jeudi 1 décembre 2016

Gran Hotel Othelo

Hoy comienza el invierno que ya comenzó y que en cierta medida no termina nunca bajo esto cielos. El solsticio de invierno llegará dentro de veinte días marcando el fin de la reculada de la luz y su lento retorno. Un par de veces, de regreso del verano austral, borracho de sol en pleno enero, viendo al avión adentrarse en la fría oscuridad del noreste me he preguntado si estoy bien de la cabeza. 

El cuento es que una de estas noches vi Winter sleep. En pleno invierno, en medio del paisaje roto de la Anatolia central, un hombre avejentado escribe columnas que no leerá nadie. Alguna vez creímos que serías mucho más de lo que has sido, le dice su hermana, con esa crueldad fría que la tibia familiaridad consiente. Su mujer, por su parte, intenta paliar la pobreza ambiente a través de una especie de ONG informal. Hasta ahí llegan los parecidos porque nuestro hombre es rico y su mujer joven.

Cuando me levanté del sillón habían pasado más de tres horas, ya era más de medianoche y yo estaba hambriento porque no había cenado. Hacía tiempo que el cine no me jugaba una pasada así. Cuando niño, entraba al mediodía a la función cuádruple del cine Avenida Matta y salía hacia las ocho sin saber ni cómo me llamaba. Ahora uno cree tener las ficciones bajo control y, sin embargo, cualquier noche una historia turca le altera el programa.

Winter sleep se apoya en tres relatos de Chéjov y en un descenlace de Dovstoyevski para contar no mucho más que el lento discurrir de los días en un sitio remoto. Y entreabrir el alma de sus personajes. No suelo permitirme frases así pero a ratos creía estar leyendo un libro de Coetzee. En un momento de tensión aguda, dos personajes, a punto de irse a las manos, resuelven la situación soltando sendas citas de Shakespeare. A lo Marías, o sea, y con música de Schubert.

En fin, para no embalarme más ni largar destripes, acabo con una simpleza. Nuestro personaje, que fue actor cuando joven y es un celoso de cuidado, de esos que están seguros de no serlo, posee y atiende un pequeño hotel rural: el Hotel Othelo.

Palma de oro en Cannes. Qué menos.

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samedi 15 novembre 2014

Las calles

Cuando pasa el tiempo, lo real adopta un aspecto de ficción, y será ese el sino de nuestros retratos. Eso dice Javier Marías. Lo recuerdo viendo la foto de este hombre caminando por Santiago de Chile.

Esas son las calles por donde anduvo también Antonio después de desembarcar de un navío genovés y del tren trasandino y haber pernoctado los primeros días en el Hotel España de la calle Morandé, a dos pasos del lugar de la foto, tras un mes de travesía de la meseta castellana, el océano Atlántico, la pampa argentina y la cordillera de los Andes, de dejar atrás su pueblo, las ciudades de Oviedo, Madrid y Barcelona y los puertos de Santos y de Buenos Aires.

Mucho hablé con él, años más tarde, caminando precisamente por calles como la de la foto. Ahora que ya no puedo preguntarle nada más, cuánto me gustaría escucharlo contar algún intersticio de ese viaje, cualquiera, el que él eligiese.

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samedi 11 octobre 2014

La mejor novela de Marías suele ser la última

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Javier Marías parece escribir siempre la misma novela, una variación sobre la novela de Javier Marías. Y ya son doce. Así empieza lo malo tal vez sea la mejor de la docena, no sólo por ser la última -se conoce la propensión de ciertos clientes a preferir lo más reciente. También porque siendo el suyo un proyecto de novela única o de variación sobre el tema de una misma novela, es natural que la versión vaya mejorando, con la excepción notable de Mañana en la batalla piensa en mí, que sigue siendo, en el horizonte de este proyecto, una cumbre anticipada. 

En esta última, más y mejor que en otras anteriores, la intriga, la gana de conocer lo que viene y de saber por qué lo que sucede ocurre así y no de otra manera, la comparte el lector con el narrador, de manera que por ahí la novela avanza como la arena por la cintura del reloj, sin que las consideraciones del autor en torno al comportamiento de los protagonistas, sus repeticiones incluso, demoren la acción. Más bien, le hacen ganar espesura. La literatura, afirma el narrador, es la única manera de explicar lo que por otra parte resulta inexplicable.

