es la tecla de la arroba y acaba confesando que tiene un problema. Quiere emigrar a Portugal y no la dejan. Me niegan la matrícula y yo tengo todos los requisitos. El único problema es que no sé usar este jodido teclado. Ayúdeme a escribir esta carta a la Universidad de Minho y todo se arreglará. Ilustrísimo señor profesor:

En otro extremo del archipiélago, en Mindelo, los mozos  juegan uril sobre el mostrador, moviendo con destreza las piezas por los doce cuencos, mientras cuentan mentalemente. Las cuentas son semillas de uril. La madera del banco es de uril. También puede jugarse uril desde el ordenador del Bahia si vuelve la luz, pero a quién se le ocurre.

A dos pasos de allí, en el restorán, el cocinero cierra la cocina y se dispone a beberse el primer cuba libre del día. Llega un forastero desde Santiago. El cocinero cambia de opinión, está dispuesto a reabrir la cocina e insiste en que no sólo puede sino que quiere preparar cualquiera de los platos de la minuta. Salmón, pulpo, cachupa. El forastero acaba tomándose unos huevos duros. Está con prisa, dice, tiene que trabajar. Dice que volverá cuando tenga tiempo. El cocinero saborea el primer cuba libre del día y se ríe para sus adentros: el forastero dice que volverá cuando tenga tiempo.

En Santo Antão, entre Paúl y Sinagoga, el conductor de la combi recibe una piedra que ha rodado ladera abajo y le descoyunta el brazo. El mismo no sabe cómo consigue detener la combi y llegar al hospital sin desvanecerse. En Sinagoga vive ahora muy poca gente. Los judíos, que dieron nombre al lugar, emigraron lejos. Emigrar, emigrar, siempre se emigra lejos.

La ciudad se queda otra vez a oscuras. El mensaje queda trunco. Continuará. Comienza otro largo día sin electricidad.

Praia

Posté par Josepepe à 15:44 - - Commentaires [0] - Permalien [#]
Tags : ,

mardi 18 juillet 2006

Ligero de equipaje

Aeropuerto de Dakar, sábado por la tarde, un grupo de viajeros provenientes de Praia, la capital de Cabo Verde, espera la llegada de las maletas. Son un grupo de policías italianos en misión de combate a la la inmigración clandestina, tres físicos espaciales etíopes de regreso de un coloquio en la isla de Sal, un músico gambiano de aspecto rastafari, una cooperante francesa en fin de misión en Senegal y su hijo pequeño, otro cooperante francés destacado en Mauritania, un señor elegantemente vestido, bien que calzando sandalias, gambiano también.

La correa transmisora se echa a andar afanosa y ruidosamente y tras unos largos minutos deja asomar una única y reluciente maleta amarilla. El niño francés da un salto de alegría al reconocerla, su madre la carga en un carricoche, se despide con un gesto del resto de los pasajeros y se aleja del aeropuerto de la mano del niño. La correa transmisora se queda desesperantemente vacía y los pasajeros no tienen más remedio que guardar una larga espera. Al cabo de una eterna hora aparece un funcionario senegalés quien les indica con la mano un lugar que parecería ser aquél en que se encuentran las maletas demoradas pero que acaba por ser el mostrador donde se constata la pérdida del equipaje.

Según los funcionarios senegaleses esta situación ocurre con relativa frecuencia porque los aviones de la compañía caboverdiana que vuelan hasta Dakar son pequeños y cualquier sobrepeso lo compensan dejando una parte del equipaje sin embarcar. Los poliziotti no aceptan esta versión, uno de ellos asegura haber visto su maleta en el avión. Después de largos tiras y aflojas verbales, los pasajeros aligerados de equipaje obtienen un papel que constata la irregularidad pero se cuida de señalar que el documento no constituye el reconcimiento de la responsabilidad por parte del transportista.

Las valijas serán depositadas en los días venideros en los aeropuertos de destino final de los pasajeros, Milán, Bruselas, Adis Abeba, Nouakchot o Banjul, afirman los funcionarios. A la pregunta de saber qué hacer si esto no ocurriese, el funcionario senegalés sugiere que, ante esa eventualidad remotísima, los pasajeros deberían escribir, pasado un tiempo prudencial, a la compañía aérea transportadora para reclamar una indemnización, en estos términos: "Habiendo llegado al aeropuerto internacional de Dakar y a mi gran sorpresa encontrarme desprovisto de equipaje...".

