mercredi 11 juin 2014

Dos de escritores

El Negro, de Polanski, y Tetro, de Ford Coppola. 

La de Polanski es buena, no podía ser de otra manera. Se trata una historia sacada de lo que pudo ser Toni Blair de haber caído en desgracia en manos de Carla del Ponte, o eso entendí yo. El encargado de descifrar el enigma de la muerte del anterior negro de Blair es un jovencito que a punto está de conseguirlo, si no fuera porque el filme es de Polanski. En el cine de género, la información que hace avanzar la intriga aparece en un diario que alguien abre por casualidad. Ahora esto también ocurre cuando alguien aprieta el botón del GPS. El Negro es un buen filme de género actualizado. Un buen filme ramplón.

Tetro en cambio es buena. No podía ser de otra manera, etcétera, pero esta sí que es buena. Una teleserie de ítalo-gringos en Buenos Aires que da todo de sí, desde un inicio de comedia a un clímax de tragedia y un magnífico final feliz. La prensa lo presenta como un filme menor, pero se va resignando uno a la evidencia de que, tratándose de Coppola, «filme menor» es un oxímoron.

Un detalle (de lo grande me quedo con los detalles): Coppola leyó el Nocturno de Chile, de donde rescata la figura del crìtico Alone. Lo convierte en mujer y pone en su lugar a Carmen Maura (risas).

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dimanche 19 janvier 2014

La mejor película de Woody Allen no la hizo Woody Allen

Después del apocalipsis, los sobrevivientes suelen preguntarse: ¿y ahora qué? Le ocurrió a Francis Coppola, tras su versión del Corazón de las tinieblas, conocida como Apocalypse now.

Lo que siguió fue otra sobre corazones, One from the heart (Corazonada o Golpe al corazón).

La vemos ahora, treinta años después de su estreno, y disparamos los fuegos artificiales. Una historia de menos que nada (una pareja se ama y se detesta, ella sueña con unas vacaciones en Bora Bora y él con comprarse la casa donde viven, y echan, cada uno por su lado, una cana al aire, ella con un camarero sudaca, él con una eslava circense, para acabar abrazados en un final feliz), tratada a punta de cartón piedra y de neón colorido, de trompe l'oeil descarado, a punta de pura ilusión, con una maestría total.

El resultado es que la mejor película de Woody Allen no la hizo Woody Allen.

Un ejercicio de estilo impecable de cabo a rabo, en el que sólo desentona en parte la música melosa de Tom Waits.

La película tiene el valor añadido de haber sido un estrepitoso fracaso de público y de crítica y haber llevado a Coppola a la quiebra. Como se sabe, su obra es una sucesión de taquillazos y de patinazos. A ver si las veo todas para confirmar lo que presumo. Que las malas de Coppola son tan buenas como las mejores.

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