jeudi 7 mai 2015

Los redundantes de la nada

Las imágeneces decidoras, esas que supuestamente se pasan de comentario, las que dicen y valen «más que mil palabras», no hacen más que revolverse en el baúl de los lugares comunes y las ideas precocidas, afirma Gunthert. Por la misma razón, los comentarios del tipo «sin comentarios» son redundantes de la nada y no sé si habrá que considerar también en esa categoría a los memes, las jetillas o emoticones, los pulgares arriba y abajo y otros monigotes en boga.

Lo cierto es que la tentación de la imagen elocuente es grande, tanto como las ganas de decirlo todo en pocas palabras, en una par de fórmulas incontestables. Más si las imágenes en cuestión son performativas, si las acompaña un certificado de concordancia con la realidad: esto sí ha ocurrido, esto lo he hecho yo. Intento ponerme en el lugar de quien busca hacerse justamente con un lugar en el mundo y en vez de escribir un tratado bien meditado, que cita correctamente a sus numerosas fuentes, toma como atajo una acción indesmentible y la documenta con una imagen —degollar a un infiel, vender, exponer, tantas otras.

Los protestantes iconoclastas que fundaron el capitalismo más o menos moderno han ido perdiendo en el terreno de las imágenes sendos combates. Emannuel Todd, cuyo Qui est Charlie ? se ha puesto hoy a la venta y ya está dando mucho que hablar, afirma que el reflujo del catolicismo en París y Marsella durante el s. XVIII trajo aparejada la Revolución francesa y que el posterior reflujo del protestantismo en el norte de Europa un siglo después supuso el auge del nazismo. Que hay por lo tanto que irse con cuidado en el presente con la islamofobia y el antisemitismo rampantes, que pueden ser relentes de esos vapores que se arrastran y se metamorforsean fundidos en la actualidad.

También la tentación de explicar la realidad con fórmulas elocuentes es grande, pero lo cierto es que incluso los tratados bien meditados necesitan ser formulados de manera escueta para entrar en la circulación de los mensajes que forman el espacio público. Pero yo iba para otro lado y lo que quería comentar es que en el mismo diario un médico afirma que observa que sus pacientes se aumentan de tamaño y se bajan de peso cuando él les pide esos datos. Esto puede entenderse de manera pesimista como la incorregible manía de la especie por acomodar la realidad a su antojo y sacar partido de ese acomodo. Pero también puede verse como una tendencia natural del ser humano a convertirse en un ángel alto y delgado, a lo que está sin duda destinado.

Source: Externe

Jean Baptiste Greuze, retrato de Ange Laurent de La Live de Jully, 1759

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dimanche 4 mars 2012

Nadie quiere asaltar el Kremlin

No se me ha perdido nada en Moscú y desde que escuché cantar a Gilbert Becaud se me fueron las ganas de asaltar el Kremlin. Pero ahí está Putin y hoy toca que lo reelijan, y en su mano está aparentemente la suerte de los sirios. Decidí entonces ir el viernes a la Feria del libro de Bruselas a escuchar a Emmanuel Carrère. A ver qué decía sobre Rusia. Carrère es un rusista de toda la vida y su último libro, Limonov, trata también de eso.

William Burton, de Le Soir, lo entrevista. Bien. Carrère dice en síntesis esto: En Rusia ya hubo una revolución y nadie tiene ganas de recomenzar. La exigencia actual es el respeto de las formas. El juego de las sillas entre Putin y Medvedev (a quienes los rusos llaman Dolce & Gabbana) fue percibido incluso en la Rusia profunda como insultante. Las elecciones parlamentarias de 2011 fueron seguidas atentamente por la población y las pruebas gráficas de los fraudes evidentes circularon por la Red, de manera que las manifestaciones tomaron cuerpo. Antes del otoño 2011, en una manifestación en Moscú había más policías que manifestantes y éstos eran reprimidos a lo bestia sin mayores consecuencias. Ahora, en cambio, los manifestantes han pasado a ser muchísimo más numerosos que la policía y el poder ha decidido contener en parte la represión, al menos en esta víspera electoral.

Así es como manifestar se ha convertido en un deporte muy practicado en Moscú, pero a fines de año pasado llegaron las sagradas vacaciones y todo el mundo se fue a la playa. Porque nadie quiere asaltar el Kremlin. Salvo el camarada Limonov. Lo cierto es que tal como el famoso bloguero Navalny parece ser el Cohn-Bendit moscovita, las manifestaciones anti Putin tiene un aire de mayo del 68. Esta generación de rusos que tiene hoy menos de cuarenta años, estas clases medias emergentes que se manifiestan, van a tomar el control del país en las próximas décadas, tal como ocurrió después del mayo francés. 

P

Habla mucho y bien sobre Rusia Carrère. Sobre Francia, en cambio, no quiere casi hablar. Soy un periodista de reportajes, no un editorialista, se defiende. Y es verdad que la política francesa, la elección presidencial, particularmente, es el coto de caza del editorialismo. Se le siente escéptico, sin embargo, frente a Hollande, no ve por dónde pueda llegar a hacer lo que promete. A un tiempo quiere que ser elegido, dice, y debe de cundirle el pánico ante la idea de serlo. Expone, de paso, la idea de Emmanuel Todd sobre la posibilidad de hacer desaparecer de un plumazo la famosa deuda de los Estados europeos, como se hizo después de la Guerra, siendo que ahora el resultado es mucho menos calamitoso. Todo el mundo se equivocó y ya está. Borrón y cuenta nueva. Cuenta de su estadía en Davos durante este invierno. Mientras más desconectadas de la realidad, más optimistas son las élites: leur trip est très new age, concluye.

En la semana, Sarkozy había mencionado a Carrère en una entrevista radial. Para criticar la medida propuesta por Hollande de aumentar la imposición a los ricos, Sarkozy puso como ejemplo los casos de Carrère y de Jean Dujardin, el actor de The Artist, quienes, habiendo ganado más de un millón de euros, se sentirán tentados de exiliarse fiscalmente. Carrère replica que Sarkozy exagera sobre sus ingresos (con Limonov ganó en 2011 el premio Renaudot, lo que significa excelentes ventas), y que, en cualquier caso, le parece normal pagar más impuestos si se gana más dinero.

Más allá, en el stand de Gallimard se alinean sus libros. Antes de leer el Limonov me voy a leer Una novela rusa, que, por cierto, y ahí estará la gracia, no es una novela pero sí será rusa. Compro la edición de bolsillo, eso sí, no quiero ni por asomo aumentar abusivamente su carga impositiva bajo el próximo reino socialdemócrata.

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Sobre la Rusia eterna, me ca(b)e también una lágrima.

Posté par Josepepe à 11:30 - Commentaires [0] - Permalien [#]
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