Quédense tranquilos, concluye. De ocurrir esta situación en un aeropuerto europeo, ustedes lo estarían. Acuérdense de mis palabras.  Y de las suyas.

Ante estas afirmaciones el abanico de actitudes de los pasajeros es amplio. Abiertamente beligerante en el caso de los policías italianos, taciturna la del cooperante francés, neutra la de los científicos etíopes, dicharachera en el caso del músico gambiano, quien a pesar de haber perdido ya la combinación aérea hacia Banjul no cesa de reír y de hacer bromas con los senegaleses. El elegante señor de las sandalias, por su parte, permanece ajeno a todo este trasiego y se mantiene  impertérrito a la espera de su maleta junto a la correa transmisora vacía y detenida.

Cuando cuarenta horas más tarde uno de los pasajeros recupera su maleta en el aeropuerto de Bruselas, se dice que la próxima vez que vuelva a llenar una valija se preguntará si es capaz de separarse de los objetos que está metiendo dentro, si consigue sobrellevar la idea que estos pueden partir en la dirección contraria o incluso no partir en ninguna dirección.

También mira su equipaje con otros ojos. La vieja maleta perdida y recuperada le trae a la memoria las palabras del funcionario senegalés. Y las suyas. Les pasa revista, a unas y otras. Y se siente contento de no tener que lamentar su maleta. Ni sus palabras.

DSCN3138

 

Posté par Josepepe à 14:46 - Commentaires [1] - Permalien [#]
Tags :

jeudi 13 juillet 2006

El zancudo

Enciendo la luz e intento localizarlo. Se trata de un zancudo pequeño y movedizo que aparece y desaparece a su antojo. No hay manera de acabar con sus días. También es verdad que no estoy completamente despierto, lo que no quiere decir que esté soñando. Busco una crema que compré en el penúltimo país en que me picó un zancudo, que fue Marruecos. El tubo está escrito en árabe pero se entiende que la pomada sirve pero no mucho.

También se entiende que estoy entre los trópicos. En Cabo Verde, sin ir más lejos. Los viajes se han convertido en una experiencia sensorialmente pobre: poco espacio y mala comida en los aviones, estrés en los aeropuertos. Las ciudades son sucias y ruidosas. Y por la noche pican los zancudos. En Chile dirían : Sóbate pa callao. Es lo que hago.

Al cabo de unas horas me descubro contando la experiencia por internet. Me salva un corte de electricidad. Donde estoy, la luz es coja y se cae a menudo. Andamos todos, como los místicos, esperando la llegada de la luz.

Por contar, cuento también de un niño que se trepa a un papayero, descuelga una papaya madura y me la regala. Sin pedir nada a cambio. De regreso a mi reducto lavo la papaya, la parto con el cortaplumas, le quito las semillas y me la como con una cuchara que me compré en un negocio chino. Está deliciosa y me deja muy buen sabor. Y una pregunta : ¿Seré capaz, alguna vez, de hacer otro tanto?

DSCN2912

Fuera, la calle está llena de comercios chinos y de mujeres vestidas a la africana con la carga en la cabeza. Más preguntas : ¿Tendrán los comerciantes chinos, que son muy jóvenes y van vestidos como futbolistas, tendrán más añoranza de su lejana tierra por estar en Cabo Verde, país de la saudade tropical?

Y la última : ¿Cómo consiguen las mujeres africanas equilibrar la pesada carga sobre sus cabezas y desplazarse durante largos trayectos sin que se vuelque ni una sola gota? Observo el procedimiento. Comienzan llevándose con las dos manos la carga a la cabeza, sobre la que llevan un pañuelo. Luego la equilibran sosteniéndola con una mano. Dos o tres pasos les bastan para alcanzar la cadencia apropiada para estabilizar la carga.

Un prodigio, como la papaya y el zancudo. Porque cuando desperté, el zancudo todavía estaba ahí.

Posté par Josepepe à 17:14 - - Commentaires [0] - Permalien [#]
Tags : ,