mercredi 14 mai 2014

La valiente cobardía de José Donoso

El total desparpajo con que José Donoso se permitía cambiar de opinión sobre tal o cual autor, su actitud reverenciosa ante a la maestría de Henry James, su valiente cobardía frente a las presiones de sus primos -sobre todo de uno de ellos, un abogado emplumado y circunspecto- para que el escritor travistiese el pasado familiar en su último libro, Conjeturas sobre la memoria de mi tribu, y el abuelo común no quedase retratado como un auténtico hijo de la gran Peta Ponce, en esta evocación de José Donoso, por Marcelo Maturana.

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lundi 12 novembre 2012

Los de Harss

Hace quinientos años un europeo descubrió el océano Pacífico, hoy es martes 13 y hace cincuenta otros rebuscadores redescubrieron la literatura sudamericana y a lo que encontraron lo llamaron boom. Bastante tinta correrá por estos días a cuenta de esta conmemoración, no habrá mucho que agregar. Sólo que he leído una entrevista de Tomás Eloy Martínez a Luis Harss, quien escribió por ese entonces un libro que se llamó Los Nuestros, un hito en la materia. La entrevista en cuestión es de 2008 y las opiniones de Haars no tienen desperdicio. Quien quiera leer la entrevista completa puede pulsar el enlace. Quien no, puede contentarse con estos recortes que trazan unos perfiles impagables de las figuras del boom.

¿Carpentier?

No me gustó cuando lo conocí. Era untuoso, rimbombante. Me pareció un oportunista encabalgado en la montura de la revolución cubana. Un tipo muy pretencioso, pero erudito, musicólogo, historiador, un típico intelectual latinoamericano con aspiración a la trascendencia universal.

¿Asturias?

Era un viejo farsante, y lo digo con cariño y admiración. Daba a entender que tenía un inconsciente maya, o maya quiché ¿no?, que reflejaba en su obra el inconsciente colectivo de los indios. Era una fantasía, porque se trataba de un surrealismo adaptado a la ansiedad literaria por explotar esa mitología indígena. 

¿Donoso?

Siempre me pareció que Donoso era muy torpe como escritor. Soy -es una cosa mía- muy sensible a la gente que tiene habilidad para hacer no sólo algo que importa sino para manejar bien el idioma. Cuando llegué a Donoso me pareció un autor de lengua muy trabada. No se entendía bien lo que decía, sus frases eran dificultosas, luchaba y perdía sus batallas con el idioma. Me pareció ambicioso y mediocre.

¿Cabrera Infante?

Abrumador. De cada palabra sacaba ríos de sonidos iguales, nuevos sentidos y contrasentidos. Jamás descansaba. El único alivio era tener cerca a Miriam Gómez, su esposa, una mujer extraña y encantadora que había dejado su carrera de actriz en Cuba por él.

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¿Felisberto Hernández?

Escribía con el piano. Como había sido acompañante de películas mudas, me parece que todos los libros de Felisberto -hechos de misteriosas imágenes casi de sueño- son los de un tipo que está escribiendo al piano. En la pantalla de sus historias se proyectan las imágenes de lo que él va viendo mientras toca el piano. Felisberto no tenía cantidad ni variedad, pero tenía calidad: pocas cosas, muy intensas, muy lindas. Te podés llegar a enamorar de un escritor así sin necesariamente engañarte.

¿Onetti?

Para mí La vida breve, su gran novela [1950], es el eje de la literatura narrativa del Río de la Plata. En ella se tocan y se encuentran Roberto Arlt y Cortázar.

¿Sabato? 

Como novelista, me parecía de un dramatismo banal y estereotipado. En cambio leía con gusto sus ensayos.

¿Lezama Lima?

Cortázar lo puso de moda. A mí no me impresionó. Hay que decir que la primera edición de Paradiso fue muy confusa, casi ilegible. Y ya nunca le tomé el gusto. Me encontré con una prosa libresca y farragosa, como de un adolescente onanista atragantado de lecturas. Una especie de ostentación tropical, afiebrada, de cultura. En eso se parecía a Carpentier.

¿Arguedas?

Arguedas nunca salió de la sombra, fue un escritor tan perdido en su vida, tan desamparado, como si traducir su mundo en palabras lo perdiera.

¿Vargas Llosa?

Vargas Llosa es un escritor apasionado, aunque algo mecánico a veces.

¿Cortázar?

Era un tipo muy distante, de una cortesía muy de un empleado de las Naciones Unidas -de la Unesco, como él era. Es decir, no era un tipo que había soltado el ovillo como se supone que ocurrió después. Gran parte de sus lucubraciones eran mentales, libertades y pesadillas mentales.

