lundi 21 juillet 2014

La vejez no es para cobardes

Temporada de cine en Maeterlinck.

Ilo Ilo, de Anthony Chen. Una familia china en Singapur aloja a una criada filipina. ¿Por qué vía se enteraría uno de la vida en Singapur? A pesar del desarrollo, parece incómoda la vida de la gente en aquella isla, al menos de la gente sobreexigida que aparece en la pantalla. No parece soplar aire por allí, salvo en el cementerio, adonde la familia lleva, a la tumba del abuelo, un pollo cocinado que habían criado en el balcón. 

En Quartet, de Dustin Hoffman, la historia transcurre en una casa de reposo para músicos jubilados en la campiña inglesa. Se trata de una comedia bien llevada, con el atractivo añadido de la música y el bel canto. A la divisa de esos divos seniles supongo que tendré que referirme a menudo en el futuro, si lo hay: la vejez no es para cobardes.

De la Kermesse heroïque, de Jacques Feyder, un clásico del cine francés de los años treinta, cuya historia se sitúa en Flandes durante la ocupación española, creía recordar que a los españoles los pintaban propiamente como a unos salvajes. Y ni tanto así. Son los hombres, en general, y los flamencos de Boom, en particular, quienes quedan como chalecos de mono (salvo el joven Bruegel, que anda en la luna). Las mujeres, en cambio, resultan ser valientes y emprendedoras. Emprendedorazas.

Lo mejor, con todo, asoma por la pantalla grande. Boyhood, de Richard Linklater, me atrapa por el título (el coetzismo) y me retiene por las formas: un crío actor filmado durante doce años, desde los seis hasta los 18. Salgo de la sala pensando que los yanquis son como todo el mundo, marcianos.

Posté par Josepepe à 19:19 - Commentaires [0] - Permalien [#]
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