Tampoco es que no sobren un par de páginas de las 535 que cubre la obra, lo que no afea sin embargo el conjunto, notable en toda la línea. Así, cuando la intriga afloja porque la verdad llega, el desenlace sorprende y se asienta con aplomo. Como soy porfiado, detrás de este desenlace veo, tal como vi en Mañana..., el asuntillo de la paternidad, del cómo y por qué enrevesados caminos se convierte uno en padre, o en el padre. Y, desde luego, podría el lector ponerse pesado y hacer una lectura marcadamente psicoanalítica. Pero para qué. Baste con decirse que también en este terreno el narrador, el joven Juan de Vere, no esconde su repertorio para que el resultado sea elocuente.

No le falta humor a Así..., aunque tampoco le sobra. O será que no a todos nos hacen gracia las mismas cosas. El personaje del profesor Rico, por ejemplo, debe de ser desternillante para el profesor Rico. A mí, en cambio, me hizo gracia la escena del narrador frente a un santuario pinochetista trepado a un árbol (a un árbol madrileño, de los mismos que pierden sus ramas con tan trágica frecuencia últimamente, a un árbol y no a un plátano oriental, ni a una acacia, ni a un arce), obligado a explicarse luego con una monja tocada por una cofia como de pájaro de papiroflexia, muy felliniano todo.

Hay repeticiones, ya está dicho, y algunas son muy logradas, como este diálogo del hombre mayor con el que fue cuando joven, una suerte de concentrado del Otro borgeano. Así sea sólo por él, vale el libro entero. Pero es que hay mucho más:

« Fíjate bien en esa experiencia y no pierdas detalle, vívela pensando en mí y como si supieras que nunca va a repetirse más que en tu evocación, que es la mía; no podrás conservar la excitación, ni revivirla, pero sí la sensación de triunfo, y sobre todo el conocimiento: sabrás que esto ha ocurrido y lo sabrás para siempre; cáptalo todo intensamente, mira con atención a esa mujer y guárdalo a buen recaudo, porque más adelante te lo reclamaré, y me lo tendrás que ofrecer como consuelo ».

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Lista de las últimas ocho novelas de Marías ordenadas según la preferencia de este lector:

Mañana en la batalla piensa en mí
Así empieza lo malo
Negra espalda del tiempo
Tu rostro mañana 
Los enamoramientos
Corazón tan blanco
Todas las almas
El hombre sentimental.

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dimanche 28 septembre 2014

Voy y vuelvo

Vengo de comprar una guía de la isla donde me iré a leer Así empieza lo malo, que también compré, así como un libro de Coetzee, el único que aún no he leìdo. Cuando acabe El Maestro de Petersburgo tal vez escriba unas líneas que llame Para leer a Coetzee, o Leer a Coetzee, o Coetzee. El primer capítulo del Maestro... debe de estar entre lo más triste que he leído en mi vida, y esto último es un elogio. Para alegrías, ya tenemos suficientes con las que nos trae el día a día. 

De paso me detuve a observar a la gente que, como dice Marías, así, en general, está loca.

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dimanche 24 mars 2013

El retrato

Daniel Mordzinsky, fotógrafo de escritores, guardaba su archivo fotográfico en un despacho que Le Monde cedía al corresponsal de El País en Francia. La semana pasada, el diario parisino quiso dar a ese lugar otro uso, dice haber avisado al corresponsal concernido de la medida y, como éste no dio señales de vida, haber ordenado a un empleado que desocupara el despacho, lo que éste último hizo y de paso arrojó el archivo fotográfico de Mordzinsky a la basura. Miles de retratos de escritores tomados durante varias decádas de trabajo desaparecieron de un plumazo.

El lamentable incidente ha incendiado las redes sociales, que son tan inflamables como extinguibles. De entonces ahora, otros incendios las mantendrán inquietas. Aparte de lamentar el sucedido, como hace hoy Vargas Llosa, me he acordado de un percance de otro cariz, el del colchón inflamable.

También, de los libros que Javier Marías ha dedicado a los retratos de sus colegas (Vidas escritas y Miramientos), de los que hablábamos en este blog recientemente. A uno de esos retratos, el de Beckett en 1964, de Jerry Bauer, le dedica unas líneas Coetzee en su Diario de un mal año. «¿Realmente decidió Beckett por su propia y libre voluntad sentarse en un rincón, en el cruce de tres ejes dimensionales, mirando hacia arriba, o el fotógrafo lo persuadió de que se sentara ahí?», se pregunta Coetzee. A partir de ese retrato y, probablemente, de su propia experiencia como material retratable, Coetzee extrae la siguiente conclusión paradójica: cuando más tiempo tiene el fotógrafo para hacer justicia a su modelo, tanto menos probable es que le haga justicia.

