vendredi 27 janvier 2012

El tataranieto

Esta primavera hay elección presidencial en Francia. Los sondeos sostienen que, de realizarse hoy, el candidato socialista François Hollande resultaría ganador por un amplio margen. Tras vencer en las eleccciones internas del PS francés, abiertas a los simpatizantes del partido, Hollande ha comenzado su campaña con un masivo mitín el domingo pasado en París.

Sarkozy, su adversario, prefiere esperar a que el empuje de Hollande decaiga antes de lanzarse a su vez al asalto. Hacer campaña consiste en hablar, en prometer, forzosamente en meter en algún momento la pata. Mientras tanto, mientras espera turno, Sarkozy mete la pata por su parte.

Meter la pata suele consistir en exhibir la propia ignorancia o el inconsciente. O ambos. Sarkozy dijo, días atrás: Si soy derrotado, dejo la política y ustedes no volverán a oír hablar de mí. Mejor publicidad para sus adversarios no podría haber.

Pues bien, Hollande no nombra jamás a Sarkozy. Sarkozy (1.65m) por su parte llama a Hollande, que lo supera por pocos centímetros, le petit. Hollande, digo, no nombra a Sarkozy pero cita a Shakespeare. Como se suele criticar a Hollande por su falta de vuelo, en el mitín parisino del pasado fin de semana quiso arrimarse al maestro inglés para infundir altura poética a su propósito: Ils ont échoué parce qu’ils n’ont pas commencé par le rêve (Han fracasado por no haber comenzado por los sueños), afirmó. Ya se quisiera uno campañas presidenciales en que los candidatos se fustigasen a punta de citas poéticas.

Javier Marías usó en varias de sus novelas el truco de llamarlas con un verso de Shakespeare, sin citarlo, y esperar a ver a cuántos críticos se les escaparía la referencia. En este caso, la referencia explícita no se le escapó a nadie. El problema es que nadie tampoco la encontró en las obras del dramaturgo inglés. Los académicos fueron formales, esa cita textual no es de William Shakespeare.

La Red tiene estas cosas, que permite encontrar fácilmente por dónde circulan los memes. En este caso, la cita ya había sido usada por otros prohombres socialistas franceses. Un periodista inglés dio con la clave: la cita es de Shakespeare, pero no de William sino de Nicholas, novelista inglés y tataranieto del bardo.

Con las citas tomadas de internet hay que andarse con cuidado, Hollande también debería leer el Camino de Santiago. Pero este desliz no le costará ni un solo voto, probablemente. A quién le preocupan estas historietas de salón cuando resulta que todos los parados de Francia no caben en Roma. Pero vendrán otros. Y tendrán sus ojos.

S

Shakespeare joven, según un programa de tratamiento de imágenes

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lundi 26 décembre 2011

Los pormenores

Diario de Chile (8)

Hace treinta años, tal día como hoy, tal mediodía como éste, se mató Rodrigo Lira. Como se sabe, Lira esperó el día y la hora de su nacimiento, su cumpleaños número 32, para abrirse las venas y dejarse ir. 

En Los Malditos, una colección de perfiles de escritores regrupados bajo tan bendito rótulo, el perfil de Lira lo compuso Óscar Contardo, a quien le conté mis pormenores sobre ese 26 de diciembre de 1981. Son estos:

En los días previos, le había encargado una traducción para La Bicicleta. Me dijo que esperaba que esa pega lo sacaría del pozo en el que se sentía. El día en cuestión, y como era su cumpleaños, compré una docena de chilenitos y me fui a su casa a saludarlo, a media tarde. Hacía muchísimo calor. Hice como siempre, fui por detrás del edificio y silbé hacia el balcón la melodía ritual, el inicio de los Cuadros de una exposición, de Mussorgsky. Pero no se asomó, como hacía, para intercambiar un gesto de reconocimiento antes de ir a abrir la puerta. Entré al edificio entonces y golpeé a la puerta. Desde dentro, escuché ruidos y a una voz formular una frase ininteligible. Supongo que sería uno de sus hermanos. Salí a la calle y me di cuenta de que en la esquina había una pareja de carabineros. A todo esto, yo seguía con mi paquete de chilenitos en la mano, un paquete de papel blanco amarrado con blanca pitilla.

