lundi 23 octobre 2017

Una casa en Lisboa

A la economía la mueve la mímesis. A Madonna se le ocurre comprarse una casa en Lisboa y todo el mundo quiere comprarse una casa en Lisboa. O cuando menos ir a darse una vuelta por Lisboa para imaginarse comprando una casa en Lisboa, como hizo mi tío hace unos días.

Así que ya para salir del aeropuerto no cabíamos por la puerta.

Merecida la atención que le prestan a Lisboa madonnas y compradores, eso sí, muy merecida. Nápoles por suizos habitada, dijo el poeta, esa mezcla está muy bien conseguida. Y esa impresión de estar pisando el borde de algo e intuir que al otro lado también hay algo.

Es comprensible también el aumento del interés por Lisboa teniendo cuenta la turismofobia rampante en Barcelona, al otro extremo de la península.

En fin, que volví a caminar por un par de lugares entrañables. Y a comer bacalao cuantas veces pude. En un restorán normalito, en un restorán de un centro comercial (de ésos donde llega la gente en un Seat Ibiza con una pegatina que dice «Espero no conocerte por accidente», según Lobo Antunes) y también en un buen restorán, digamos que en El Rey del bacalao, donde me tomé unos petiscos de bacalhau de aperitivo y luego unas pataniscas de bacalhau de postre, todo regado por agua de la sierra y vino de los llanos. 

Volví a Bélgica y al día siguiente se desataron en Portugal unos mortíferos incendios. Me ha pasado más de una vez irme de los lugares la víspera de una calamidad. No sé cómo se llama eso pero espero que dure.

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dimanche 25 mars 2012

Cerrado por duelo

En la noche del sábado al domingo, en pleno equinoccio, murieron tres personas queridas. 

En Gijón murió J, la menor de las hermanas de A, el bable más puro del pueblo. Un día en que ya nos habíamos dicho adiós (con lo que nos costaba despedirnos), nos volvimos a encontrar. No somos para despedirnos, me dijo.

En Lovaina murió E. Lo vi por un última vez hace dos o tres sábados. Era lacónico, pero ese día quería hablar y me tomé el tiempo de escucharlo. Me contó que, siendo un niño, tuvo que echarse al camino con toda su familia, huyendo del ejército alemán, hasta la frontera francesa donde los obligaron a dar marcha atrás. De vuelta a casa, extenuados, encontraron las camas maculadas por la mierda ajena. Preferiría no sufrir, me dijo, pero no tengo miedo de morir. 

En Lisboa murió Antonio Tabucchi. Sólo lo vi una vez, en Lovaina también, hará quince años. Me parece que fue hace nada pero ya sabemos que el tiempo envejece de prisa. Me acuerdo ahora de esto que dijo ese día, de estas palabras de su abuela: Sabes, Antonio, la vida pasa en un segundo pero, a veces, cuánto tarda en pasar un día domingo.

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lundi 1 août 2011

El perrillo

(Saldos de fin de temporada 4)

Un perrillo desolado espera a que alguien lo mire en una sala de espera. Está en la sede de una fundación que abriga una colección de arte portugués contemporáneo. La casa tal vez sea la más bonita del barrio, por su parte resguardada su vista sobre el río es abierta y su frontispicio se encara con la fachada de otra curiosísima casa.

El perrillo del cuadro parece estar tan triste, que lo descolgaron de la sala del directorio que antes presidía. También se lo encuentra en la página del pintor. Los años 1989 a 1991 son años de pájaros. De 1992 a 1995 priman los monos. De 1997 adelante se encuentran perros. Pero el perrillo al que me refiero es de 1990.

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mardi 5 juillet 2011

El fado

(Voy y vuelvo 4)

En la casa de fados, el púber bebe vino con su madre y el pretendiente de su madre, y entre dos fados de Lisboa y uno de Coimbra juega a los marcianitos en su móvil y en el móvil de su madre. El pretendiente aún no le cede el suyo.

