samedi 26 décembre 2015

Los sesos a dos manos / Otro 26 de diciembre

Hoy es 26 de diciembre, fecha de nacimiento y fallecimiento de Rodrigo Lira.

De quien fui amigo durante ocho años, el último cuarto de su vida, porque Lira se mató al momento de cumplir 32 años. Escribimos a cuatro manos —y a seis también, con Roberto Merino. De vez en cuando, admiradores y tesinantes me escriben para preguntarme algo sobre su vida y obra. Lo agradezco y procuro responder, así sea para decir que ya lo he dicho casi todo aquí. El amigo Albert sostuvo con buen ojo que si abrí este blog fue mayormente para hablar de Lira.

Lo cierto es que tal vez hay algo que sí no he dicho, y es que me estorba que se reduzca a Lira a la posición del locatelli, del drogadito. Es verdad que Lira fumaba pitos y es verdad también que tuvo un historial siquiátrico, un largo tira y afloja clínico, una especie de menage á trois entre su madre, el siquiatra de turno y el interesado. Todo eso es innegable y está más que asumido por el propio Lira en sus escritos. Pero Lira también escribió esto sobre sí mismo: «Advierto que ni siquiera soy mucho más neurótico que el promedio de mis contemporáneos. Confieso, eso sí, que a veces tengo que tomarme los sesos a dos manos».

Muchos artistas de su generación, y probablemente también algunos de las anteriores, experimentaron con drogas o se volvieron adictos y se las vieron en algún momento de sus vidas con la siquiatría. Y en sus casos no es eso lo que lleva o no a considerarlos, sino el valor relativo de su producción. ¿Qué fuerza entonces a que en el caso de Lira sea la etiqueta del malditismo y la casuística siquiátrica lo que prime? ¿El suicidio joven, la forma de ese suicidio, que llevó su muerte a las páginas policiales?

Probablemente, pero sólo en parte. También cuenta el hecho de que Lira desafió burlona y descaradamente a su tiempo y a sus representantes. La venganza de estos fue condenarlo a la interpretación siquiatricoide de sus textos. De donde pocos se han movido desde entonces. Como si el país en el que Lira escribió y murió, el de la dictadura y el apagón cultural, el de la picana eléctrica y los electrochoques, siguiese sumido en la misma tiniebla de entonces. 

No se me escapa que treinta años después no se recuerda a nadie por buenos motivos y los recordados lo suelen ser por malas razones. (Kundera dedicó un libro a explicar el fenómeno, Los Testamentos traicionados). Aun así.

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mardi 27 mai 2014

Del buen humor del bueno

Vamos a necesitar mucho humor para aguantar lo que viene.

Y el humor es impensable sin un infinito buen humor, y no hablo del sarcasmo sino del buen humor del bueno, sin el cual es imposible soportar la estultucia del mundo, afirma un personaje de Kundera, citando a Hegel.

El librito que cito, el ùltimo de Kundera, La fête de l'insignifiance, pretende ser él mismo una muestra de que el humor es posible en medio de tanta tonterìa. Segùn el diario de Jrúchov, cuenta Kundera, Stalin se burlaba de su círculo màs estrecho de colaboradores contàndoles con absoluta seriedad unas historias tiradísimas de los pelos que sus incondicionales se sentían obligados a dar por serias. Stalin se regocijaba estirando el elàstico de lo inverosímil para poner a prueba la docilidad de sus pretorianos. Si estos hubiesen asumido que se trataba de bromas, afirma Kundera, ésa sería la prueba de que habrían cambiado de época. 

Lo más gracioso es la relación de Stalin con su adjunto Kalinin. Kundera pretende que el viejo Kalinin sufría de la vejiga y necesitaba vaciarla frecuentemente, pero no se atrevía a hacerlo por no interrumpir las largas tiradas de Stalin, tiradas que el dictador prolongaba aposta para ver hasta dónde aguantaba la vejiga de su fiel segundón. Tanta retención se vio recompensada porque a la hora de rebautizar la ciudad de Koningsberg -la cuna de Kant-, enclave ruso en Prusia conquistado por la URSS en 1945, Stalin decidió llamarla Kaliningrado, burlándose tal vez por esa vía de Kant, de Hegel y del conjunto de la filosofía alemana.

Pues eso, no sé cuánto habrá que aguantar antes de echar a correr para ir a aliviarse, y no sé cuánto humor habrá que echarle a todo esto, sabiendo además que entender el humor de los nuevos tiempos -el nuevo humor- es imposible por ahora en la medida en que éste sólo se hará inteligible una vez que el cambio de los tiempos se afirme como tal.

Un apéndice sobre el libro y su crìtica. Sabiendo de la relación desastrosa que Kundera ha mantenido en estos ùltimos años con ciertos críticos franceses, una vez cerrado el libro he ido a leer la crìtica de Assouline. Que lo deja, era de esperar, como chaleco de mono. Con todo derecho, no faltaría más. Eso sí, me parece impertinente que el crítico se permita sugerirle al autor que abandone el francés y vuelva a escribir en su lengua materna. Si eso no es lepenismo, que venga Le Pen y lo empeore...

Source: Externe

Dibujo de Milan Kundera

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lundi 28 septembre 2009

Dos días en Marburg

Que es una ciudad del centro de Alemania, con jardín botánico y universidad, en la que estudiaron Ortega y Gasset, Hannah Arendt, los hermanos Grimm y mi murciano favorito. Como las guerras no lo han arruinado, un paseo por el casco viejo de Marburg representa un viaje desde el medievo al presente, con una larga escala en tiempos del romanticismo alemán (pero todo romanticismo es alemán).