¿García Márquez?

Un tipo simpatiquísimo. Muy campechano, buen conversador, con una especie de gracia infusa y un aura angelical.

¿Bolaño?

Tiene un enorme talento pero es algo monocorde. Casi todo lo resuelve con monólogos, algo semejante a lo que en el jazz se llaman riffes, arranques, improvisaciones. Igual que Felisberto Hernández, cuando advierte que hizo algo bien, lo vuelve a hacer. Pero es muy extraño cómo Bolaño maneja la ambigüedad entre crimen, impostura y poesía. Los detectives salvajes (1998) es una sinfonía de voces que alcanza una poesía infernal.

vendredi 14 mai 2010

Pepe en paños menores

C

'Pepe está tan lleno de sí mismo que se va a dedicar su próxima novela', escribió un día en su diario María Pilar Serrano, la mujer del novelista José Donoso, un día de esos en que la sensación de haber consagrado su vida a un narcisista redomado la excedía.

Donoso no se autodedicó una novela, pero su hija Pilar acaba de consagrarle póstumamente una biografía, Correr el tupido velo. El libro, que ha hecho correr abundante tinta, está construido sobre la base de los diarios de sus padres. Donoso tenía por costumbre vender sus diarios a las universidades norteamericanas en las que enseñaba, venta que le permitía redondear los fines de mes y poner la posteridad a buen recaudo. Ambos asuntillos, el dinero y la posteridad, le preocupaban sobremanera. Sobre su relación con el dinero, esta cita de uno de sus postreros diarios es elocuente: 'Nunca he tenido tanto y nunca he tenido tanto miedo a que me falte'.

No se lee una biografía (una verdadera biografía, se entiende, no una hagiografía) sin salir del libro harto del personaje y de sus neurosis. José Donoso era probablemente tan neurótico como cualquier hijo de vecino, pero a éstos no se les dedican libros de 400 páginas (o uno los pasa por alto). Como se sabe, lo propio de los neuróticos es no soportar las neurosis propias y ajenas: 'Mañana no voy a dejar que nadie me moleste, ni siquiera yo mismo', escribía con ironía José Donoso.

Contrariamente a lo que puede desprenderse de todo lo anterior, Pepe Donoso me caía y me sigue cayendo muy bien. No lo detesto para nada (e imito aquí uno de sus tics verbales favoritos). No aprecio todos sus libros, pero algunos los aprecio mucho. Cuando lo entrevisté, tanto como en las pocas veces que estuve con él, me pareció una persona estupenda.

En fin, tras haber devorado el libro (hay otras maneras de leerlo: R me contaba que sólo leía los párrafos en redonda (los textos de Pilar) y se saltaba las bastardillas (las citas de Donoso)), el lector queda con la impresión de ver circular a Pepe en paños menores. Y éstas no son necesariamente palabras mayores. Como dice la canción, de cerca nadie es normal.

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José y Pilar Donoso

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mardi 30 mars 2010

El habla

Diario de Chile (4)

Hablar y ser hablado en chileno es lo que tiene estar en Chile. Sería más sensato decir hablar y ser hablado en español de Chile, o en castellano de Chile, pero simplificando se entiende lo mismo. Releí en el avión que me trajo hasta aquí (que llegó simultáneamente atrasado, adelantado y a la hora, en atención a un cambio de hora estacional previsto y desprogramado por la misma razón que rige todo cuanto se mueve, el brusco o acompasado movimiento de la tierra), releí, digo, Diario de un emigrante, de Delibes, donde el protagonista y hablante se expresa en un castellano popular que va incorporando giros del chileno popular en la misma medida en que va él mismo incorporándose a lo chileno territorial, con bastante gracia mayormente en sus aproximaciones ('el tío me sacó los chorros del canasto'). Lo que quiero decir es que la aproximación castellana a la realidad chilena la formula Delibes también en el habla del personaje.

Leo ahora Correr el tupido velo, la biografía de José Donoso escrita por su hija Pilar, donde se escuchan lamentos, quedos lamentos, en torno al cráter que deja la ausencia del habla natal, resentida, en el caso de Donoso, a la distancia de Calaceite y Princeton, como un desgarrador impedimento expresivo (qué palabras emplear, Dios de la vida!). Un caso relativamente opuesto complementario al de Delibes el de Donoso, quien siente lejana el habla madre en la misma media en que produce un castellano cosmopolita.

También he leído el cuerpo C del diario El Mercurio y su discurso supurante.

