lundi 3 septembre 2018

Otras vidas y la mía

Más de una vez dije que no pensaba leer «D'autres vies que la mienne» (De vidas ajenas), de Emmanuel Carrère. He vivido un par de terremotos estrepitosos y por ese lado ya está bien. Hasta que, días atrás, sin querer queriendo me encontré con el libro en las manos y ya no lo cerré hasta que lo acabé.

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Contrariamente a lo que creía, el tsunami de 2004 no es el único asunto del libro, que se consagra principalmente a contar los últimos días de una jueza de provincias que muere de cáncer a los 33 años. Carrère relata la vida de esa familia desde el interior porque la jueza en cuestión es su cuñada. Cuenta también en qué consistía el trabajo de ésta y el asunto con más enjundia de los que trataba, los casos de familias endeudadas ante los organismos de crédito, los usureros del presente.

Lo que Carrère hace es reportear una o varias situaciones en profundidad y luego contar el resultado valiéndose de maneras propias de la literatura de ficción e integrando en el relato su propia presencia en tanto que narrador. Esto último es lo que menos me gusta de su propuesta, tal vez porque la combinación de narcisismo y exhibicionismo que inevitablemente exige el género me cansa pronto.

El título del libro debería ser más bien «Otras vidas y la mía». Bemol aparte, el resultado al que llega Carrère contando vidas ajenas es notable.

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samedi 4 août 2018

El Corán de sangre

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En 1996, Uday Husein, el hijo mayor de Sadam Husein, apodado el Diablo y conocido como el terror de Bagdad, sufre un atentado que lo deja al borde de la muerte. No muere, sin embargo, y su dictador de padre para agradecer al Altísimo el milagro ordena la confección de un ejemplar del Corán escrito con sangre, con su propia sangre.

Husein, como se sabe, abandonó el laicismo de la primera etapa de su dictadura y tras encajar varias derrotas de proporciones intentó mantenerse en el poder a costa de un mesianismo sunita progresivamente delirante. En 2003 Uday Husein muere a manos de las tropas norteamericanas durante el desplome de la satrapía de su padre y el Corán de sangre desaparece sin dejar rastro, o casi. Emmanuel Carrère y Lucas Mengel cuentan en la última XXI los días que pasaron recientemente en Bagdad buscando el Corán de sangre o lo que quede de él. Cerca anduvieron, sin llegar a dar del todo con él. El relato permite entre otras cosas hacerse una idea de en qué se ha ido convirtiendo la ciudad probablemente más machacada en los últimos treinta años, la misma donde alguna vez hace varios milenios se inventó la escritura.

No cuento más por ahora porque espero que el texto no tarde en ser traducido y publicado en abierto.

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samedi 16 septembre 2017

Apostillas al nombre de la pluma

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Quedamos en que los plumillas reempluman su nombre mayormente para subirse el pelo. Un poeta poético prefiere firmar sus odas con un nombre poético. Así Hernán Díaz pasó a llamarse Pablo de Rokha y Lucila Godoy, Gabriela Mistral. Y Filadelfio Gutiérrez, Rosamel del Valle. La explicación que daba este último era también poética: su primera novieta se llamaba Rosa Amelia del Valle.

Algunos que tienen el pelo muy subido, en cambio, se lo bajan un palmo para estar más a tono. Así Vicente García-Huidobro se extirpó el García y Emmanuel Carrère d'Encausse se operó el d'Encausse. A un prosista le va mejor un nombre prosaico.

Estas operaciones podríamos llamarlas cosméticas, dicha sea la cosa sin carga despectiva.

Porque también están aquellas operaciones que tienen su punto de densidad existencial, no sé decirlo de otra manera. Tiempo atrás publicaba una columna en un diario chileno una chica estupenda que tenía un nombre perfecto. Las columnas eran buenas pero saltaba a la vista que las escribía un señor talludito. ¿Por qué? Vete a saber por qué, pero esas cosas se huelen. Lo que importa en este caso es que con la penectomía la carga expresiva aumentaba.

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dimanche 12 mars 2017

La resurrección

El Reino, y 10

El Reino son muchas historias. 

