mardi 7 juillet 2015

No tengo miedo de la muerte pero sí de olvidarme las canciones

El Palacio de congresos de París, un centro comercial al borde del Periférico, contiguo al Bois de Boulogne, construido en 1974, es muy feo. Pero cuando me entero de que la fachada la diseñó un buen arquitecto, ya no me parece tan feo. Sobre todo ahora que ya no lo veo.

Para entrar al concierto y cubir las casi cuatro mil plazas del anfiteatro, los espectadores nos alineamos en dos filas, pares e impares, circunstancia que aprovecha para manifestarse un grupo que pide a los artistas la anulación de su concierto en Tel Aviv, previsto para fines de mes. Dentro del anfiteatro, ameniza la instalación una telonera, Chiara Civello.

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Por fin están allí. Dos añosos señores tan pequeños sobre ese enorme escenario, tan solos frente a la multitud. Comienzan los acordes, suena el contrapunto de la bossa nova de las guitarras, los matices de las voces, el tempo que parece que va a desafinar y cae siempre justo.

Es un recital de canciones. Cuento 28. De cada una podría decir algo. El punto más alto tal vez sea el memento mori de Gil cantando en voz muy baja en medio de un gran silencio: No tengo miedo de la muerte pero sí miedo de morir, la muerte es después de mí pero quien va a morir soy yo.

Otro momento así, el de Caetano cantando con el auditorio el estribillo de Terra: Por más distante que esté el errante navegante, ¿cómo podría olvidarte?

Hablando de navegantes, antes del concierto y aprovechando su proximidad dimos un paseo por el Jardín botánico, que hace apenas algo más de un siglo presentaba zoológicos humanos donde exhibían africanos, patagones, lapones y cosacos en calidad de curiosidades. Así es que como estamos en París, Gil canta Touche pas à mon pote, una canción compuesta en francés en los años ochenta, en plena ola de antiracismo, y que contiene uno de los versos más involuntariamente divertidos de la música popular:  No te metas con mi amigo. ¿Qué quiere decir eso? Quiere decir que el Ser que hizo pensar a Jean-Paul Sartre es el mismo que hace jugar a Yannick Noah.

Al final, saqué la cuenta: ellos celebran cien años de música al que aportan medio siglo cada uno. Yo debo de aportar otros tantos siglos, porque habré escuchado las primeras canciones de Caetano y Gil, Marinheiro só, Soy loco por ti América, Eu vim da Bahia en alguna radio siendo niño, y los he visto cantar luego en Salvador, en Rio, en Bruselas, tanto que también puedo decir que no tengo miedo de la muerte pero sí de olvidarme las canciones, algunas de estas canciones.

Al regreso, decidimos homenajear al amigo Montano y volvimos no por la autopista sino por los caminos del Tour, al revés de los corredores, con la luz de la luna sobre el pavés. Y entramos en Bélgica por una de esas fronteras que son tan discretas que no se hacen notar.

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Imágenes del concierto por Paul Charbit

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mercredi 11 février 2015

La marcianita

Hace un par de noches, recital de Mauricio Redolés en el paseo costero. Un centenar de veraneantes se congregan a escucharlo vocear sus canciones«¿Quién mató a Gaete? Los cuetes, el carrete, el copete». O sus versiones: como Marcianita, que escuchábamos cuando niños en la versión chilena de Los Flamingos y argentina de Billy Cafaro. 

Pues bien, a esta Marcianita la retomó Caetano en la época de los Mutantes y le arregló la letra. Sobre esa base, la versión de Gal me hace bailar de puro contentamiento.

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jeudi 20 décembre 2012

El fin del mundo

Yo también, hijo mío, cómo voy a ser menos y no decir algo sobre el asunto. Es que me he acordado de una línea de JPS que decía que mis ojos, cuando se cierren, apagarán el mundo. Y es que mañana sí que será el fin de mundo para los que mueran (de susto, de bala o vicio, otra buena fórmula, ésta de CV).

No importa cuántas veces se ha acabado ya ni cuantas se acabará todavía, lo cierto es que mañana se acabará por primera y última vez para unos cuantos. Y será la definitiva.

