dimanche 6 mars 2016

Tarde de lluvia en el museo de Tintín

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Tarde de domingo en el museo Hergé —entrada libre. El museo ya lo he descrito antes, así que a lo que voy.

La sala que reconstituye el salón de Hergé. En un muro, una amplia biblioteca y discoteca. Jung, Bachelard, Montherlant. Entre los discos, Satchmo, Maxime Nightingale, Pink Floyd. 

En el otro muro, siete cuadros. Un Bochner, un Alechinsky (dedicado «à Hergé, source d'images»), un Dubuffet.

Me siento en un rincón a observar qué hace la gente. A la izquierda la biblioteca, a la derecha la pinacoteca.

Hay quien entra y vuelve en seguida sobre sus pasos. La mayoría comienza por darle una mirada opaca al muro de los cuadros y se acerca en seguida a observar las carátulas de los discos y a leer los lomos de los libros. Una persona va y lee la lista con el nombre de los cuadros y sus autores. Pero en veinte minutos —durante los cuales habré visto pasar a varias decenas de visitantes— nadie se acerca a mirar los cuadros. Ni con detención ni sin detención.

Ya sé que veinte minutos no son nada, que se trata de un museo de historietas, que la gente ha ido a pasar el rato —como yo— y no a ver pintura abstracta, que no hay conclusión alguna que extraer en una tarde de lluvia un domingo de marzo. 

Aun así, la próxima vez que alguien me hable de la preeminencia de la imagen en la cultura contemporánea le diré lo que por lo demás me paso el día diciendo: mira, depende...

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samedi 6 février 2016

Una de Sergi López

Sergi López en el teatro de mi pueblo presentando Livingstone 30/40, escrita, dirigida y actuada por él y Jorge Picó.

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Muy gracioso López, muy versátil, un actorazo de lo ligero. La obra trata de dos momentos: la despedida de un hijo como los de hoy, adolescente tardío, con un padre como los de antes, un juez jubilado que presta más atención al tenis en la tele que a la despedida de su hijo, y todo lo que el hijo quiere es que le presten atención. López es un emotivo y el padre es un sillón. Un clásico de lo muy resabido bastante bien llevado.

El segundo es un largo intento de contacto entre López y el otro, un ser con cuernos, que bien puede ser un animal, o un primitivo, o incluso un hombre cualquiera, ya se sabe que hay gente con cuernos. El paño funciona, aunque por momentos peca por descosido. Lo salva el despliegue de López, que debe de perder un par de kilos en las casi dos horas que está en el escenario. No hay riesgo, le sobran. Tanto le sobran que López hace lo mejor que se puede hacer en estos casos, que es tratar a su tripón con desparpajo y hacer de él un protagonista más de la pieza.

Por otra parte, conocidas las simpatías de López por el independentismo radical, tiene gracia que los chistes sobre su identidad que se permite los haga a partir de su condición de español. Quiero decir que si esos mismos chistes los hiciese sobre su catalanismo se los pillaría su prima, si acaso. Por eso digo que tiene gracia. A mí, ya antes de saber que López es independentista, cuando me preguntan cuál es el actor español que más cara de español tiene yo respondo que Sergi López. 

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mercredi 3 février 2016

Una canción de Joan Baez

Fundador del Partido de los Trabajadores, que gobierna Brasil desde hace doce años, y pionero de la promoción de la idea de la renta mínima universal o ingreso ciudadano, Eduardo Suplicy recibía ayer en mi pueblo un doctorado honoris causa. Sensible a estas cuestiones tanto como al intraducible jeitinho brasilero, asistí a un encuentro informal con el flamante doctor previo a la ceremonia. 

A pesar de algunas preguntas marcadamente escolares (¿por qué los pobres votan por los ricos?), el encuentro fue ameno e interesante. Yo tengo de Suplicy un recuerdo transmitido por mi amigo JM, que acompañaba a Joan Baez en Sao Paulo en 1981, donde se reunieron con el entonces sindicalista Lula y con Suplicy. Quien no fue insensible a los encantos de la estrella, etcétera.