La historia de Marcos el evangelista que, según Carrère, podría ser el hijo de la mujer en cuya casa Cristo se reúne con sus discípulos la noche de su arrestación y presencia la llegada de los soldados a detener a Jesus, y es el único que no huye y los sigue a buena distancia hasta que lo descubren y le tiran de la capa que lo cubre, y huye desnudo y vuelve a su casa y se duerme y al dia siguiente no sabe si lo que vio lo vivio o lo soñó.

La historia del hijo pródigo, que sólo está en el evangelio de Lucas, como varias otras que serían, según sugiere Carrère, un aporte personal del evangelista griego. Tal como la cuenta Carrère, el énfasis recae sobre el hermano bien portado del hijo pródigo, el que nunca había fallado en su lealtad al padre y acaba por no entender las larguezas de éste con el hijo disipado al que acoge con banquetes y bailes, y se reconcome por ello, como se reconcomió Caín por parecidas razones.

La historia de la comunidad de griegos convertidos por Pablo por la vía de la promesa de la resurrección y, cuando muere el primero de esos conversos, lo velan impacientes por verlo resucitar. Y, en contra de lo esperable, a pesar de que el muerto no resucita no pierden la fe. Tal vez al alba que siguió a ese largo velatorio comenzó a caer el Imperio romano.

Tantas historias son las que cuenta El Reino que otro que intentó contarlas,  George Stevens, a la hora de titular su película la llamó «La más grande historia jamás contada». Carrère, por su parte, fue a buscar en Lucas el atajo que necesitaba para poder seguir contando historias, para mantenerse vivo como narrador.

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mardi 24 janvier 2017

Eutiquio y la resurrección

El Reino, 9

Esas pequeñas historias que otorgan verosimilitud al Evangelio, según Carrère. La historia de Eutiquio y la resurrección.

La resurrección, por cierto, no es ningún detalle. Al contrario, es la piedra angular del mensaje de Pablo y en gran medida en ella descansa el interés que los fieles ponen en la nueva religión: «La resurreccion es imposible y hete aquí que un Hombre resucitó», afirma Pablo. Esta es la gran cuestión y al lado de ella la historia de Eutiquio es un detalle. Pero es un detalle que contribuye a hacer del Evangelio algo más que el libro en que se funda una nueva fe, un relato de relatos.

La cuento como la recuerdo, sin releer.

Pablo llega a Tróade, la patria de Lucas, tras uno de sus numerosos viajes, y la comunidad se reúne excitada a escucharlo en la casa de la familia que lo alberga. Eutiquio, el hijo menor de la casa, por pura timidez se sienta en el alfeizar de una ventana a escuchar las palabras de Pablo, infatigable orador. Y se duerme. Y se cae de la ventana al duro suelo. Y muere. O eso creen los espantados cristianos primitivos de Tróade. Porque cuando Pablo los calma y toma a Eutiquio en sus brazos, el muchacho revive.

No resucita, como todos quieren creer, porque no ha muerto, sino que se recupera de haberse malherido y haber rozado la muerte. Y el problema de Pablo, que hasta entonces había sido convencer a los incrédulos del misterio de la resurrección, pasa a ser convencer a esos fieles crédulos que en este caso, en el caso de Eutiquio, lo que han presenciado no ha sido un prodigio sino el despliegue de la pedestre realidad.

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Lucas, Vladimir Borovikovski

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mercredi 4 janvier 2017

El rey que llegó tarde

El Reino, 8

Mateo es el único evangelista que habla de ellos: «De Oriente vinieron a Jerusalén unos magos preguntando por el rey de los judíos que acababa de nacer».

El evangelista no dice que fueran reyes. Tampoco dice Mateo que fueran tres ni que se llamaran Gaspar, Melchor y Baltazar. Son las imágenes, fueron los pintores quienes los coronaron.

Lo cierto es que venían de lejos, de Oriente, y no eran judíos. Esos nombres les fueron dados en el siglo V cuando el número tres pasó a ser canónico para hacerlo coincidir con los regalos que traían, oro, mirra e incienso. 