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Óleo de Otis Bullard

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dimanche 21 octobre 2012

La censura freudiana

(Diario de Madera, 7)

Corre el ano de 1970. Chico Buarque tiene 25 años y ha compuesto ya unas cuantas canciones que se convertirán en clásicos de la música brasilera. Dos de ellas, Samba de Orly y Valsinha, en coautoría con Vinicius de Moraes. En el caso de Valsinha, Buarque escribe la letra sobre la base de una melodía de Moraes, quien por ese entonces se encuentra en Buenos Aires grabando su famoso disco con Toquinho y Maria Creuza (un falso live, por lo demás).

De Moraes, poeta consagrado, decano en la materia, escucha la canción grabada por Chico Buarque y cree necesario mejorarla, escribiendo una nueva versión. El joven recibe la letra enmendada por el maestro y, sorprendente pero cortésmente, le responde que es mejor dejarla como está. Ya la ha cantado varias veces y la respuesta del público ha sido muy buena. 

Me entero de esta anécdota leyendo el libro de Wagner Homem História de canções de Chico Buarque. También de la letra alternativa propuesta por Vinicius, que es tan buena como la original de Chico Buarque. Alegra, sin embargo, percibir a posteriori la conciencia de la propia valía que tenía el joven Buarque, a la par que su cumplida necesidad de desmarcarse.

El libro es un regalo para los buarquistas porque se limita a contar anécdotas sobre las canciones de Buarque. Esta, por ejemplo: Dos años más tarde, en 1972, Chico Buarque compone en vivo, frente a un pequeño público, con Francis Hime al piano, Atrás da porta. La canción, un bolerón, cuenta una historia de amor tremendo desde el punto de vista de una mujer. Su amante la deja e, intentando impedírselo, la mujer se agarra de él, de donde puede, de sus cabellos, de su pijama, de sus pelos. La censura veta este último verso, algo común tratándose de las letras de Buarque. Y las censuras iberoamericanas, ya se sabe, son propiamente freudianas. En el concierto que da ese mismo año en el teatro Castro Alves de Salvador de Bahia con Caetano Veloso, Buarque canta Atrás da porta y no se calla el verso censurado, los famosos pelos prohibidos. El productor, para que el disco del concierto pueda circular, añade unos extemporáneos aplausos para esconderlos.

Releyendo las letras buarqueanas, me doy cuenta, además, de que también por esos años el carioca escribe en un par de líneas, y en respuesta a la censura freudiana, una de las mejores Imitaciones de Propercio que se hayan intentado: Você não gosta de mim, mas sua filha gosta.

CH

Vinicius de Moraes y Chico Buarque

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jeudi 8 juillet 2010

Au Roy d'Espagne

Sobre las diez y cuarto de la noche, Caetano Veloso se despidió del público que seguía el concierto de ayer en la Ancienne Belgique de Bruselas. Y reapareció unos instantes después para avisar: España, uno a cero.

El público estalló en vivas y se echó a bailar con los bises finales del recital, tras casi dos horas de música a manos de la Banda Cê, un trío de músicos jóvenes, sobrios y exactos, que se sitúan en la también exacta intersección entre la música popular brasilera, el rock y la música experimental, en medio de una puesta en escena simple y ligera: un parapente delante del telón de fondo, por donde desfilan las imágenes de la bahía de Guanabara, de un suelo de adoquines mojado por la lluvia, de La Habana vieja.

Y al centro, Caetano Veloso, en lo sumo de su arte: la voz y el gesto, la intención. A los 68 años se puede estar en lo sumo del arte escénico, alabado sea Saturno.

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Aparte de anunciarnos la victoria española, habló poco Caetano anoche. Sólo tras la cuarta canción saludó, en francés, presentó a los músicos (Pedro Sá, Ricardo Dias Gomes y Marcelo Callado), contó el origen de su canción Maria Bethania, en los años de exilio en Londres, y dedicó la siguiente, Irene, a Augusto Boal. Bastaba la sucesión de canciones de su último disco, Zii e Zie (Tíos y tías), cuya gestación pudimos seguir los velosistas en esta Obra em progresso, y la inserción bien pensada de unas cuantas viejas piezas.

A la salida, tras explicarles a un grupo de bruselenses, a su demanda, qué quiere decir neginha, la neginha de Eu sou neginha, cuya interpretación constituyó, por cierto, lo mejor del concierto, nos fuimos a celebrar la victoria contra el tiempo y los alemanes au Roy d'Espagne, en la Plaza mayor de Bruselas. No es poco ganarles al tiempo y a los alemanes una noche de verano.

