dimanche 1 novembre 2015

La mano muerta

Trasiego de niños disfrazados de inocentes monstruos. Recuerdan otros halloweenes, las jugarretas y ritos de iniciación macabros, esos sí, de los estudiantes de medicina. Rolando Toro —aprendiz de galeno en Concepción— se robaba un brazo del muerto en las autopsias, se lo ponía en la manga de la camisa y saludaba con esa mano muerta a quienes le presentaban.

Como en el juego de la mano muerta, en el que te arriesgabas que te dieran un cachuchazo.

Toro, a cuya escuela de biodanza concurría Lira mucho años después, era amigo del joven Jodorowsky, otro que bien bailaba. Subido al tejado de una casona de la calle Lira en Santiago de Chile, Jodo observaba a los locos de una casa de orates vecina vestido con una capa roja para impresionar a los orates tanto como estos impresionaban al titiritero, al psicomago en ciernes. En los conventillos de Matucana, allá por donde su padre tenía su negocio de calcetines, contaba Jodo, a las viejas taciturnas les salían escamas en los ojos de tanto sustraerlos a la luz. 

El joven Jodo se inventaba estas historias entre dos lecturas de sus escritores favoritos, Borges y Kafka, a quienes por entonces aún no leía casi nadie. De Borges decía Jodo que era un edipo aferrado a las faldas de su madre, un masturbador compulsivo.

Lo cuenta Jorge Edwards en sus memorias, Circulos morados. Edwards se piñerizó durante la campaña presidencial de 2010 y el electo Piñera lo recompensó con la embajada en París durante su ridículo mandato. Para quien se contente con el costumbrismo y el anecdotario, como mi tío, sus memorias son un festival.

Jodorowsky4ysumadresara

Jodorowsky

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dimanche 27 novembre 2011

Otra canción con ukelele

Nueve de cada ocho visitantes llegan a este lugar por el asunto del ukelele. Esto se explicaría porque tiempo atrás colgué un vídeo de un hawaiano, Israel Ole Kamakawiwo, que cantaba una versión estupenda del famoso Somewhere over the rainbow, del Mago de Oz, acompañado solo por un ukelele. 

No me imaginaba yo que el ukelele iba a pasar a ser más importante que mis consideraciones sobre toponimia o palindromía. Lo que me parece bien, la vida sería muy triste sin tocar el ukelele de vez en cuando. De manera que he comenzado a interesarme por el ukelele, y he leído incluso un artículo de la Wikipedia sobre la guitarrilla luso-polinésica. También he sacado en claro que ukelele se dice igual en treinta lenguas, lo que lo convierte en un punto de partida o de llegada para el esperanto.

Pero de lo que se trata no es de hablar del ukelele sino de saber si, además de la canción del difunto Kamakawiwo, hay alguna otra canción potable al son del ukelele.

Pues bien, después de oír unas cuantas, yo diría que hay dos y sólo dos: el Presto tango, de la Orquesta de ukeleles de Gran Bretaña, y la Canción sobre el acné, del ameno Charlie McDonnel. Eso, por ahora.

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