En el baño, el fadista canta otro fado frente al espejo y, como la luz se apaga súbitamente, el cantor suelta un gas y la luz vuelve a encenderse.

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mercredi 16 mars 2011

La claustrofobia del rey de Portugal

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Hace un cuarto de milenio, el primero de noviembre de 1755, se produjo la misma secuencia de estos días en Japón: terremotos, maremotos, incendios. La catástrofe mató a cien mil personas, arrasó la ciudad de Lisboa y cambió la geografía ibérica y norafricana a lo largo de miles de kilómetros.

La tragedia, no podía ser de otra manera, sacudió la fe del pueblo. ¿La infinita bondad de Dios echa abajo las iglesias y machaca a los feligreses que se apiñan en ellas para rezar? La Iglesia recompuso la moral del rebaño con esta cabriola: que el terremoto ocurriese un día de fiesta de guardar y destruyese todas las iglesias de la ciudad es prueba fehaciente de que Dios castiga los pecados de los hombres. Voltaire no tragó esa rueda de carreta y rompió con la teología de Liebniz, ruptura que  Rousseau aprovechó para romper con Voltaire (ganas tenía). El rey de Portugal Dom José sobrevivió al desastre al precio de desarrollar una claustrofobia mayúscula que lo obligó a vivir en tiendas de campaña el resto de sus días y el Marqués de Pombal se puso manos a la obra para refundar Lisboa.

¿Nada nuevo bajo el sol naciente? Japón es una isla archipoblada y en Tokio (situada a solo 250 kilómetros de la central nuclear de Fukushima que implosiona ahora mismo) viven 36 millones de habitantes, cuya fe está puesta menos en Dios que en la ciencia que sale por la pantalla, esa ciencia que calma la claustrofobia e impide la estampida.

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dimanche 9 mai 2010

Museo de Arte antiguo

Escogimos una mesa en la terraza, dejamos las bandejas con los platos humeantes, M se alejó a lavarse las manos, yo a buscar servilletas. Cuando volvimos, las palomas estaban dando cuenta del bacalao. La imagen de las patas rojas de las palomas pisando la comida tenía algo de las Tentaciones de San Antonio, que habíamos estado mirando un rato antes en el museo.

Fue un domingo hace seis años. Por suerte M tiene la buena costumbre de dedicar los libros que regala, detalle que permite situar el recuerdo (Para o A, memória do nosso passeio de domingo no Museu das Janelas verdes). El Museo de Arte antiguo de Lisboa está en la Rua das Janelas verdes, lo que lleva a los lisboetas a llamarlo así y a Fernandes Jorge a llamar también así a su libro. Son poemas escritos frente a las pinturas y esculturas que abriga el museo. Pies de fotos, como quien dice. El procedimiento es simple y los poemas son buenos, los que no resultan redundantes, quiero decir.

Lo releí anoche tumbado en la hamaca. Y hoy traduzco dos poemas, en atención a que es domingo. Uno va por mi abuelo y el otro por la bisabuela, la abuela y la madre del nieto.

NAUFRAGIO

 

Murió joven, en un mar extranjero como si hubiese / mares que son patria y otros la infinita agua peregrina. / Pereció en el profundo abismo atlántico / cuando iba a la procura de otra tierra / de pan que pudiese arrinconar la piedra de la nostalgia. / El cuerpo confundido con los maderos del barco / y la explosión del mar tempestuoso / las lágrimas / y el dolor absoluto del hombre / joven, ave afligida. / En la aldea quedó el padre viejo / nunca supo: la muerte es un motivo de gloria para los mortales - el curso tempestuoso del océano.

SANTAS MADRES

Las Santas Madres traen consigo el rumor / del mundo / canto repartido por sus nombres -Ana y María- / y el niño, nieto y luego hijo / cargado con la levedad de la inocencia eterna / exento de muerte / todo él natividad. / Pasan las aves de la noche / y los siglos / por el tiempo de sus manos / por las frentes / a la merced de los vientos de la memoria. / Transportan la sombra trinitaria / o, al decir de Aquilino, una simple mirada macarena.

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