lundi 6 novembre 2017

Tres de Coetzee

Pregunté ayer en Twitter cuál de estas tres portadas es mejor:

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Este es el resultado: 47% para la australiana, 45% para la francesa y 8% para la argentina. 

El que pregunta no vota pero debo decir que comparto el resultado. Las dos primeras me gustan mucho y funcionan de diferente manera, creo yo. La australiana da por hecho que el potencial lector conoce al autor y se sentirá estimulado por el enigma que supone la presentación del título: doce signos ordenados simétricamente ocupan todo el espacio de la portada. Las nueve letras del nombre del autor y, abajo, en números romanos, la fórmula 1, 2, 3. Descomponer el nombre del autor en tres grupos de tres letras da como resultado que las iniciales aparezcan arriba. Lzs dos «palabras» que siguen connotan o significan: Zee, por ejemplo, quiere decir en neerlandés «mar».  A falta de ser unívoca semánticamente, la imagen lo es visualmente. Es ingeniosa, además.

La edición francesa echa mano a una imagen de síntesis —y viene a cuento llamarla así: una isla donde caben tres paisajes diferentes: un macizo vegetal con su palmera —la isla del náufrago, la isla de Robinson Crusoe, tal como la hemos visto mil veces representada—, rodeado por una iglesia más o menos barroca y unos rascacielos. La isla «flota» en ese espacio visual que queda a veces entre el mar y el cielo.

Cabría preguntarse frente a la imagen si se ajusta al contenido del libro. El primero de estos tres relatos de Coetzee se llama «Una casa en España» y se sitúa en Cataluña. El segundo se llama «Nietverloren» —No está perdido o abandonado— y describe una travesía por el desierto de Karoo, en Sudáfrica. El tercero, «Él y su hombre», es su discurso de aceptación del Nobel en 2003, y se sitúa, por decirlo así, en la costa sur de Inglaterra. Para refirse a sí mismo, Coetzee se apoya en uno de sus clásicos, Daniel Defoe. La isla como metáfora cabe, así, en la imagen de la portada, junto a los tres paisajes contenidos: la naturaleza más o menos intemporal, el pasado y el presente.

La edición argentina funciona sobre la misma base que la francesa, pero está menos conseguida. La fotografía muestar una casa que podríamos encontrar en Cataluña, cierto, o incluso en el Karoo, pero que no nos dice por qué tendríamos que interesarnos por ella.

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vendredi 27 octobre 2017

Las mejores novelas de Coetzee ordenadas de mejor a mejor

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vendredi 31 mars 2017

Los días de Davíd en la escuela

Le pregunto a la persona a la que tengo por responsable de las constantes escapadas de Coetzee al Cono Sur qué le ha parecido la novela y me dice que le ha parecido que no.

Que no debería Coetzee ir por allí sino por allá. Pero como es precisamente por allí que Coetzee ha ido creo incluso que  perseverará y espero que alcance a contarnos la pasión del protagonista, David, cuando cumpla 33. Por ahora, el niño tiene cinco años en la primera entrega, La infancia de Jesús, y siete en esta segunda, Los días de Jesús en la escuela.

En ambas novelas la vida de David transcurre en un país en donde se habla español. El niño aprende a leer con un ejemplar del Quijote y así por delante. Incluso algún crítico sostiene que la sentenciosa prosa que utiliza Coetzee parece un inglés traducido del español. Y sobre eso hay un detalle que me encanta porque yo por esos detalles vivo y es que en su empeño por hispanizar seres y cosas el nombre del niño, David, Coetzee lo escribe así: 

Davíd.

Te lo juro.

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dimanche 19 mars 2017

Voy y vuelvo

Días de idas y venidas.

Mi castellano favorito me ha traído ésta, que espero leer en la larga travesía. Este último tiempo había estado releyendo Infancia y Juventud. Tanto así que se me escapó esta publicación y me la encuentro ahora ya traducida. 

Segundas partes nunca fueron buenas, cita con coña Coetzee al Quijote en el epígrafe. Es verdad que es la primera vez —descontando los dos primeros tomos de la autobiografía, a los que me refiero— que un libro suyo prolonga explícitamente el precedente. Al anterior, La infancia de Jesús, cierta crítica adicta al énfasis lo vapuleó. 

