dimanche 19 février 2017

El nuevo mar

Para Albert

Mirar la imagen de Valdivia en lo alto del Huelén y recordar a Vasco Núnez de Balboa coronando la altura desde la que vio por vez primera el mar del Sur.

Una imagen que toma forma —para Albert y para cuántos más— en las páginas que Stefan Zweig le dedica al extremeño en Momentos estelares de la humanidad:

«Más allá de las próximas montañas, de las verdes y umbrías colinas que desde allí descienden, distingue una inmensa y brillante superficie de metálicos reflejos: ¡el mar, el nuevo mar, el legendario mar tan vanamente buscado por Colón y otros navegantes durante años y años, cuyas aguas bañan las costas de América, China y la India! Y Vasco Núñez de Balboa lo contempla extasiado y conmovido, lleno de orgullo y de satisfacción, consciente de la gloria que acaba de conseguir por ser sus ojos los del primer europeo que ha descubierto el infinito azul de aquel mar. Durante largo rato, estáticamente, mira Balboa la lejanía».

¡El mar, el nuevo mar, el legendario mar tan vanamente buscado! 

Primer_avistamiento_del_Pacifíco

Hay un antes y un después de ese cromo pero la vibración del énfasis opera tanto o más si se lo mira como a una imagen fija. 

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El encuentro de Nicanor Parra con el mar del Sur de la mano de su padre.

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jeudi 18 octobre 2012

A Oriente por Occidente

(Diario de Madera, 5)

Colón tenía olfato y una gran nariz. Murió, sin embargo, desposeído de su hazaña que, por cierto, él creía otra. No llegó a enterarse de lo de América. Lo suyo, según él, había sido abrir una nueva ruta a Oriente, la ruta occidental. Descubrió América, sí, pero, sin desmerecerlo, tal vez sea más exacto decir que descubrió el Caribe.

Los maderenses pretenden que fue este archipiélago de Madera donde redondeó su idea de ir a Oriente por Occidente. Tal vez. Lo cierto es que no logró convencer de ello al rey de Portugal y tuvo que esperar a que los Reyes católicos conquistasen Granada, en lo que se distraían por ese entonces, para que le prestasen atención.

Tras su muerte, de a poco la Corona fue revindicando la figura de Colón. Revindicándola se revindicaba. Así fue como algunos retratos del almirante comenzaron a ver la luz. En la casa museo de Porto Santo hay una pequeña colección de diez pinturas y grabados en los que el genovés aparece con barbilla, con flequillo, con sombrero, con cuello acanalado. En algunos parece mediterráneo, en otros holandés. En lo único que parece haber consenso es que era narizón.

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Estatua de Colón en Porto Santo

(Diario de Madera, 4)

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vendredi 12 octobre 2012

El lonco Colón

Diario de Madera

Hoy es doce de octubre en toda Hispanoamérica. En Madera, como en el resto de Portugal e incluso en Brasil, es día laboral. Sin embargo que Colón vivió en estas islas, se casó con una maderense, dona Filipa Moniz, y su hijo, Diogo Colón, nació en Porto Santo.

Colón estuvo aquí años antes de la gesta americana, comprando azúcar, que fue la primera riqueza de Madera, su oro blanco, por cuenta de negociantes genoveses. Pernoctó en Funchal en la casa de un belga, Jean d'Esmerault, que entró a la historia local con el nombre de João Esmeralda. Entonces se entraba en las historias locales domesticando los nombres extranjeros, véase el caso de Colón, para volver a él.

Portugal y España se disputaban por ese entonces el dominio del Atlántico y de sus islas. Mi tío Pepe asegura que el primer portugués que llegó a Madera llegó segundo, es decir que el rey de Portugal anunció la posesión en derecho de la isla antes de poseerla en los hechos. Madera y las vecinas Canarias ya estaban en las leyendas marineras medievales. La Atlántida también.

Consecuentemente, los portugueses no andan lejos de sentir que a América la descubrió Pedro Alvares Cabral, el primer luso que hizo pie en la costa brasilera de Porto Seguro.

Andando el tiempo, el imperio español consiguió integrar a Portugal, y por lo tanto a Madera y a Brasil. Los portugueses dan cuenta de esos sesenta años de dominación española, a fines del s. XVI e inicios del XVII, como de un tiempo calamitoso: las potencias enemigas de España -Inglaterra, Francia y Holanda- aprovecharon para atacar Madera y otros territorios de ultramar argumentando su adscripción a la corona española. Sobre esas bases asentó Portugal su posterior independencia, aliándose con los enemigos de España, Inglaterra particularmente.

Con todo, la historia no ha tratado de manera muy diferente a Portugal de España. La invasión napoleónica, el desmembramiento de los imperios coloniales, la abortada experiencia de las primeras repúblicas, la dictadura. Los portugueses se ahorraron un par de guerras, eso sí, la peor la Guerra civil. Y fue de consuno que ambos países ibéricos adhirieron a la Unión europea y vivieron con razonable exaltación los dulces años de la primera integración. Y hoy viven de manera similar las zozobras de la actual crisis del euro. Le preguntas a un portugués cómo anda la cosa y te parece estar oyendo a un baturro.

Hoy es día feriado en Cataluña, como en toda Hispanoamérica, y tal vez sea un buen ocasión para releer la historia portuguesa. Desde esta autonomía periférica de Madera, cualquiera tentativa secesionista parece extravagante, teniendo presente el pasado y contando con lo que trae el presente.

Mirando una réplica de la caravela de Colón que surca la bahía de Funchal cargada de ancianos septentrionales, mi tío me dice que dentro de un siglo mi nieto podrá ser uno de ellos. Me acuerdo remotamente de que mis abuelos solían venir aquí de vacaciones, dirá. Hace muchos años de eso, sería en tiempos de la crisis del euro, de cuando Madera era española y las Canarias portuguesas. O era al revés, ya no me acuerdo.

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PS / Lonco, en mapuche, es el cabecilla.

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