O, dicho de otra manera, el mejor retrato suele ser el del pasaporte.

B

 

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lundi 18 mars 2013

Un restorán costumbrista

MM cuenta haber presenciado dos brevísimos episodios entrelazados, ambos protagonizados por Lira. Sería el otoño del año 1981, el último de Lira, cuando un restorán costumbrista con veleidades literarias organizó unas jornadas poéticas a las que Lira fue invitado a leer o a declamar. Antes de subir éste al escenario, su madre tuvo el cuidado de cerrarle la bragueta.

Al final del sarao, en el estacionamiento del local, el dele-dele la versión local del gorrillas madrileño guió hacia la salida, con señas, a MM, que conducía. Al momento de dar una propina, Lira que tenía aspecto, maneras y lenguaje de gran señor se adelantó a MM y desde el asiento trasero entregó al dele-dele una sola moneda de ínfima cuantía, diciéndole: «Tome, buen hombre, para que se dé un gusto».

S

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dimanche 10 mars 2013

El joven Marías

Estamos a 31 de marzo de 1989. El primer ministro español, Felipe González, preside por esos días la Unión Europea, y Bernard Pivot lo invita a su celebrada emisión literaria de la televisión francesa, Apostrophes y, para hablar de libros, de literatura peninsular, le pide que invite a dos novelistas españoles.

Así comparecen ese viernes por la noche al plató de Antenne 2, González, su entonces mujer Carmen Romero, Eduardo Mendoza y Javier Marías. Pivot, por su parte, ha invitado al cervantista Jean Canavaggio y a Marc Lambron, quien, tras un periodo como diplomático en la capital de España, había publicado L'Impromptu de Madrid.

Ha pasado casi un cuarto de siglo desde entonces. Como siempre en relación al tiempo, parece más y parece menos.

Aunque tal vez más que menos. Un primer ministro español con tenue europea, que habla de Camus y de Cervantes con propiedad y recita a Machado y a Lorca... La España invertebrada, que describió Ortega, vuelve a vertebrarse a través de una nueva generación que encabeza González, afirma para la ocasión Lambron... Qué distante suena todo eso, de cara a la pesantez del presente.

Pero, bueno, no hemos venido a quejarnos sino a alabar el buen ojo de González a la hora de escoger a sus lugartenientes.  Mendoza ya era un novelista consagrado y su último libro publicado entonces, La ciudad de los prodigios, es su obra más leída y celebrada. Marías, en cambio, era aún una joven promesa que escribiría sus mejores libros en los años venideros.

Eso explica el título de esto, El joven Marías, y también porque llegamos al recuerdo de este programa, y a la búsqueda de su grabación, hablando en este blog de Marías. Demoré en cumplir con la promesa de traerlo aquí, y agradezco a mi amigo Simon el haberme echado una mano para conseguirlo. Está en dos partes. La primera, consagrada principalmente a Felipe y a Mendoza. La segunda, al joven Marías. Para ver ambos, el pasaporte es JM.

M

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vendredi 15 février 2013

El mechón gris

Sus días y sus horas vuelan por encima de nuestras cabezas como nubes ligeras de un día ventoso, para nunca más volver. Todo se precipita: mientras tú te rizas ese mechón, ¡mira!, se hace gris. Y cada vez que te beso la mano para decirte adiós, y cada ausencia que sigue, son preludios de esa separación eterna que pronto habremos de padecer.

La vida y las opiniones del caballero Tristram Shandy, de Laurence Sterne, traducción de Javier Marías.

E

Óleo de C. W. Eckersberg

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vendredi 8 juin 2012

¿Qué clase de novelista soy?

Javier Marías en Bruselas el 7 de junio de 2012 presentando la traducción al neerlandés de Los Enamoramientos (De Verliefden) la noche de apertura del Festival de literaturas.

El lugar es el studio 4 de Flagey, donde tocaba la orquesta en la época de gloria de la radio. Lleno. Presentación trilingüe a cargo de dos apuestas jóvenes y entrevista, en francés, con Christine Defoin.

