mercredi 3 février 2016

Una canción de Joan Baez

Fundador del Partido de los Trabajadores, que gobierna Brasil desde hace doce años, y pionero de la promoción de la idea de la renta mínima universal o ingreso ciudadano, Eduardo Suplicy recibía ayer en mi pueblo un doctorado honoris causa. Sensible a estas cuestiones tanto como al intraducible jeitinho brasilero, asistí a un encuentro informal con el flamante doctor previo a la ceremonia. 

A pesar de algunas preguntas marcadamente escolares (¿por qué los pobres votan por los ricos?), el encuentro fue ameno e interesante. Yo tengo de Suplicy un recuerdo transmitido por mi amigo JM, que acompañaba a Joan Baez en Sao Paulo en 1981, donde se reunieron con el entonces sindicalista Lula y con Suplicy. Quien no fue insensible a los encantos de la estrella, etcétera.

Joan Baez, Eduardo Suplicy, Lula, brasil 1981 foto julio moline

Me acordaba ayer de eso y me reía para mis adentros, cuando el propio Suplicy comenzó a seguirme la corriente. Respondiendo a una pregunta sobre la corrupción, o sobre la coyuntura, o sobre el coeficiente de Gini, se largó a contar cómo fue que su exmujer, Marta Suplicy, ministra de Lula y de Dilma, abandonó el PT y de paso lo abandonó a él, aunque no por las mismas razones. Y de cómo la fecha de ayer, dia dois de fevereiro, marcaba el aniversario de su relación con su actual mujer, presente en la sala.

P1070431

Digamos también para redondear la escena que Suplicy tiene aspecto de lord inglés y que lo del jeitinho brasilero es tal vez intraducible pero no necesariamante incomunicable. 

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lundi 30 décembre 2013

El pantalón de recambio

El día 6 de enero, en LA, CA, mi amigo JM exhibe dos series de fotos de los tiempos analógicos. Ilustra la invitación una de JB en Brasil, en 1981.

La imagen viene al pelo porque en esos tiempos analógicos, antes de Brasil, JB estuvo en Chile en pleno pinochetismo y, 33 años después de aquella visita, planea volver. Tendría tres cosas que contar de ese entonces, pero lo dejo en dos. En la conferencia de prensa final, a punto ya de embarcar JB rumbo a Brasil, había más hombres de gris que periodistas. Los hombres de gris fotografiaban a los periodistas y los periodistas fotografiaban a los hombres de gris. En blanco y negro, por supuesto.

En otra ocasión, JB cantaba para un grupo reducido y, por accidente, una periodista cultural volcó un vaso de vino tinto sobre los inmaculados pantalones de la estrella, que en seguida se eclipsó y reapareció un par de minutos más tarde vestida con otro pantalón blanco inmaculado. Desde entonces sé que una estrella siempre tiene un pantalón de recambio a mano.

JB

PS / Entre las fotos de JB en Brasil, ésta, en São Paulo, con la estrella, el fotógrafo, el intérprete, Eduardo Suplicy, Lula, un par de niños y una botella de Brahma. Nótese que la estrella y Lula miran al fotógrafo, en cuanto Suplicy mira intensamente a la estrella.

Publicidad / Entre las fotos expuestas, aquélla del sombrero de Jipijapa (8x10, enmarcada, US$ 250).

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samedi 2 mars 2013

El sombrero de Jipijapa

Playa, cielo, sol y amor, decía una cantilena de la radio. La playa pop es la playa de los Beach Boys, la de los comerciales de Fanta. Que también pueda ser un lugar desolador como ese libro de Pavese, o el decorado glauco del teatro de las muertes del Carabacho y Pasolini, no quita que asociemos mayormente la playa con el narcisismo light de las vacaciones juveniles.

Se entiende por playa del mar la extensión de tierra que las olas bañan y desocupan alternativamente hasta donde llegan en las más altas mareas, escribió Andrés Bello en el Código Civil chileno. Me lo enseñaba mi hermana para mostrarme que había poesía en los códigos y no sólo en las musarañas que nadan en la luz.

El cuento es que estábamos con mi amigo Julio Moliné en una solitaria playa chilena, en una de esas extensiones de arena que las olas bañan y desocupan alternativamente, cuando de pronto la playa se fue llenando de ancianos venidos desde las dunas. Una epifanía, la tranquila alegría de aquellos añosos señores revigorizados por el aire yodado, dejándose llevar hasta la intrepidez de levantarse los pantalones y las polleras para remojarse las canillas en las heladísimas aguas del Pacífico austral.

Julio llevaba entonces siempre la Leica consigo y el encuentro con los mayores se convirtió en una sesión fotográfica que está registrada en su sitio. Volver a ver la luz de esas imágenes ha sido darme un paseo circular por las edades de la vida. Porque fuimos jóvenes tal vez nos sea dado llegar a ser ancianos y dejarnos fotografiar junto a unos jóvenes tocados con un sombrero de Jipijapa.

Foto de Julio Moliné

© Foto de Julio Moliné

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