samedi 19 mai 2012

Salmon y los salmones

La pesca de salmón en Yemen no es una comedia de gran cosa, pero reúne lo justo para mantener la atención, algo de geopolítica y una amourette entre dos brits queribles. Tiene eso sí un momento que está bien del todo: el rencuentro, teleguiado por el poder -por la eminencia gris detrás del poder, la asesora de prensa del primer ministro-, de un soldado rescatado de la guerra de Afganistán con su novia, sobre el terreno y frente a las cámaras. Una trampa tanto para los protagonistas como para el pueblo espectador, como las hay tantas y tan cosidas con hilo negro y sin embargo tan rentables para los mandamases.

Esta combinación de la teatralidad del ejercicio de la autoridad con la telerealidad como vía para cautivar a la opinión la describe hoy perfectamente Christian Salmon a propósito de las ceremonias eleccionarias francesas, en particular la escena del diálogo de François Hollande con su primogénito en directo televisivo la noche de su elección.

Como decíamos ayer, las dictaduras utilizan bombas lacrimógenas y gases hilarantes. Las democracias sólo las echan por la tele.

PS/ Una pena que las escenas yemeníes de La pesca... hayan sido filmadas en Marruecos. No porque yo tenga nada contra Marruecos ni contra las alegres cuentas de la industria del espectáculo. Es que esta constatación -la imposibilidad de filmar una película británica en el Yemen- anula per se la conclusion del propio filme. Y también porque, habiendo sido feliz brevemente en la Arabia feliz, me encanta volver a verla.



Posté par Josepepe à 15:47 - Commentaires [0] - Permalien [#]
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