En los relatos legendarios los reyes magos llegaban a ser doce o más y en la Edad media era común la historia del cuarto rey que llega tarde a la cita con el Mesías. Michel Tournier cuenta que ese cuarto rey venía de Mangalore y quería regarle a Jesús el mejor dulce turco de pistacho y se había perdido buscando la receta. Así fue como llegó 33 años tarde a la cita, en el propio momento en que Jesús y sus apóstoles se acababan de levantar de la última cena, y como traía hambre y sed bebió del vino y tomó del pan que sobraban en la mesa y fue así sin saberlo el primer cristiano que comulgó. 

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Andrea Mantegna, La adoración de los magos, fines del s. XV. Texto adaptado del Dictionnaire amoureux de la Bible, de Didier Decoin.

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mercredi 28 décembre 2016

Una imagen de cine antes del cine

El Reino, 7

A pesar de la profusión de imágenes sacras y en particular sacadas de los evangelios, a pesar del impulso que dio a la iconofilia cristiana la contrarreforma, no todas las escenas de los evangelios están representadas en la pintura, viene a decir Carrère, que echa de menos alguna tela sobre la circuncisión de Timoteo a manos de Pablo, o el exorcismo de la pitonisa, también por Pablo, o la conversión del carcelero de Filipas. Ni un puto pompeux pintó a los tesalonicences velando a sus primeros muertos, convencidos de su resurrección inminente, o la primera letra dictada por Pablo a Timoteo —apunta.

Al otro extremo, unas pocas líneas en sólo uno de los cuatro evangelios han provocado un atasco de imágenes. Es el caso de los masacre de los inocentes y también de los magos que llegan a Belén siguiendo una estrella. De los magos diremos algo el día de la Epifanía, si todo va bien, y de los Inocentes lo decimos hoy, porque toca.

Como se sabe, temiendo el anunciado nacimiento del Mesías, Herodes ordenó la masacre de todos los niños varones menores de dos años, los Santos Inocentes. Unas pocas líneas en el evangelio de Mateo no convencieron a Voltaire ni a muchos historiadores, pero sí entusiasmaron a grandes pintores. Se dice incluso que el Guernica de Picasso le debe mucho a la representación de esta masacre. El Bosco, Bruegel, Reni, Rubens, Poussin, la lista es larga, pintaron imágenes que muestran la violencia ejercida contra los inocentes y la fascinación que ésta provoca. En 1824, Léon Cogniet, por su parte, cambió la perspectiva y no enfocó a los verdugos sino a una madre protegiendo a su hijo, en una imagen de cine antes del cine.

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Los Inocentes son más imagen que texto. Lo anterior lo escribí más o menos así en Twitter. «Ahora di algo sobre la película de Delibes y lo petas», me retó una lectora. Milana bonita, respondí.

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Otros inocentes: En la nouvelle de Valery Larbaud Fermina Márquez, el entrañable Lenoit consigue llevar a la protagonista hasta el dormitorio del internado donde él estudia. Al entrar, viendo el crucifijo que preside el austero lugar, Fermina se persigna.

«Esta es mi cama», dice el muchacho, sintiendo que se ruboriza y odiándose por ello. «Una cama estrecha y dura», añade. Fermina indica por su parte el crucifijo y responde: «Piense que la cruz era un lecho aun más estrecho y duro».

La estupefacción del muchacho es total. La presencia de la chica en el dormitorio es para él una circunstancia cargada de erotismo y lo último que habría esperado es que en ese momento ella se dejase llevar por la pasión mística.

Si hubiese sobrevivido a la Gran Guerra, Lenoit habría aprendido que misticismo y erotismo pueden ir de la mano.

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No se me escapa que la relación entre esto último y El Reino puede resultar peregrina. Qué remedio. Sólo escribo en este blog y la lectura de Larbaud se ha convertido en mi afición de fin de año. En alguna parte tenía que contar el placer que siento leyéndolo.

dimanche 18 décembre 2016

El espejo

El Reino, 6

«La cacatúa no se escapa cuando la abuela abre la puerta de la jaula. En lugar de volar, se queda donde está. La abuela explica el truco: basta con poner un espejo al fondo de la jaula. La cacatúa está tan contenta mirando su reflejo que no ve la puerta abierta hacia la libertad, no se percata de que para ser libre sólo tiene que mover las alas».

