mercredi 14 octobre 2015

El ombligo pintado

Fragonard, y 3

«Je peindrais avec mon cul», habría dicho una vez Fragonard. Esto se puede entender de varias maneras. Pintaría a como diese lugar. Pintaría si no tuviese pinceles, incluso si no supiese pintar. Y también, literalmente, pintaría con todo mi ser, con mis partes pudendas, o sea. Pintaría de la cintura para abajo. O en el límite mismo de la cintura, como en este grabado de Fragonard, que ilustra un libro de La Fontaine, en el que el pintor pinta el ombligo de la modelo.

Durante siglos, pintores y espectadores se valieron de las aventuras de los dioses y semidioses grecorromanos y de las vidas de los santos cristianos para pintar y contemplar rabos y rabadillas. Hasta que llegó el día, bendito día, más o menos por los días de Fragonard, en que la anatomía humana pudo pintarse y observarse per se

No duró mucho esa edad dorada. Por la vía de la reproducción mecánica, pronto rabos y rabadillas saltaron a la páginas de los libros ilustrados, a los tabloides, a los calendarios. Entonces los pintores en lugar de pintar con el culo, como quería Fragonard, pasaron a pintar como el culo, cuando no dejaron derechamente de pintar.

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mercredi 28 avril 2010

El zorro y el cuervo (La Fontaine y las redes sociales)

Maître Corbeau, sur un arbre perché >

CEstaba un señor don cuervo posado en un árbol, sosteniendo en el pico un queso. Atraído por el tufillo, el señor zorro le habló en estos o parecidos términos: ¡Buenos días, caballero cuervo! ¡Gallardo y hermoso eres de veras! Si el canto corresponde a la pluma, te digo que, entre los huéspedes de este bosque, tú eres el ave fénix. Al oír esto el cuervo no cupo en la piel de gozo y, para hacer alarde de su magnifica voz, abrió el pico, dejando caer la presa. Agarróla el zorro diciendo: Aprende, caballero, que el adulador vive siempre a costas del que le atiende: la lección es provechosa; bien vale un queso. El cuervo, avergonzado y mohino, juró, aunque algo tarde, que no pisaría otra vez el palito.

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