(Continuará)

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lundi 14 décembre 2009

Historia personal del boom

FD

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lundi 20 octobre 2008

Chez Pushkin

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Esta escena en el café Pushkin, en la Avenida Grecia de Santiago de Chile, junto al viejo Instituto Pedagógico, allá por 1980. Impedidos de escuchar a José Donoso, de paso por Chile, al interior de las aulas, nos trasladamos al ahumado recinto del Pushkin. Habla Donoso y escucha atentamente un grupo de estudiantes entre los cuales, apoyado en el pilar y con la mano derecha sobre la eterna visera, Rodrigo Lira. En un momento y sin venir mayormente a cuento, un efebo evoca a Georg Trakl. Donoso, sensible a la poesía expresionista tanto como a la presencia efébica, exclama: 'Ah sí, Trakl, por cierto. ¿Qué has leído de él?'. Al efebo le sobreviene entonces una brusca turbación escénica y balbuce: 'Un libro... con tapas amarillas'.

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mercredi 16 avril 2008

Para leer a José Donoso

Según Rafael Otano, que ha escrito un par de buenos libros escasamente leídos (Crónica de la transición y Nueva Crónica de la transición), el semidesarrollo chileno se vive a diario 'en el autoritarismo que caracteriza las relaciones en las empresas, las malos indicadores en educación, la segregación social en todas sus formas, la desigualdad no solo económica, sino social y hasta jurídica, la inexistencia de una élite lectora, que fortalezca la discusión intelectual'.

La inexistencia de una élite lectora, elegante manera de apuntar al deterioro mental de la dirigencia empresarial y política, atontada por la contemplación de una televisión para subnormales.

No sé si eso tenga ya remedio. Como sea, cuelgo estas recomendaciones para leer a José Donoso, que imitan las Instrucciones para leer de Montano.

Puestos a leer a Donoso, habría que comenzar por El jardín de al lado. Casi que habría que limitarse a leer El jardín de al lado.

De continuar, se debería ir por El lugar sin límites, las Tres novelitas burguesas y las Cuatro para Delfina. Y paremos de contar. Tal vez quepa también en la lista Coronación. En cambio, Casa de campo y El obsceno pájaro de la noche se caen de ésta por exceso de peso. Como La Desesperanza, un engrudo cuyo protagonista, Mañungo Vera, debe de estar entre lo más insoportable de todo cuanto se mueve por una novela. La historia personal del boom, por su parte, es como leer las páginas de espectáculos de cualquier diario chileno, lo que ya es decir.

Los Poemas de un novelista son insípidos. En cambio, La misteriosa desaparición de la Marquesita de Loria, es una novelita picante. De Donde van a morir los elefantes no digo nada por no haberlo leído, ni tampoco de sus memorias, Conjeturas sobre la memoria de mi tribu, expurgadas, según dicen, por un primo suyo harto catón.

Le pido su opinión a Maturana, experto en donosismos, y responde con un pregunta: ¿Quién es el afortunado que no ha leído a Donoso?

Donoso

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lundi 29 octobre 2007

El lugar sin límites

Donoso"Ahora está de moda algo que se denomina periodismo participativo, donde cualquier persona (o sea, las audiencias) puede escribir su crónica o su opinóloga columna. Se trata de un fenómeno no muy distinto de los diarios murales, sólo que optimizado por la tecnología, algo que alegra a los expertos, que tratan de elevar la categoría del asunto con marcos conceptuales y disquisiciones sociológicas, o sea pamplinas, un poco más de ruido a la bulla", escribe Roberto Merino en su columna de ayer domingo 27 en el diario chileno Las Últimas Noticias.

Por mi parte, no tengo nada en contra de los diarios murales. Al contrario, soy incapaz de pasar delante de uno sin leerlo. Tengo incluso que retenerme para no recoger cualquier papel escrito que se arrastra por el suelo. Suelo leer el periódico de la comuna donde vivo, me hace falta la vida de la gente siempre que esté por escrito, me viene bien saludarla y despedirla en la lista de nacimientos y en la de defunciones. La prensa es, entre otras cosas, un espacio de sociabilidad, muy útil para animales sociales e indispensable para agorafóbicos, misántropos y otras bestias peludas.

Hace unos días Jorge Bravo me envió la reseña de una novela de José Donoso, El lugar sin límites, que publicó en el diario local de Temuco en internet, La Opiñón. Le celebré la gracia, el nombre del diario, le pregunté cómo se sostiene una experiencia como ésa. Me habla de Atina Chile y del apoyo financiero de una multinacional de las telecomunicaciones, que sostiene una red de diarios locales en las ciudades chilenas, uno de los cuales El Morrocotudo, en Arica, está bastante consolidado, con 15 mil visitas diarias.

