jeudi 14 mars 2013

Mi romántico alemán

Mi tío leyó cuando joven las obras completas de Hermann Hesse en uno de esos magníficos libracos que publicaba Aguilar y, cuando fue mi turno de ser joven, me lo regaló. Me lo leí de principio a fin, de Peter Camezind al Juego de abalorios, o sea. Tiempo después me regaló el Elogio de la vejez. Al principio, me resistí a leerlo. Un poco por el título y otro poco por el aire new age que Hesse había ido adoptando. Pero de esto, él no tendrá la culpa. ¿O sí?

Elogio de la vejez son poemas y apuntes escritos en sus últimos años. La mayoría de las ediciones llevan en la portada una foto del autor con su nieto, imagen que recuerda al famoso cuadro de Ghirlandaio, más por el paisaje alpino que por la nariz del anciano.

G

Lo cierto es que he leído el libro y no me arrepiento. Se me ocurren dos perogrulladas. Una, que el Premio Nobel no lo regalan.

Y dos, que todos tenemos un alemán romántico de cabecera. Y el mío, por lo visto, es Hesse, a pesar de que a éste no le hubiese gustado que lo considerasen romántico y se pasó la vida tratando de ser suizo. Un romántico alemán de cabecera, esto es aquél que asoma cuando damos un paseo solitario. Vamos solos, sí, pero un romántico alemán se nos posa en el hombro y nos comenta el paisaje.

Mi romántico alemán es muy humilde y extremadamente soberbio. De Nina, una vieja campesina del Tessino, escribe: Con aire burlón de camarada me observa. Conoce al lobo estepario, sabe que soy un signore, un artista, pero sabe también que en mi vida ya no pasa casi nada interesante. Hesse, el humilde. Y el arrogante, más adelante: Sólo hay jóvenes y viejos entre los mediocres. Los seres bien dotados son al mismo tiempo jóvenes y viejos.

Y esto: Los jóvenes a quienes uno puede imaginar como viejos serán precisamente los viejos más interesantes. Esta afirmación está traducida completamente al revés en la versión española publicada por El Aleph, lo que confirma una vez más la evidencia de que la humanidad va a la izquierda o a la derecha según le pete al traductor.

Ser joven es estrechar contra su propio pecho a una hermosa muchacha, escribe Hesse. Ser viejo consiste en estrechar contra su pecho una obra de Goethe.

Por lo visto, su romántico alemán era Goethe.

Posté par Josepepe à 16:40 - Commentaires [18] - Permalien [#]
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