En la última novela de Javier Marías, Los Enamoramientos, un personaje muere justo el día en que cumplía años, como Lira. ‘El mundo deja entrar y hace salir a las personas demasiado en desorden para que alguien nazca y muera en la misma fecha’, dice alguien. ‘No tiene el menor sentido, precisamente por parecer que lo tiene’.

El funeral fue en una iglesia de calle Manuel Montt y el entierro en el Cementerio general de Santiago. Frente a la tumba, según su voluntad, la familia plantó un ilang-ilang. Unos días más tarde, sus padres nos invitaron a Roberto Merino y a mí a su casa y nos obsequiaron con un par de libros suyos como recuerdo. En mi caso, un tratado de tipografía y El pensamiento salvaje, de Lévi-Strauss.

L

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samedi 14 mai 2011

Flores de Miraflores

Anoche se debatía en lo de Sheriff Lobo a propósito de la anglosajonización por la vía botánica de los novelistas hispanos. Pero, mira, depende. Mira Marías, ni una mísera brizna de hierba en sus trece novelas. Y mira Mario, en cambio, tan anglófilo como Marías, y es capaz de escribir así:

«Todavía no había edificios en el Miraflores de comienzos de los años cincuenta, barrio de casitas de una sola planta o a lo más dos, de jardines con los infaltables geranios, las poncianas, los laureles, las buganvillas, el césped y las terrazas por las que trepaban las madreselvas o la hiedra, con mecedoras donde los vecinos esperaban la noche comadreando y oliendo el perfume del jazmín. En algunos parques había ceibos espinosos de flores rojas y rosadas, y las rectas, limpias veredas tenían arbolitos de suche, jacarandás, moras y la nota de color la ponían, tanto como las flores de los jardines, los amarillos carritos de los heladeros de D'Onofrio, uniformados con guardapolvos blancos y gorrita negra, que recorrían las calles día y noche anunciando su presencia con una bocina cuyo lento ulular a mí me hacía el efecto de un cuerno bárbaro, de una reminiscencia prehistórica».

F

Flor del árbol del suche de Miraflores, plumeria, frangipanero o flor de los templos

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lundi 2 mai 2011

Una caja de galletas

Hago un alto en la lectura de Los Enamoramientos, la última novela de Javier Marías. El capítulo central, donde se define al enamoramiento como el resultado de una rifa en una feria de pueblo cuando termina el verano, es particularmente bueno y me cuesta dejarlo atrás. Aprovecho entonces para abrir un paréntesis sin salir del todo del libro y leer Ven a buscarme, un relato para niños que Marías acaba de publicar.

No le le faltan, a pequeña escala, los componentes habituales de las novelas del autor: Una mujer con nombre de pila castellano y apellido extranjero (Celia Aller, en este caso), un fantasma encerrado en una caja de galletas, una aventura sentimental.

Alguna vez defendí la idea de que una de las mejores novelas de Marías, Mañana en la batalla piensa en mí, trata sobre la paternidad, o sobre su posibilidad. Y ese niño podría venir con nosotros, dice el protagonista al final de esa novela. De eso trata Ven a buscarme, desde el punto de vista inverso, el de una niña.

V

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vendredi 22 avril 2011

Memento mori

 Somos muertos de prestado, dice María, la narradora de la última novela de Marías, que voy leyendo tarde por las noches y temprano por las mañanas. Y fue más o menos eso lo que pensé mirando el óleo del monje en su cubículo, con su libro y su calavera, ayer en Santillana.

En la novela mariana hay un crimen absurdo, como casi todos los crímenes, y muere un hombre justo el día en que cumplía cincuenta años. ‘El mundo deja entrar y hace salir a las personas demasiado en desorden para que alguien nazca y muera en la misma fecha, con cincuenta años de por medio, justo cincuenta’, dice la mujer del muerto. ‘No tiene el menor sentido, precisamente por parecer que lo tiene’. Un amigo mío, del que hablo a menudo aquí, murió el mismo día en que nació y a la misma hora, pero en su caso la fecha y la hora las decidió él mismo. Y no eran cincuenta los años, sino sólo treintaidós.

En fin, que hoy es viernes santo y me río mucho leyendo novelas. Y aunque no me encierro en mi cubículo ni tengo una calavera a la mano, como el monje del óleo de Santillana, no por eso me privo de mi memento mori.