Pasa con las buenas historias, como ésta que cuenta Carrère en El Reino, que uno está tentado de sobrecargarlas con una metáfora sobre la realidad que las envuelve. Si la cacatúa es la gente, el espejo serán las redes sociales, la ideología, la ficción, la posverdad o lo que se ponga.

Sean estas buenas historias de la abuela de un amigo o del padre del propio Carrère, quien prefería las misas de antes porque «en latín no te dabas cuenta de la idiotez que es», la que ha pasado a ser mi fórmula reaccionaria favorita.

Mi ejemplar está de vuelta, por otra parte, así que, a falta de una imagen de la cacatúa, o de la abuela, ya puedo al menos poner la foto de la jetilla.

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vendredi 25 novembre 2016

¿Qué habría ocurrido si la nariz de Cleopatra hubiese sido más corta?

El Reino, 5

En un relato de Robert Callois, Cristo es conducido ante Poncio Pilatos. El prefecto romano duda y finalmente decide liberarlo. Cristo vuelve a predicar entre los suyos y muchos años más tarde muere convertido en un sabio. A la generación siguiente ya nadie lo recuerda.

Las cosas podrían haber sido de otra manera, claro, y muchas veces es nimio el detalle que las carga hacia la luz o hacia la sombra. ¿Qué habría ocurrido si la nariz de Cleopatra hubiese sido más corta?, glosa Carrère en El Reino

Imposible no leer la ucronía de Callois sin pensar en el presente. ¿Qué habría ocurrido si Al Gore hubiese ganado en Florida en el 2000? Es lo que tiene un hecho mayor como la intronización de Faisán Dorado y su peinado a la cabeza del mundo, que sobredetermina (qui coiffe) cualquier consideración.

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Gebhard Fugel, Primera estación del calvario

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Me queden dos o tres detalles sobre los que podría decir algo a propósito del Reino pero mi ejemplar del libro se va de viaje hasta mediados de diciembre (y yo no me muevo), de modo que suspendo hasta entonces esta serie. No sin antes levantar esta cuestión que sí me parece central y sobre la que pido la colaboración de los amigos lectores. En décimo párrafo del versículo 20 del capítulo IV, el dedicado a Lucas, cuando se describe el Apocalipsis de San Juan, Carrère cuela una jetilla :) O bien se trata de un error en el orden de los signos ortográficos, que debió ser éste ): Está en la página 490 de la edición de bolsillo Folio. Ya sé que cambiará la página según las ediciones pero, si dan con el detalle, gracias por verificar si es una errata en mi edición (lo que creo) o una voluntad expresiva del autor. Sería muy gracioso si así fuese, y pondría al Reino en la lista de libros precursores en la legitimación de las jetillas en la literatura, como hizo Elvira Lindo con el uso del jajaja como palabra en Lo que me queda por vivir

samedi 12 novembre 2016

Cristo, ¿era populista?

El Reino, 4

Cristo, ¿era populista? Es una pregunta de temporada. Que, formulada así, de buenas a primeras, resulta algo populista.

«Los agudos reproches que Jesús formula a las elites de su tiempo harían conque hoy se lo llamase populista», escribe Carrère en una de las últimas páginas de El Reino. Vaya en su descargo el hecho de haberse leído una ingente biblioteca bíblica y haber escrito un resumen de 600 páginas antes de deslizar la afirmación ésa. Lo dice a propósito de un cristo que monta Jesús donde un fariseo, tras aceptar la invitación a su mesa y ponerlo de vuleta y media. No es la única vez que el líder las emprende violentamente contra los fariseos. «Cargáis a la gente con un peso que vosotros mismos no portáis», los acusa.

Liderazgo carismático, antielitismo y oportunismo son característicos del populismo. Eso, y todo lo que permita remplazar una elite por otra. Se desploma el Foro mientras del otro lado del Tíber se levanta San Pedro. Nada nuevo. O todo de nuevo.

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 Van Dyck, Cristo y los fariseos, c. 1620

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