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jeudi 30 juillet 2009

Paisaje con hoja roja

Qué gran país, exclama Pepe. Todo es grande aquí, los paisajes, las distancias, los porcentajes, los camiones, los bosques, los lagos, las porciones en los restoranes. Los canadienses recientes, eso sí, mayormente de origen asiático, son más bien pequeños. Pero ya verás cómo irán creciendo.

Miramos Toronto desde la isla. ‘Canadá tiene muy poca historia y demasiada geografía’, repiten los canadienses, pero el tiempo los va desmintiendo. Cada día hay más historia y algo menos de geografía. El viento lima la cresta de los montes, el agua anega la tierra firme y, como dejó escrito el muchacho sobre el muro, ‘el bosque precede al hombre pero lo sigue el desierto’.

Ahora vemos caer el agua por las cataratas del Niágara. ‘La segunda decepción de la novia’, llamó Oscar Wilde a este tradicional destino para viaje de luna de miel. Imposible no pensar en lo que pueden juntos el tiempo y el agua. Time is as weak as water (El tiempo es tan feble como el agua), dice la canción. Febles son, pero juntos desplazan las cataratas varios kilómetros en unos cuantos siglos. Mientras resistimos a la tentación de lanzarnos cataratas abajo, Pepe me cuenta historias de gente que no la resistió.

Paisajes como éste los pintores del llamado Grupo de los Siete decidieron pintar ‘a la canadiense’. Para hacerlo se internaron en los bosques y acabaron descubriendo nuevos lagos. A los de agua transparente los bautizaron con nombres de pintores que admiraban y a los de agua turbia con nombres de críticos que los denigraban.

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En Ottawa nos mezclamos con el gentío durante la fiesta nacional del día primero de julio, al pie de los edificios sede de las instituciones. Son canadienses recientes y se cubren con la hoja roja sobre fondo blanco. Celebran la ‘idea’ de Canadá, tienen la cara del mundo y componen una olla podrida que no huele mal.

A dos pasos de allí, del otro lado del río, comienza Quebec, donde la fiesta pasa desapercibida. La mitad menos uno de la población quebequesa votó, en el referéndum de 1995, por la separación de Quebec del resto de Canadá. Observo de reojo a mi tío, a quien estos asuntillos se la traen floja. O bien lo ponen de los nervios.

La emigración campo-ciudad durante el siglo pasado fue poblando Montreal de descendientes de los colonos franceses. Que, en cuanto se fueron haciendo un lugar en la urbe cosmopolita y ganaron poder, impusieron su lengua. Y, para mantener su sitial, no vacilan en traducir hasta las señales de la circulación: donde ponía stop, léase arrêt. El resultado es que hoy se habla francés en una gran ciudad de América del Norte sitiada por el inglés. So, voilà.

La fauna urbana se dispersa y vuelve a reunirse en torno a los escenarios del Festival de jazz. Es la hora de la cena y todo el mundo se lleva algo a la boca. Hemos de escoger entre comida libanesa, etíope y cochinchínica. Me pregunto qué comían los canadienses antes de la llegada de los extranjeros. Pepa sostiene que antes de la llegada de los extranjeros no existía Canadá. Pero ya los primeros canadienses apreciaban la comida foránea, particularmente el misionero a la olla.

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dimanche 17 mai 2009

Todo placer proviene del cuerpo desvestido

Releo la Elegía XIX de Donne. La imagen de la mujer 'como libro de estampas para indoctos' me recuerda un verso de una canción de Caetano Veloso: 'como encadernação vistosa feita para iletrados'. ¿Será un plagiario CV? Me pongo a buscar y me doy cuenta de que no hay tal plagio: la canción es un extracto de la versión de la Elegía hecha por Augusto de Campos, como se cuenta aquí >. Ahora soy también de los que saben.