El nombre del libro, El lugar sin límites, se refiere al espacio de la hacienda rural, ilimitado antes de la reforma agraria. Y viene como anillo al dedo a este respecto. Internet es precisamente eso, un lugar aparentemente sin límites constituido por espacios tan delimitados como pueden ser los que traza un diario local.

Internet, ¿el lugar sin límites? Según y cómo y dónde.

PS: Entretengo la espera de la última entrega de la trilogía 'Tu rostro mañana', de Javier Marías, 'Veneno, sombra y adiós', escuchando a Marías presentarla en el nuevo sitio CeldaTV, que se ha inaugurado en Madrid y cuyo enlace me envía Adolfo. Marcelo Maturana está en Calaceite presentando unas líneas sobre José Donoso. También las espero para copiarlas aquí.

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vendredi 5 mai 2006

Lectores contagiosos

Ahora resulta que hay un nuevo movimiento. Sus miembros, cuando leen un libro y les gusta, lo abandonan en el banco de una plaza o en un vagón del metro, de manera que otra persona lo encuentre y lo disfrute. Esto, en lugar de quejarse porque nadie lee. Se les conoce como los “lectores contagiosos”. Si cada ejemplar de un periódico lo leen cuatro o cinco personas, ¿por qué no los libros? Mi tío Pepe, que es amigo de frecuentar parques y jardines públicos, se ha beneficiado así con tres estupendos impresos.

“El primero de ellos, El inútil de la familia, es una historia de tío y sobrino”, me cuenta. “El sobrino se llama Jorge y el tío, Joaquín. Joaquín fue un personaje rocambolesco, un gran tarambana y un buen escritor. Escribía en La Nación, donde le pagaban "tarde y mal", pero aun así prefería eso a escribir en el diario de sus tíos ricos. Era la época en que dirigía La Nación Eliodoro Yáñez, quien era tío de otro sobrino, José Donoso. Aquí cabe abrir un paréntesis: cuando Donoso quiso publicar su versión de la historia de su familia, como hoy hace Jorge Edwards con la suya, se le vino encima un sobrino catón que lo amenazó con las penas de los tribunales. El libro de Donoso, Conjeturas sobre la memoria de mi tribu, se publicó finalmente expurgado, o espulgado, que no es lo mismo, pero es igual. Volviendo a El inútil de la familia, el libro resulta ser un suntuoso paseo por la primera mitad del siglo 20, desde Valparaíso a París, pasando por Santiago, Rio y Madrid, siguiendo los pasos de Joaquín Edwards Bello. Suntuoso se dice de algo que resalta y arruina. Éste fue el sino del tío Joaquín, un hombre rico “venido a menos” y, al mismo tiempo, enaltecido. Por la escritura, en ambos casos”.

“¿Y el segundo libro?”, le pregunto.

“El segundo es una curiosidad, un cajón de sastre inglés, un álbum de toda clase de textos inéditos. Se llama Gutiérrez, como podría llamarse Gómez, o Galíndez, y está compilado por Andrés Braithwaite. En la primera página, a guisa de presentación, la imagen de un negrito endomingado invita a entrar a los lectores y los despide, en la última, a manera de epílogo. Gutiérrez presenta a treinta autores, mayores y menores. Saber que aún existen inéditos de Juan Emar, de Enrique Lihn y de Roberto Bolaño (una apostilla a Los detectives salvajes) me llena de optimismo. Tal vez un día se encuentre un manuscrito de Sócrates. Me han gustado sobremanera Browne, Donoso, Veloso”.

“Las tres son mujeres”, le digo, “¿no estará usted practicando el sexismo al revés?”.

“Dicho así, no sería una mala idea”, replica, “pero no se trata de eso.” Y pasa a describir el tercer libro, que según su criterio es espléndido. Se llama En busca del loro atrofiado. Trata de un loro que no puede volar, camina poco y mal, se tropieza en los accidentes del terreno, se enreda en las enredaderas. Trata, también, de otra serie de detalles que componen el sentido del mundo y su correspondiente sinsentido. “Ahora me gustaría leer los premios de la crítica”, continúa. “Se los han llevado Gonzalo Millán y Germán Marín (ambos, como Roberto Merino, autor de En busca del loro atrofiado, están en Gutiérrez). Como los lectores contagiosos me han contagiado”, afirma Pepe, “si no encuentro pronto estos libros en el metro o en el parque, los compro, los leo y, sólo si me gustan, los abandono en el Jardín Botánico. Aviso a los interesados”.

La Nación de Santiago de Chile, 11 de mayo de 2006.