Las autopistas alemanas están impecables y perpetuamente en reparaciones, lo que explica que por ellas se vaya simultáneamente muy rápido y algo lento, y sea mejor orientarse en ese laberinto con un GPS, que es el karaoké de la autopista.

Ayer domingo se celebraban elecciones legislativas en Alemania y, aparte los carteles con la cara de la gigante Angela y el puesto callejero del Partido Pirata, éstas pasaban casi desapercibidas para el visitante. Tal como sus resultados.

El otoño, en cambio, sí que es notorio, sobre todo para quien llega desde el oeste (el otoño anida al este). O sea que hace en Marburg por ahora un tiempo para perderse en los bosques que la rodean y en el dédalo de sus calles y escaleras de piedra, y recuperar fuerzas en un Biergarten tomándose un Auflauf, el platillo local, con una Altbier, y ya con las fuerzas recuperadas trincar un Zwiebelkuchen, una tarta de cebolla.

Y mirar cómo se mueve la gente, que recuerda a otra gente. Ese anciano recuerda a Hesse, esa muchacha a Bettina, un amor de Goethe, tal como la describe Kundera en La Inmortalidad. La bella, el anciano, la inmortalidad, todas las presencias parecen ser ideas y todas las ideas parecen ser alemanas.

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jeudi 6 novembre 2008

Por eso escribo

Kundera

Voy a buscar el librito con las respuestas de 400 escritores a la pregunta de por qué escriben pensando en Kundera, acusado hoy por una delación en que habría incurrido hace sesenta años en Praga. Esta fue su respuesta: ‘Puede ser sólo una ridícula ilusión, pero uno está convencido de que escribe porque dice lo que nadie ha dicho. Escribir es así el placer de contradecir, la alegría de estar solo contra todos, el gozo de provocar a sus enemigos y de irritar a sus amigos. Y es una lástima pero, cuando el libro está listo, uno también quiere que guste. Es inevitable, es humano. Ahora bien, ¿cómo puede gustar aquél que desafía apasionadamente a todos? Esta es la enorme contradicción sobre la que descansa nuestra actividad. ¿Habrá una salida? Sí; de vez en cuando se tiene la suerte de ser mal comprendido’.

Junto a Kundera, que está en el grupo francés y no en el checo, encuentro la respuesta de Le Clézio, flamante Nobel. Es larga pero buena: ‘Lo diré todo. Tenía diez o doce años, vivía en esa casa de tipo napolitano sobre el puerto, completamente decrépita, con sábanas secando en todas las ventanas, gatos peleándose en las terrazas y, por cierto, escuadrillas de palomas. Entonces yo no sabía qué era un escritor, no tenía idea, ignoraba que una vez hubo uno, llamado Jean Lorrain, que vivió en esa misma casa. Me acuerdo de esa casa sobre todo cuando hacía bueno, en verano y al inicio de la primavera, porque leíamos con las ventanas abiertas y oíamos el ruido de los vencejos y los arrullos de las palomas. Había un ruido que me provocaba. No sé decir por qué pero, aún ahora cuando lo pienso, se me pone la carne de gallina y me pongo melancólico e impaciente. Ese ruido precede el momento en que sé que me sentaré en cualquier sitio, cogeré un cuaderno y un lápiz y comenzaré a escribir. Ese ruido eran las voces de los muchachos que voceaban sus nombres llamándose en el patio. Unos silbaban y otros asomaban la cabeza por la ventana y decían: ‘¿No vienen?’. Y los de arriba: ‘¿Adónde vais?’. Iban no sé adónde, a la playa, a la feria, o simplemente a la esquina a hablar, a esperar a las chicas que salían de la escuela, no importa adónde iban. Pero cuando yo escuchaba esos silbidos y los nombres que pronunciaban en el patio, imaginaba otra vida que la mía, imaginaba unas carreras en la infinidad de las calles, imaginaba unos baños en el agua fría del mar, el sol, el olor del cabello de las chicas, la música de los bailes, la noche, la aventura. Nunca escuché que pronunciaran mi nombre en ese patio, nunca nadie silbó por mí. Yo vivía en esa casa, en la misma casa que ellos, pero ellos eran otro mundo. Pues eso es, es por eso que escribo’.

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mardi 14 octobre 2008

La broma

'Milan Kundera delató a un estudiante a la policía comunista', titula El País. Y debería titular: 'Según una publicación checa, Milan Kundera habría delatado a un joven desertor a la policía comunista en 1950'.

Leo el reportaje de le revista checa Respekt en cuestión. Sea o no cierta la acusación, o sea cierta sólo en parte, es probable que en adelante leamos o releamos a Kundera a la luz de la historia ésta. Incluso lo haremos con los libros que vengan, si aún escribe otros. Es lo que tiene la información. Verdad o infundio, La Broma, la primera novela de Kundera, no volverá a ser la misma broma. La reeditarán con una sobrecubierta impresa: 'Quién embromó a quién'.

Desde París, Kundera desmiente: 'Es una atentado contra el autor' afirma en Le Monde, que titula así: 'Milan Kundera habría colaborado con la policìa secreta comunista'.

La vida te da sorpresas, dirá Kundera. Hace unos días casi me llevo el premio gordo y hoy aparece el Cobrador del frac.

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