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vendredi 15 mai 2009

Antes de acostarse (en, es, pt)

Elegy XIX To His Mistress Going to Bed

Come, Madam, come, all rest my powers defy,
Until I labor, I in labor lie.
The foe oft-times having the foe in sight,
Is tir'd with standing though he never fight.
Off with that girdle, like heaven's Zone glittering,
But a far fairer world encompassing.
Unpin that spangled breastplate which you wear,
That th'eyes of busy fools may be stopt there.
Unlace your self, for that harmonious chime,
Tells me from you, that now it is bed time.
Off with that happy busk, which I envie,
That still can be, and still can stand so nigh.
Your gown going off, such beautious state reveals,
As when from flow'ry meads th'hills shadow steals.
Off with that wiry Coronet and show
The hairy diadem which on you doth grow:
Now off with those shoes, and then softly tread
In this, love's hallow'd temple, this soft bed.
In such white robes, heaven's Angels us'd to be
Receiv'd by men: thou Angel bringst with thee?
A heaven like Mahomet's Paradice, and though
Ill spirits walk in white, we eas'ly know,
By this these Angels from an evil sprite,
Those set our hairs, but these our flesh upright.
License my roving hands, and let them go,
Behind, before, above, between, below.
O my America! my new-found-land,
My kingdom, safeliest when with one man man'd,
My mine of precious stones: my emperie,
How blest am I in this discovering thee!
To enter in these bonds, is to be free;
Then where my hand is set, my seal shall be.
Full nakedness! All joys are due to thee,
As souls unbodied, bodies uncloth'd must be,
To taste whole joyes. Gems which you women use
Are like Atlanta's balls, cast in mens views,
That when a fool's eye lighteth on a gem,
His earthly soul may covet theirs, not them:
Like pictures or like books gay coverings made
For lay-men, are all women thus array'd.
Themselves are mystick books, which only wee
(Whom their imputed grace will dignify)
Must see rever'd. Then since that I may know;
As liberally, as to a midwife show
Thyself: cast all, yea, this white linen hence,
There is no penance due to innocence.
To teach thee I am naked first; why than,
What needst thou have more covering then a man?

John Donne
1699


Elegía XIX: Antes de acostarse

Ven, ven, todo reposo mi fuerza desafía.
Reposar es mi fuerza pues tendido me esfuerzo:
No es enemigo el enemigo
Hasta que no lo ciñe nuestro mortal abrazo.
Tu ceñidor desciñe, meridiano
Que un mundo más hermoso que el del cielo
Aprisiona en su luz; desprende
El prendedor de estrellas que llevas en el pecho
Por detener ojos entrometidos;
Desenlaza tu ser, campanas armoniosas
Nos dicen, sin decirlo, que es hora de acostarse.
Ese feliz corpiño que yo envidio,
Pegado a ti como si fuese vivo:
¡Fuera! Fuera el vestido, surjan valles salvajes
Entre las sombras de tus montes, fuera el tocado,
Caiga tu pelo, tu diadema,
Descálzate y camina sin miedo hasta la cama.
También de blancas ropas revestidos los ángeles
El cielo al hombre muestran, mas tú, blanca, contigo
A un cielo mahometano me conduces.
Verdad que los espectros van de blanco
Pero por ti distingo al buen del mal espíritu:
Uno hiela la sangre, tú la enciendes.
Deja correr mis manos vagabundas
Atrás, arriba, enfrente, abajo y entre,
Mi América encontrada: Terranova,
Reino sólo por mí poblado,
Mi venero precioso, mi dominio.
Goces, descubrimientos,
Mi libertad alcanzo entre tus lazos;
Lo que toco, mis manos lo han sellado.
La plena desnudez es goce entero:
Para gozar la gloria las almas desencarnan,
Los cuerpos se desvisten.
Las joyas que te cubren
Son como las pelotas de Atalanta:
Brillan, roban la vista de los tontos.
La mujer es secreta:
Apariencia pintada,
Como libro de estampas para indoctos
Que esconde un texto místico, tan sólo
Revelado a los ojos que traspasan
Adornos y atavíos.
Quiero saber quién eres tú: descúbrete,

Sé natural como en el parto,
Más allá de la pena y la inocencia
Deja caer esa camisa blanca,
Mirame, ven, ¿qué mejor manta
Para tu desnudez, que yo, desnudo?