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lundi 29 novembre 2010

La sensación

El retrato de los mandamases mundiales que se desprende de los documentos secretos de la diplomacia norteamericana develados por Wikileaks es ácido para Le Monde, corrosivo, según El País. Lo ácido, lo corrosivo, lo desagradable: Berlusconi, Sarkozy, Gadafi, Putin.

El servicio de inteligencia para el cual trabajaba Deza en Tu rostro mañana, de Marías, establecía retratos de los mandatarios sobre la base de una lectura de sus rostros. Es de agradecer que se limitara a los rostros y no considerara otras partes de su anatomía. Hay cuestiones que es mejor no ver, ni siquiera imaginar. El retrato de Berlusconi por Pérez Nuix es de 2002, y el tiempo lo empeora todo.

G

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dimanche 3 mai 2009

Delete

Dice aquí que, de haber existido internet y la telefonía móvil, los enredos más célebres de la literatura no hubiesen tenido lugar. Lo cierto es que antes no había tales canales y ahora los hay, y tanto resuelven enredos como los crean. El enredo de Mañana en la batalla piensa en mí pasa por el contestador automático. En Caos calmo hay un enredo incubando en el correo electrónico de la mujer (que, como la protagonista de Mañana..., acaba de morir). El hombre  no puede dejar de abrir el correo de la difunta y leer el primer mensaje, que resulta ser tan desaforado que el hombre decide borrar todos los que siguen.

Por mi parte, he oído relatos sobre suicidas que pulsan delete y desaparecen para siempre.

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dimanche 26 avril 2009

Lord Cochrane

Museo del mar fantasma >

Antes que nada, antes que sus títulos, sus hazañas, su memoria, su museo fantasma, Lord Cochrane es para los santiaguinos una calle entrañable y sin encanto del Santiago viejo, ahogada por el intenso tráfico de los microbuses.

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jeudi 9 avril 2009

El confianzudo

Berlusconi_Medvedev_Obama

I
nforme de Pérez Nuix sobre Silvio Berlusconi (2002):

'Este individuo es esencialmente un pelmazo, a juzgar por los vídeos en que se le ve acompañado en cumbres políticas con otros mandatarios o en actos sociales más frívolos. En realidad su comportamiento es el mismo en unas y en otros, sólo que en aquellas finge ser el anfitrión siempre (aunque esté en el Canadá, digamos) y en éstos probablemente lo sea, por lo menos en los de Italia, se apropia de ellos aunque sea sólo un invitado. Cuando se reúne con otros jefes de Gobierno, se nota que en el fondo se siente un intruso, y es su conducta desenvuelta y jacarandosa -como si fuera el anfitrión o el baedeker en todas partes, insisto- lo que delata su inseguridad última; es como si temiera que en cualquier instante pudiera acercársele un chambelán y le susurrara con discreción, al oído, que ha existido un lamentable error y que debe abandonar la sala, el despacho, el almuerzo, la cumbre, el baile. Su contento y su desparpajo invariables son excesivos, un subrayado en rojo. Parece como si le salieran espontáneos, casi involuntariamente, y no es así: está llevando a cabo un permanente esfuerzo (sólo rebajado por la costumbre) y una representación, por supuesto. Su sonrisa enloquecida (por constante), sus chistes, sus pequeñas payasadas, sus abrazos y palmadas, su confianzudismo, su hiperactividad tan trivial como superflua son tremendamente voluntaristas. Es como si estuviera diciendo a cada momento (a sus colegas políticos, a las cámaras, a los fotógrafos, a los telespectadores y sobre todo a sí mismo): '¿Veis qué a gusto estoy, cómo me manejo, cómo departo, cómo influyo, cómo me muevo, cómo intrigo, cómo pertenezco a este mundo de las decisiones mundiales?'. El hombre no se lo cree del todo, en verdad no acaba de creérselo, y por eso ha de dejar bien manifiesto, chillonamente, que está en su salsa'.

