samedi 16 mai 2015

Con la frente en alto

En la escena final de La Tête haute (Con la frente en alto) un hombre de 18 años abandona un tribunal de menores con su hijo pequeño en los brazos. Mientras la cámara fija la escena vemos flamear un largo momento la bandera de la República francesa.

La Tête haute es un tributo al trabajo de las instituciones. Con paciencia, educadores, jueces y otros agentes republicanos se empeñan en criar niños huérfanos o abandonados y convertirlos en ciudadanos. Malony, el protagonista de la película, es uno de ellos, abandonado a los siete años por su madre toxicómana en el despacho de una jueza.

A lo largo de diez años resumidos en dos horas, los espectadores asistimos a los estallidos de violencia del muchacho y a la paciencia a toda prueba de sus padres substitutivos, una jueza y un educador, inalterables en el cumplimiento de la misión de sacarlo adelante, ahí donde cualquiera de nosotros le aplicaría el veredicto del par de guantazos bien dados y el abandono a su suerte. Claro que, y eso la república lo sabe y nosotros lo olvidamos, abandonarlo a su suerte equivale a abandonar también a otros, a los que serán víctimas de su violencia, quiero decir. Se trata pues de un filme socialdemócrata, que señala la interdependencia de los individuos y afirma su confianza en el funcionamiento de las instituciones, tanto en la firmeza republicana como en la obligada consideración humanista que hace posible la vida civilizada.

Nada que objetar tratándose de la firmeza republicana, si no es el hecho de que en el filme sus dos agentes, el educador y la jueza, están ligera por no decir abiertamente idealizados. Y algo que objetar, sí, por el lado de la consideración humanista: la sospecha de que tanto para el filme como para nosotros, espectadores, lo que convierte a un energúmeno en un ser humano es su capacidad para decirle a alguien «je t'aime» y, sobre todo, su capacidad para aceptar recibir un masaje facial de la parte de una cosmetóloga. No digo yo que la humanidad no consista también en eso...

Contra lo esperado -se trata de una película francesa-, no hay largos planos fijos y la historia avanza saltando de un evento a otro según una narrativa al uso. La película abrió la competencia en Cannes en este 2015, sin convencer a la crítica. Ni al jurado, probablemente. No veo yo a Rossy de Palma argumentando a favor de Malony. Pero me puedo equivocar.

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samedi 26 avril 2014

La proyección

La sala ya está a oscuras y en la pantalla comienzan a desfilar las primeras imágenes. No me gusta llegar tarde al cine. A otros sitios, sí. Nos instalamos, y el vistazo ritual a la sala a oscuras nos devuelve la imagen que intuimos: estamos solos. Ocurre a menudo. Es viernes por la noche, tarde para los horarios locales, la entrada hay que pagarla y la estrella del filme, una Deneuve septuagenaria, ya no mueve multitudes.

El cine de mi pueblo es una multisala al uso y la nuestra, la número 13, dispone de 217 plazas. Supongo que echarán a rodar todas las películas independientemente de si hayan o no espectadores, porque cabe la posibilidad de que lleguen algunos atrasados, así como llegamos nosotros. Y que después de un momento, a falta de público interrumpirán la proyección. O no. De cualquier manera, la imagen de esas salas donde un foco de luz proyecta figuras en la penumbra para nadie resulta espectral.

La película era + o - no +.

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