samedi 28 février 2015

Larga vida y prosperidad

Live long and prosper les desea un actor fallecido a unas familias de refugiados que intentar volver por sus pasos en la frontera turco-siria a ver si sus casas abandonadas siguen en pie. «Estamos cansados, somos desgraciados», dicen. Es el telediario de Euronews. Las noticias se suceden rápidamente y tienden a entreverarse sin un presentador que las ancle —el famoso eje Y Y, los ojos del presentador en los ojos del espectador.

En el diario de papel, las noticias se despliegan en el espacio como en un mapa sobre el que el lector puede clavar sus banderillas y fijarlas. Pero en la tele se suceden los planos en una larga seguidilla de imágenes que se empujan unas a otras cuando están en el primer plano para dar paso a la siguiente, y acaban mezcladas en la licuadora mental del afligido (o excitado, o aburrido) espectador. Allí están otra vez esos cretinos descabezando estatuas como rehenes, y allí hay un combatiente de otro frente que se ha tatuado las cabezas de Lenin y de Stalin en las costillas, y allí está el lugar adonde la cámara no consigue llegar, el puente frente al Kremlin donde Boris Nemtsov fue acribillado anoche.

Aguanto hasta los deportes, hasta que el golfista sudafricano Coetsee me previene, palo en mano, que la vida es mucho más simple sin ver televisión: «Nos acostamos temprano y leemos muchos libros y nos levantamos temprano a pasear por la playa antes de llevar a los niños a la escuela».

¿Qué hago, le hago caso y la apago? Tiene razón, pero a mí no me gusta obedecer.

Source: Externe

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mardi 28 décembre 2010

La radio

Días atrás desperté en la habitación de un hotel. Había una gran pantalla oscura y plana, contrariamente a los ventanales que mostraban el paisaje nevado. La encendí.

Y lo que apareció en la tele fue el estudio de grabación de una radio, captado desde arriba. Los mismos personajes que escucho a veces en casa estaban ahora visibles. Se les puede ver hablar, gesticular, levantarse del asiento, salir del estudio y dar paso al siguiente. Los mira uno, pero ellos no te miran. Trabajan para ti, pero hacían como si tú no existieses. Qué alivio. Por primera vez frente a las noticias de la pantalla el receptor está fuera del famoso eje Y-Y (traducido al español como eje 0-0) del locutor que te mira a los ojos, te habla directamente y sostiene tu mirada.

Visto así, qué pesadez la del dispositivo del teledario. Cuánta intromisión. Y qué ligereza la de esa radio vista desde la claraboya. Supongo que el invento ya está patentado. Pero yo me desayunaba, antes del desayuno.

Por cierto, desde que volví a casa no he vuelto a encender la tele para ver la radio. Tampoco hay que exagerar.

Posté par Josepepe à 23:43 - - Commentaires [0] - Permalien [#]
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