Releyendo Juventud me decía que tal vez será una característica de los grandes ser capaces de mirarse a sí mismos sin condescendencia. En él, Coetzee se presenta como un pusilánime que merced a unos meros vaivenes se codea un día en Cambridge con los más brillantes matemáticos en el empeño por crear los ordenadores que vendrían pocos años más tarde a cambiar el signo de los tiempos. Cualquier mediocre con un papel infinitamente más pequeño que el suyo contará más tarde la importancia de su participación en esa hazaña. Coetzee, en cambio, en su empeño por mirarse de cerca se permite hacer lo contrario y disminuirse. 

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jeudi 1 décembre 2016

Gran Hotel Othelo

Hoy comienza el invierno que ya comenzó y que en cierta medida no termina nunca bajo estos cielos. El solsticio de invierno llegará dentro de veinte días marcando el fin de la reculada de la luz y su lento retorno. Un par de veces, de regreso del verano austral, borracho de sol en pleno enero, viendo al avión adentrarse en la fría oscuridad del noreste me he preguntado si estoy bien de la cabeza. 

El cuento es que una de estas noches vi Winter sleep. En pleno invierno, en medio del paisaje roto de la Anatolia central, un hombre avejentado escribe columnas que no leerá nadie. Alguna vez creímos que serías mucho más de lo que has sido, le dice su hermana, con esa crueldad fría que la tibia familiaridad consiente. Su mujer, por su parte, intenta paliar la pobreza ambiente a través de una especie de ONG informal. Hasta ahí llegan los parecidos porque nuestro hombre es rico y su mujer joven.

Cuando me levanté del sillón habían pasado más de tres horas, ya era más de medianoche y yo estaba hambriento porque no había cenado. Hacía tiempo que el cine no me jugaba una pasada así. Cuando niño, entraba al mediodía a la función cuádruple del cine Avenida Matta y salía hacia las ocho sin saber  cómo me llamaba. Ahora uno cree tener las ficciones bajo control y, sin embargo, cualquier noche una historia turca le altera el programa.

Winter sleep se apoya en tres relatos de Chéjov y en un descenlace de Dovstoyevski para contar no mucho más que el lento discurrir de los días en un sitio remoto. Y entreabrir el alma de sus personajes. No suelo permitirme frases así pero a ratos creía estar leyendo un libro de Coetzee. En un momento de tensión aguda, dos personajes, a punto de irse a las manos, resuelven la situación soltando sendas citas de Shakespeare. A lo Marías, o sea, y con música de Schubert.

En fin, para no embalarme más ni largar destripes, acabo con una simpleza. Nuestro personaje, que fue actor cuando joven y es un celoso de cuidado, de esos que están seguros de no serlo, posee y atiende un pequeño hotel rural: el Hotel Othelo.

Palma de oro en Cannes. Qué menos.

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samedi 30 avril 2016

As cold as the spaces between the stars

Leo los obituarios de las víctimas de Bruselas y me digo que no debería nadie morir joven. Los obituarios acaban en una línea que intenta ser optimista. Allí donde estés, estarás bien.

Releo el Maestro de Petesburgo: «He has lost his right to stay in this world, but the next world is cold, as cold as the spaces between the stars, and without welcome», escribe el hombre, desconsolado por haber perdido a su hijo joven.

Me decía también que tarde o temprano resultará que conozco a una de las víctimas. Ayer me enteré de que así es. Un buen amigo iba en el vagón que explotó en Maelbeek. Dice que salvó la vida, con quemaduras superficiales, gracias a que iba junto a él, de pie, un fornido muchacho. Mi amigo acababa de sentarse, se había movido hacia esa parte del vagón en pos de un asiento libre. El cuerpo de ese muchacho operó como protección.

Que no tenga que leer su obituario, me dice.

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dimanche 28 septembre 2014

Voy y vuelvo

Vengo de comprar una guía de la isla donde me iré a leer Así empieza lo malo, que también compré, así como un libro de Coetzee, el único que aún no he leìdo. Cuando acabe El Maestro de Petersburgo tal vez escriba unas líneas que llame Para leer a Coetzee, o Leer a Coetzee, o Coetzee. El primer capítulo del Maestro... debe de estar entre lo más triste que he leído en mi vida, y esto último es un elogio. Para alegrías, ya tenemos suficientes con las que nos trae el día a día. 

De paso me detuve a observar a la gente que, como dice Marías, así, en general, está loca.

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samedi 22 mars 2014

Los detalles

En un capítulo de La Infancia de Jesús, Coetzee se inventa un verso y una expresión idiomática, que cita como si formaran parte del acopio ancestral de la humanidad en su variante anglófona.