Traducción de Octavio Paz

Elegia: Indo para o leito

Vem, Dama, vem, que eu desafio a paz;
Até que eu lute, em luta o corpo jaz.
Como o inimigo diante do inimigo,
Canso-me de esperar se nunca brigo.
Solta esse cinto sideral que vela,
Céu cintilante, uma área ainda mais bela.
Desata esse corpete constelado,
Feito para deter o olhar ousado.
Entrega-te ao torpor que se derrama
De ti a mim, dizendo: hora da cama.
Tira o espartilho, quero descoberto
O que ele guarda, quieto, tão de perto.
O corpo que de tuas saias sai
É um campo em flor quando a sombra se esvai.
Arranca essa grinalda armada e deixa
Que cresça o diadema da madeixa.
Tira os sapatos e entra sem receio
Nesse templo de amor que é o nosso leito.
Os anjos mostram-se num branco véu
Aos homens. Tu, meu anjo, és como o céu
De Maomé. E se no branco têm contigo
Semelhança os espíritos, distingo:
O que o meu anjo branco põe não é
O cabelo mas sim a carne em pé.
Deixa que a minha mão errante adentre
Atrás, na frente, em cima, em baixo, entre.
Minha América! Minha terra à vista,
Reino de paz, se um homem só a conquista,
Minha mina preciosa, meu Império,
Feliz de quem penetre o teu mistério!
Liberto-me ficando teu escravo;
Onde cai minha mão, meu selo gravo.
    Nudez total! Todo o prazer provém
De um corpo (como a alma sem corpo) sem
Vestes. As jóias que a mulher ostenta
São como as bolas de ouro de Atalanta:
O olho do tolo que uma gema inflama
Ilude-se com ela e perde a dama.
Como encadernação vistosa, feita
Para iletrados, a mulher se enfeita;
Mas ela é um livro místico e somente
A alguns (a que tal graça se consente)
É dado lê-la. Eu sou um que sabe;
Como se diante da parteira, abre-
Te: atira, sim, o linho branco fora,
Nem penitência nem decência agora.
Para ensinar-te eu me desnudo antes:
A coberta de um homem te é bastante.

Versión de Augusto de Campos

Elegia

Deixa que minha mão errante adentre
Atrás, na frente, em cima, embaixo, entre
Minha América, minha terra à vista
Reino de paz, se um homem só a conquista
Minha mina preciosa, meu império
Feliz de quem penetre o teu mistério
Liberto-me ficando teu escravo
Onde cai minha mão meu selo gravo
Nudez total: todo prazer provém do corpo
(Como a alma sem corpo) sem vestes.
Como encadernação vistosa,
Feita para iletrados, a mulher se enfeita
Mas ela é um livro místico e somente
A alguns a que tal graça se consente
É dado lê-la.
Eu sou um que sabe.

Versión de Caetano Veloso

jeudi 9 avril 2009

Jueves santo

A verdadeira história da rosa pequenina >
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La ciudad, un día de estos (pulse sobre el triángulo en el dibujo) >
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Ah, look at all the lonely people >
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jeudi 22 janvier 2009

El culto mamario

Cuenta José Antonio Montano que, en la serie Roma, cuando muere César, una mujer le acerca una teta para devolverlo a la vida. Se trataría, según Al59, de un ritual de origen egipcio en el que el difunto se convierte en hijo adoptivo de Isis. Y ya se sabe que con Egipto César Augusto tuvo un lío.

El caso es que la teta que nutre a César moribundo lleva de una teta a otra, como era de esperar, y me hace acordar de un par de ellas. La primera me la contó mi tío Pepe, de cuando él trabajaba como dependiente de una zapatería. Llegaron dos gitanas a curiosear entre los zapatos y Pepe, que ya estaba escarmentado con ellas, las puso en la puerta. Airada, una de las gitanas se sacó un pecho y lo bautizó con un chorro de leche en la cara.

La segunda la he visto yo. Se rinde en la Patagonia culto a una mujer que llaman la Difunta Correa. Está mujer habría muerto en un accidente caminero pero su criatura habría sobrevivido prendida a su seno. La gente, los camioneros principalmente, le rinden culto como a una virgen y dejan en el lugar botellas de agua para calmar la sed de la Difunta.

Sobre la Difunta, Montano apunta, con razón, que la madre muerta alimentando al bebé con su leche aún viva resulta ser lo contrario de la teta póstuma de César: en el caso de la Difunta, la muerta es la amamantadora, y el vivo el amamantado.

En fin, irán apareciendo nuevas variantes del culto mamario. A ver si éste se convierte en secta y beneficia de un anatema.

Por lo pronto, aquí está el himno, su estribillo. Vaca profana, según Veloso. En portugués y español.

'Dona das divinas tetas
Derrama o leite bom na minha cara
E o leite mal na cara dos caretas'

'Vaca de divinas tetas
La buena leche toda en mi garganta
La mala leche para los puretas'.

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