'ÉI piensa que su simpatía (por tal él la tiene) le rinde enormes servicios: se juzga cautivador, irresistible, persuasivo; a juzgarse seductor en la acepción sexual del término, no se atreve. Con esa simpatía cree poder conseguir muchas cosas y convencer aún de más, hasta a los más poderosos. Pero si sus poderosos colegas no fueran en su mayoría gente de tan escasas luces (poco iluminan, apenas una penumbra entre todos juntos), se darían cuenta de que esa simpatía profesional es sólo la manera de Berlusconi de pedir permiso, de hacerse perdonar, de estirar el cuello para que no lo tapen en las fotos. Tengo entendido que durante un periodo de su juventud fue crooner, o cantante confidenziale (como dicen en su lengua), que amenizaba cruceros de ricos, algo así. Como se sabe, los artistas del espectáculo, por famosos que sean (y él no lo era), están mas cerca de la servidumbre que de los invitados en la consideración de los ricos, de modo que aquella época, si mis noticias son ciertas, le sirvió de entrenamiento para desgajarse, apartarse de los criados y camareros (se muestra campechano con ellos ahora, pero los detesta y los quiere lejos, como si pudieran contaminarlo fácilmente), y mezclarse con los potentados más bobos, más pastueños y más sensibles al halago. Es un individuo que no tiene el menor pudor a la hora de ser lisonjero, adulador, obsequioso incluso. En cierto sentido podría afirmarse que tiene mentalidad de portero antiguo, de los que al parecer abundaban en España durante el franquismo, y aún no han desaparecido: se deshacían en reverencias con los propietarios y los inquilinos pudientes, trataban a patadas a los repartidores y a las criadas'.

'Detrás de esa mentalidad está siempre un resentido. Si además es alguien que no teme al ridículo, entonces el individuo en cuestión es peligroso, como lo es este hombre tras su fachada cordial, bromista, casi se diría que bonachona si no fuera porque la bondad hasta como caricatura está ausente de su persona. Nada tiene que ver que se emocione o se enternezca de vez en cuando, eso está al alcance de cualquier simple, y no es necesariamente señal de bondad ni de compasión. En realidad es incomprensible que pueda engañar a nadie, no digamos a un país casi entero, es incomprensible que haya obtenido mayoría absoluta en unas elecciones, pero cuántas veces y en cuántos países no ha ocurrido lo mismo. Misterios. O es que la gente no se fija, no atiende, mira y escucha sólo distraídamente, quizá consecuencia del mirar y el escuchar televisivos. Este sujeto carece de escrúpulos, y además de manera radical, por auténtica: no es como muchos otros, que los conocen y han decidido prescindir de ellos; es que él los ignora y nunca los tiene presentes, ni siquiera en tanto que rechazables o inútiles o estúpidos o gravosos, en tanto que engorrosos. Nunca los ha descartado por la sencilla razón de que no los concibe, nunca han formado parte de sus nociones, aún menos de sus valores. Tan desconocidos le son que cuando los advierte en otro los toma sólo como síntoma de debilidad de ese otro, le sirven para juzgarlo frágil, o manso, y por tanto avasallable'.

'Ante esta clase de individuo la mayoría de la gente esta inerme, porque casi nadie está capacitado para tratar con alguien tan machacón e insistente (un pelmazo que no se está quieto un segundo, uno de esos a los que se dice sí tantas veces sólo por quitárselos de encima e interrumpir su cháchara, lograr que callen), formalmente cordial y hasta afectuoso, y que a la vez no observa reglas ni normas de ningún tipo. No las tiene ni para quebrantarlas, como tampoco principios, ni para traicionarlos. Él nunca conocerá siquiera la sensación de estarse sobrepasando, o extralimitando, ni la de estar transgrediendo, aunque pueda fingir abrigarlas momentáneamente, las ha percibido en otros y ha aprendido a ser mimético. Pero lo más difícil de todo es esto: casi nadie está capacitado para tratar con alguien que jamás siente vergüenza de ninguna clase, ni personal ni pública ni política ni estética. Ni tampoco narrativa. En verdad él no sabe lo que es eso'.

(Javier Marías, Tu rostro mañana)

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dimanche 8 mars 2009

Mi amor brasileño

Javier Marías:

Pocas escenas me han divertido tanto como una, a la vez bonita y ridícula, de Mi amor brasileño, de Mervyn LeRoy, en la que Ricardo Montalbán primero le canta a Lana Turner una canción disparatada y luego baila con ella una samba hasta desmayarla.

La canción disparatada de Mi amor brasileño (Latin lovers).

Y la samba, 'a la vez bonita y ridícula'.