mardi 18 décembre 2012

La canción del ladrón

Los diarios llaman sucesos a la información proporcionada por la policía. Hechos varios, faits divers, lo que no cabe en las rúbricas principales -Mundo, País, Cultura. No está clara la diferencia entre suceso y sucedido, pero tal vez un sucedido sea menos trascendente aun que un suceso. Un sucedido, un hecho menor, al otro extremo de la escala que un once de septiembre o una explosión nuclear.

En La Ronde et autres faits divers Le Clézio afirma que l'incident s'annule au profit du dénominateur commun de toute souffrance humaine (dans) le fol et vain espoir de rencontrer, dans l'amour et dans la liberté, une merveilleuse douceur. No sé yo si será para tanto en este sucedido que leí esta mañana en el diario, pero tal vez por allí vaya la cosa.

En una casa en Burdeos, la policía dio con un ladrón arrellanado en el sillón del salón, con el televisor encendido y una botella de vino a medio beber. Las piezas de valor que contaba llevarse ya las tenía consigo pero, antes de escapar, el hombre se autorizó unos momentos de confort. Quiso robar también un poco de ese confort, una bocarada de ese calorcillo.

En La Ronde..., Le Clézio entrevista a un ladrón que lee el periódico, no la página de sucesos sino el obituario, para enterarse de la dirección y del día del entierro de algún pudiente y poder desvalijar tranquilamente su casa durante el funeral. El ladrón, de origen portugués, recuerda una canción que le cantaba su abuelo en su infancia en Ericeira, un puerto de pescadores al norte de Lisboa. ¿Por qué me acuerdo de esa canción y no de otra?, se pregunta.

O ladrão, ladrão
Que vida é a tua?
Comer e beber
Passear pela rua.

Era meia noite
Quando o ladrão veio
Bateu tres pancadas
Na porta do meio.

L

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jeudi 6 novembre 2008

Por eso escribo

Kundera

Voy a buscar el librito con las respuestas de 400 escritores a la pregunta de por qué escriben pensando en Kundera, acusado hoy por una delación en que habría incurrido hace sesenta años en Praga. Esta fue su respuesta: ‘Puede ser sólo una ridícula ilusión, pero uno está convencido de que escribe porque dice lo que nadie ha dicho. Escribir es así el placer de contradecir, la alegría de estar solo contra todos, el gozo de provocar a sus enemigos y de irritar a sus amigos. Y es una lástima pero, cuando el libro está listo, uno también quiere que guste. Es inevitable, es humano. Ahora bien, ¿cómo puede gustar aquél que desafía apasionadamente a todos? Esta es la enorme contradicción sobre la que descansa nuestra actividad. ¿Habrá una salida? Sí; de vez en cuando se tiene la suerte de ser mal comprendido’.

Junto a Kundera, que está en el grupo francés y no en el checo, encuentro la respuesta de Le Clézio, flamante Nobel. Es larga pero buena: ‘Lo diré todo. Tenía diez o doce años, vivía en esa casa de tipo napolitano sobre el puerto, completamente decrépita, con sábanas secando en todas las ventanas, gatos peleándose en las terrazas y, por cierto, escuadrillas de palomas. Entonces yo no sabía qué era un escritor, no tenía idea, ignoraba que una vez hubo uno, llamado Jean Lorrain, que vivió en esa misma casa. Me acuerdo de esa casa sobre todo cuando hacía bueno, en verano y al inicio de la primavera, porque leíamos con las ventanas abiertas y oíamos el ruido de los vencejos y los arrullos de las palomas. Había un ruido que me provocaba. No sé decir por qué pero, aún ahora cuando lo pienso, se me pone la carne de gallina y me pongo melancólico e impaciente. Ese ruido precede el momento en que sé que me sentaré en cualquier sitio, cogeré un cuaderno y un lápiz y comenzaré a escribir. Ese ruido eran las voces de los muchachos que voceaban sus nombres llamándose en el patio. Unos silbaban y otros asomaban la cabeza por la ventana y decían: ‘¿No vienen?’. Y los de arriba: ‘¿Adónde vais?’. Iban no sé adónde, a la playa, a la feria, o simplemente a la esquina a hablar, a esperar a las chicas que salían de la escuela, no importa adónde iban. Pero cuando yo escuchaba esos silbidos y los nombres que pronunciaban en el patio, imaginaba otra vida que la mía, imaginaba unas carreras en la infinidad de las calles, imaginaba unos baños en el agua fría del mar, el sol, el olor del cabello de las chicas, la música de los bailes, la noche, la aventura. Nunca escuché que pronunciaran mi nombre en ese patio, nunca nadie silbó por mí. Yo vivía en esa casa, en la misma casa que ellos, pero ellos eran otro mundo. Pues eso es, es por eso que escribo’.

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samedi 11 octobre 2008

Antípodas

Entiendo que los escritores se agrupan en tres categorías:
1. Los escritores que escriben y publican.
2. Los escritores que escriben pero no publican.
3. Los escritores que no escriben.
De más está decir que los últimos suelen ser los mejores.

No lo digo a propósito del Nobel, pero también. Lo que sí digo es que para ganarlo hay que irse lejos y escribir desde más lejos aún. Y, decir: mi patria es mi lengua. El Nobel premia últimamente la literatura de la interculturalidad y la idea que  nos vamos haciendo de ella. Como la Champion's league, o sea. Pinta tu aldea si quieres ser universal y luego vete a pintar a las antípodas. Xingian es franco-chino, Naipaul es británico-trinitense de origen indio, Coetzee es sudafricano blanco y vive en Australia, Lessing es británica-zimbabuense y Le Clézio es franco-mauriciano y vive en Nuevo México. Por lo demás, es el menos parisino de los escritores franceses, lo que es de agradecer. Aquí puede vérsele, 'no obstante', retratado por Cartier-Bresson, en París, en 1965, junto a su primera mujer, Marie-Rosalie.

CB_LC

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