El verso: Bread is the way that the sun enters our bodies. El modismo: He does not have an idle bone in his body.

Ambos suenan como si viniesen de la noche de los tiempos, pero ninguno de los dos existía antes de la publicación del libro, por eso digo que se los inventa. Es un viejo recurso estilístico presentar un relato reciente como una historia antiquísima. Es menos común que ese procedimiento recaiga en los detalles.

Dios está en los detalles, que decía Flaubert.

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mercredi 29 janvier 2014

¿Quieres oírme cantar?

¿Quieres oírme cantar?, pregunta el niño y el hombre asiente. Van en un autobús junto a otros pasajeros, pero el niño no es tímido y canta con su voz clara:

Wer reitet so spät durch Dampf und Wind?
Es ist der Vater mit seinem Kind;
Er halt den Knaben wohl in dem Arm,
Er füttert ihn Zucker, er küsst ihm warm.

[¿Quién cabalga tan tarde / Por entre la niebla y el viento? / Es un niño con su padre / Que lo carga en sus brazos / Y lo protege en su tibio regazo.]

Es inglés, dice cuando acaba. ¿Puedo aprender inglés? No quiero hablar más español. Odio el español.

La novela que describe la escena es La Infancia de Jesús. Lo que el niño canta es una estrofa, la primera, de un poema de Goethe, El rey de los alisos, musicado por Schubert. Contra lo que afirma el niño, es alemán, no inglés. Todo parece estar intencionadamente corrido de un casillero. La canción cuenta la historia de un niño al que carga su padre, como en la novela, salvo que en la novela el hombre no es el padre del niño.

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vendredi 24 janvier 2014

El gato platónico y el tonto del pueblo

La vieja y los gatos, el cuento de Coetzee que publica Letras libres.

John visita a Elisabeth, su madre, que vive ahora en España, en el pueblo de San Juan Obispo, donde ha acogido, en su casa, a una docena de gatos y al tonto del pueblo, al que dejará la casa en herencia con la esperanza de que éste cuide de los gatos cuando ella ya no esté.

Elisabeth y John son personajes de Elisabeth Costello y La vida de los animales. Costello, que es animalista radical, no muestra sin embargo en los dos libros que protagoniza ninguna relación directa con animales. Así lo hace ver en La vida de los animales uno de los comentaristas del texto inicial de Coetzee, Barbara Smuts.

Coetzee le responde con este relato, que ha sido también presentado como la respuesta de Coetzee a la obra de la artista plástica belga Berlinde de Bruyckere, y que supone, por lo demás, una variación sobre un tema muchas veces tratado en sus libros.

Como era de esperar tratándose de una vieja que vive sola, los animales que llenan la vivienda son gatos. «Si los gatos no son individuos, madre -le reprocha a Costello su hijo John-, si no son capaces de ser individuos, si son sencillamente una encarnación tras otra del gato platónico, ¿por qué tener tantos? ¿Por qué no solo uno?».

Lo que recuerda el tuit del que se preguntaba a partir de cuántos gatos está la vecina completamente loca.

La vieja y los gatos antes de ser publicado fue leído por Coetzee en el Festival de literatura de Jaipur, India, en enero de 2011. Como se sabe, Coetzee no aprecia el ejercicio de la entrevista («Mis respuestas son demasiado breves y la brevedad (la sequedad del tono) es fácilmente percibida como un signo de irritación o de cólera») por lo que, cuando concurre a eventos abiertos al público, se limita a leer alguno de sus textos. A partir de esa grabación, el cuento fue reproducido en algunos sitios por la vía de las transcripciones espontáneas. (La versión que publica ahora en castellano Letras libres tiene el visto bueno del autor).

Sobre ese viaje a la India escribe Coetzee en las cartas que intercambia con Auster en Aquí y ahora. Admiro a la gente que sabe describir lo que ve, afirma. Yo no sé hacerlo, tiendo a la abstracción. Y a continuación suelta un par de abstracciones de primerísima calidad sobre la pobreza, la relación de los humanos con los animales y su propia condición de narrador incapaz de hacer una observación costumbrista y de agradecer así la belleza y la generosidad del mundo.

En Aquí y ahora, también, echando mano de su proverbial tendencia al laconismo y la abstracción, Coetzee describe a La vieja y los gatos como un relato que trata de la vida, de la muerte y del alma. Qué menos.

DB

Instalación de Berlinde de Bruyckere

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