Quien abre la entrevista por lo consabido, la biografía, la experiencia de la traducción, la influencia de su padre, Julián Marías. En cuanto hace la primera pregunta sobre Los Enamoramientos, la entrevistadora se siente a sus anchas y encadena preguntas remanidas y consideraciones perfumadas al agua de rosas. Marías responde con cortesía contenida en un francés correcto, buscando a veces la palabra justa. Tampoco en eso acierta la entrevistadora, incapaz varias veces de dar con el equivalente francés de algún concepto que Marías rebusca. (No es la semana de las entrevistadoras literarias. Tras la contreperformance de Julia Otero con Mario Vargas Llosa días atrás en la televisión española, Dufoin, entre otros desaciertos, propone clochard como equivalente de gorrillas (aparcacoches) ).

Marías tiene fama de ser algo engreído, pero en Flagey se muestra suelto y hábil para conectar con un público de fieles lectores. Una pregunta desastrosa como ¿Es el amor entrar en el teatro del otro? obtiene del escritor madrileño una estupenda respuesta sobre el sentido de la ficción: Necesitamos la ficción, incluso quienes no leen novelas ni van al cine observan las vidas ajenas, se interesan por los demás. Y nos interrogamos en clave de ficción también sobre la vida de quienes nos son próximos: qué hacen y por qué. Incluso sobre nosotros mismos, porque no sabemos todo sobre nosotros mismos, aunque sí sepamos que también somos lo que no hicimos, lo que no nos atrevimos a hacer.

La impunidad es uno de los asuntos que trata Los Enamoramientos, apoyándose en el paralelo de la historia que cuenta con la nouvelle de Balzac, El Coronel Chabert, según el propio Marías. Es fácil que la gente se deje arrastrar al crimen por contagio, pueblos enteros han desbarrado por esa vía. Pero el hecho de que a la distancia de miles de años y de kilómetros dos personas, sin influirse mutuamente, tengan la misma idea del crimen, es más inquietante. 

Al final aparece también el reino de Redonda, esa isla caribeña poblada por cabras, culebras y fantasmas, de la que Marías se ha convertido en rey. Si lo novelesco me llega y no lo acepto, ¿qué clase de novelista soy?, se pregunta. 

No hay ronda de preguntas del público al final de la entrevista (una pena, llevaba tres, y muy buenas porque no eran mías), pero sí firma de libros. Formamos fila pacientemente muchas señoras de múltiples nacionalidades, algún joven y un añoso caballero (mi tío). Que no le tiende Los Enamoramientos, sino Ven a buscarme.

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dimanche 19 février 2012

Suicidio por encargo

Cuando leí Los Enamoramientos me pareció una gran novela, como todas las de Javier Marías, a pesar de que el asunto era inverosímil, de que la trama, para decirlo en chileno, guateaba.

Un hombre feliz, guapo, inteligente y rico (por orden alfabético) se entera de que va a morir a causa de una enfermedad espantosa y le pide a su mejor amigo que le ahorre el fin horrendo y lo mate cuanto antes, sin que él se entere de la manera. El amigo manipula a un perturbado para que acabe con él, lo que este último hace el día en que el hombre feliz cumpe cincuenta años. 

Inverosímil, por donde lo mires. Y, sin embargo, el diario cuenta hoy la historia de un doble suicidio por encargo, que me ha recordado a Los Enamoramientos. En Colombia, el lugar de los hechos, valerse de sicarios para despachar a alguien es moneda corriente. Lo novedoso del caso es que quienes encargan el crimen son las propias víctimas: una pareja de curas, uno de ellos enfermo de sida.

Podría hacer un par de consideraciones sobre esta triste historia, pero el que se arrepiente se salva, como dice la Iglesia colombiana. Bueno, una sola: Los sucesos policiales proveen probablemente el material más empático o, al menos, el más mimético de los que trae el diario, el más parecido al que acerca la literatura. El lector de crónica roja no puede por más que preguntarse: Y este sayo, cómo me lo pongo. Yo, qué haría si estuviese en una situación como ésa. Más aun que en la sección Deportes o en la páginas de color salmón que, por cierto, también abundan en sayos para todas las tallas.

Para volver a la novela de Marías, la mejor del 2011, según la lista de Babelia, la historia no mejora a posteriori gracias a este refuerzo imprevisto de la realidad. Esa relación entre realidad y relato debe producirse en el momento mismo de la lectura y no después. Y cuanto menos sea necesario preguntarse por ella, mejor. Como si de crónica roja se tratase.

JM

Javier Marías, por Gorka Legarceji

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