samedi 5 avril 2014

El 8.2

El martes 1 de abril sobre las nueve de la noche, en Iquique, en el norte de Chile, la tierra se echó a temblar. El remezón alcanzó el ribete de 8.2 grados Richter.

Un temblor de esa magnitud son palabras mayores y, sin embargo, el terremoto se saldó sólo con seis muertos, uno de ellos por aplastamiento. Los daños ocasionados por la sacudida pueden considerarse menores en relación a su intensidad (el 8.2 de Iquique se cuenta entre los mayores sacudones registrados desde que hay registros fiables), y cabe preguntarse por qué.

La región tocada por el seismo, el llamado Norte grande chileno, está poco poblada y abriga sólo a unas cuantas ciudades portuarias rodeadas por el desierto de Atacama. Las normas de construcción antisísmica en vigor en Chile son estrictas y, por lo visto, se cumplen. A los estudios de suelo se suman la exigencia de la utilización de hormigón armado y la instalación de disipadores de energía que permiten que las edificaciones se acompasen con el movimiento de la tierra. Por último, una acumulación de saber ancestral reformateado por normas de gestion actualizadas dan como resultado una cultura sísmica que hace que la población no agrave con su descontrol el desacato natural.

«Un terremoto echa abajo en un instante las más firmes ideas» escribió Darwin, a propósito del terremoto de 1835, que lo encontró en tierra chilena. No todo el mundo tiene ideas para verlas derrumbarse. Sensaciones, sí, y muchas. Y la gente no se priva de comunicarlas. A este, el temblor lo pilla en el techo, a la de más allá en el subterráneo.

O en el trono. Como a Michele Bachelet, quien despidió su gobierno anterior, en febrero de 2010, con un 8.8 y recibe su segundo mandato con un 8.2. Si la gestión del primero por parte de su gobierno fue considerada como calamitosa, en este parece estar haciéndolo mejor. Un objetivo modesto, pero considerable.

I

Iquique, desde la duna

Posté par Josepepe à 12:12 - Commentaires [9] - Permalien [#]
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