dimanche 6 mars 2016

Tarde de lluvia en el museo de Tintín

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Tarde de domingo en el museo Hergé —entrada libre. El museo ya lo he descrito antes, así que a lo que voy.

La sala que reconstituye el salón de Hergé. En un muro, una amplia biblioteca y discoteca. Jung, Bachelard, Montherlant. Entre los discos, Satchmo, Maxime Nightingale, Pink Floyd. 

En el otro muro, siete cuadros. Un Bochner, un Alechinsky (dedicado «à Hergé, source d'images»), un Dubuffet.

Me siento en un rincón a observar qué hace la gente. A la izquierda la biblioteca, a la derecha la pinacoteca.

Hay quien entra y vuelve en seguida sobre sus pasos. La mayoría comienza por darle una mirada opaca al muro de los cuadros y se acerca en seguida a observar las carátulas de los discos y a leer los lomos de los libros. Una persona va y lee la lista con el nombre de los cuadros y sus autores. Pero en veinte minutos —durante los cuales habré visto pasar a varias decenas de visitantes— nadie se acerca a mirar los cuadros. Ni con detención ni sin detención.

Ya sé que veinte minutos no son nada, que se trata de un museo de historietas, que la gente ha ido a pasar el rato —como yo— y no a ver pintura abstracta, que no hay conclusión alguna que extraer en una tarde de lluvia un domingo de marzo. 

Aun así, la próxima vez que alguien me hable de la preeminencia de la imagen en la cultura contemporánea le diré lo que por lo demás me paso el día diciendo: mira, depende...

Capture d’écran 2016-03-06 à 17

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samedi 8 août 2015

El cholescuincle dormido

Museo de los impecunes, gratuito el primer miércoles del mes. Turno del Museo de arte e historia en Bruselas. Un paseo de 90 minutos por las salas griegas y americanas con brevísima siesta incluida.

Inevitable comparación entre la manera de griegos de la Antigüedad y americanos precolombinos de representar la anatomía humana: los europeos tienden a la proporción en relación a lo real y los americanos a la desproporción: exagerando, como en las cabezas olmecas, y a menudo empequeñeciendo, como en las cabezas jibarizadas.

Ocurre también con los animales. Notable proporción de las formas animales y humanas —salvo tal vez en el culo espiralado del cazador— en el mosaico de caza de la ciudad grecorromana de Apamea, en Siria. Notable no sólo por eso, desde luego. Apamea que, por cierto, ha sido bombardeada, saqueada y vuelta a saquear durante la guerra siria en curso.

Source: Externe

Inevitable para un tintinófilo como mi tío detenerse a rezarles al fetiche arumbaya de La Oreja rota y a la momia despeinada de Las Siete bolas de cristal. La estatuilla no es amazónica, como la presenta Hergé, ni nazca, como la presentó inicialmente el museo, sino chimú, de la árida costa norte peruana. Errores de atribución debidos en parte a lo lejos que les caía Iberoamérica a los arqueólogos belgas. Y al propio Hergé que, por imperativos narrativos, necesitaba presentar un continente sincrético, un revoltijo azteca-quechua-mapuche, una suerte de sueño bolivariano cumplido en la historieta.

Todo eso y más, pero el sentimiento que prevalece es la incomprensión por no encontrar encabezando la lista de las 84 obras maestras del museo al perrillo mejicano en forma de cántaro, al precioso cholescuincle dormido.

Source: Externe

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samedi 29 décembre 2012

Tintín en su museo

El Museo Hergé fue inaugurado en mi pueblo hace ya más de tres años pero hasta ahora nunca había puesto un pie en él. Un poco porque el reemplazante de Hergé en el corazón de su mujer tiene fama de pesetero, otro poco porque los únicos que no van a Roma son los romanos, como reza un famoso adagio que me acabo de inventar.

El cuento es que ayer fui y el tiempo de la visita se me hizo corto. He admirado suficientemente el edificio desde el exterior, pero el interior está mejor de lo que imaginaba y su descripción pone a prueba mi reducido vocabulario geométrico. Líneas rectas y muros torcidos que abren espacios superpuestos como si se tratase de un paisaje.

En un museo lo que hay que hacer es mirar y callar (o a todo lo más cuchichear). En este caso, mirar de cerca unos bocetos sobre la mesa de trabajo de Hergé, unas viejas fotos a través de unos view magics, las portadas de los álbumes de Tintín traducidos a las lenguas más remotas.

Y recordar que una vez escribí una tesina sobre Tintín en Sudamérica, continente que Hergé ve como una falsa Europa y cuya diversidad representa a través de un sincretismo que ya se quisiera para sí el bolivarianismo. Algo dije también en esas páginas sobre la impureza del mestizo bifronte, chueco por antonomasia, frente a la rectitud del europeo, personificado por Tintín, y a la llaneza del indio de pura raza, representado por el alter ego sudaca de Tintín, el indiecito Zorrino.

También sobre el museo, puesto que la primera aventura sudamericana de Tintín, La oreja rota, se abre con una visita al museo etnográfico, de donde alguien roba un fetiche indígena sudamericano y restituye otro igual, pero falso. El museo etnográfico presenta objetos verdaderos sacados de su contexto. Este museo de Hergé-Tintín, representaciones de esos mismos objetos. El falso fetiche introducido en el museo etnográfico anunciaba, pues, a su manera, la existencia futura de este museo que ahora visito.

MH

Photo © Nicolas Borel - Architecte Christian de Portzamparc

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PS/ Busco lo publicado en este blog sobre Hergé y encuentro este Tintín tontón. Estos periodistas...

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dimanche 20 mai 2007

Tintín tontón

Una ley de hierro del periodismo puede formularse más o menos así: mientras mejor se conoce la realidad descrita, mayores parecen las inexactitudes y más groseros los errores en que incurre el periodista. Para muestra, esta crónica sobre el creador de Tintín publicada hoy en La Nación de Santiago de Chile.

SE CUMPLEN 100 AÑOS DEL NACIMIENTO DE HERGÉ, EL PADRE DE TINTÍN

Georges Remi (Hergé) sólo dibujaba sitios que conociese. Esa cláusula de sus contratos lo llevó a los Andes, la Rusia comunista o el Congo Belga.

[Hergé nunca viajó a los Andes, ni a Rusia, ni al Congo].

...Tintín, extensión siniestra –para algunos– de la escuela de la “línea clara”, que busca la comprensión máxima de la historia. Ese fue el principal aporte de Bélgica al universo de la historieta mundial.

[Fue Hergé quien inventó la “línea clara”. Mal podría ser su extensión, diestra o siniestra].

Como las grandes gestas, “Tintín en el país de los soviets” (1929), fue un encargo del abate Norbert Wallez, director del periódico católico “Le Vingtième Siècle” y activo anticomunista. Una estrategia que buscaba fidelizar a un público infantil y de paso aleccionar a los lectores con la primera aventura del reportero y su perro Milú. El éxito fue inmediato y Hergé se convirtió en un rockstar que emulaba a su personaje paseando con un pequeño fox terrier, aclamado por la multitud en las plazas.

[Es verdad que Hergé fue un precursor, pero de ahí a convertirse en rockstar en 1929... Mejor no sigo porque atosigo]. 

tintin

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