Joan Baez, Eduardo Suplicy, Lula, brasil 1981 foto julio moline

Me acordaba ayer de eso y me reía para mis adentros, cuando el propio Suplicy comenzó a seguirme la corriente. Respondiendo a una pregunta sobre la corrupción, o sobre la coyuntura, o sobre el coeficiente de Gini, se largó a contar cómo fue que su exmujer, Marta Suplicy, ministra de Lula y de Dilma, abandonó el PT y de paso lo abandonó a él, aunque no por las mismas razones. Y de cómo la fecha de ayer, dia dois de fevereiro, marcaba el aniversario de su relación con su actual mujer, presente en la sala.

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Digamos también para redondear la escena que Suplicy tiene aspecto de lord inglés y que lo del jeitinho brasilero es tal vez intraducible pero no necesariamante incomunicable. 

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vendredi 1 janvier 2016

Voy vuelvo

Voy camino de G C.

Anoche la luna salió puntualmente a medianoche. Nunca había visto asomar la luna en el momento justo del cambio de año. Detrás de ella vinieron los fuegos artificiales aficionados. Una novedad este año, unos farolillos rojos que surcan el cielo perdiéndose a lo lejos, como si fuesen drones. O aviones.

Poco más. Unos niños que asoman a las ventanas en piyama y la sombra de la madre que los manda de vuelta a la cama. Después de los fuegos, las calles del pueblo quedaron tranquilas como cualquier noche de invierno. 

Comienza un año más. Que sea bueno para todos.

Source: Externe

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mercredi 12 août 2015

El grafitero es un ser sentimental

Pasó por el pueblo el Kosmopolite Tour, un festival de grafiteros.

Un festival de grafiteros autorizados. Supongo que las autoridades hacen el cálculo siguiente: puesto que los muros acabarán pintados de todas maneras, mejor mejorar el resultado dentro de lo posible y darle un halo positivo a la actividad. Un procedimiento propiamente socialdemócrata.

Vaya por delante que no me suelen gustar los grafitis. Por infantiloides, adocenados y las más de las veces mamarráchicos. Pero por alguna razón me apego a las figuras, a las imágenes fijas. Los grafitis están al paso y yo los miro, qué remedio. Más aun durante el festival del que hablo, con los grafiteros manos a la obra.

Visto lo que ha quedado, parece que los murales se presentan como historietas cuyo relato es inmanente y más o menos informulable. Comentando su obra, el grafitero se defiende de la obligación de contenido. Lo que es  entendible, porque la pregunta sobre qué quiso decir el autor es cansina e inconducente. La respuesta del grafitero a esta cuestión suele ser sentimenal: los colores y las formas son sentimientos y lo que el autor siente no se explica, pero con un poco de empatía puede llegar a entenderse.

Otra manera de entender la relación del grafitero con el muro será que lo ve como una prolongación ya no sólo de su mano sino de su brazo tatuado. Y de su cara. Porque el autorretrato, el famoso selfie, aparece a menudo en estas pinturas cuando no es abiertamente el asunto principal. 

Es el caso de este mural pintado sobre un muro en el que yo imaginaba al cuadrado Sator. Lo pintaron dos chicas argentinas, Ajras y Corretch. Se diría que se pintaron a sí mismas, aunque ellas dicen que se trata de dos amigas. 

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Es el caso también del siguiente, pintado éste por un grafitero suizo, Nadib Bandi, en el andén de la estación ferroviaria. 

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El suizo se pintó a sí mismo y también pintó a su amigo grafitero, muerto recientemente. Este Bandi me cayó bien por eso de pintar a su amigo muerto y porque aceptó como aprendiz a un muchacho del pueblo de al lado, una actitud de maestro. Al pie de la pintura del amigo muerto firmaron finalemente muchos de los grafiteros participantes en el festival. Yo no sé si estas cosas se dan así consciente o inconscientemente, pero el resultado es lo que cuenta.

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También hablé con el Pelucas. Es vigués y ahora vive en Valladolid. En el Valladolid del caribe mexicano. Me dijo que quiso pintar las estrellas de Europa pero no se acordaba de cuántas eran, así que pintando, pintando, las convirtió en personas. Y al final, incluso se autorretrató llevándose a la estrella del festival al petate.

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mercredi 15 avril 2015

Mi calle, ahora

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dimanche 28 septembre 2014

El bosque

También vuelvo del bosque. Todo lleno de criaturas.

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samedi 14 juin 2014

A medianoche

Se ha puesto el sol pero ilumina aún por el poniente, abajo. Al otro extremo, arriba, la luna llena devuelve la luz como un espejo. Corre una brisa como venida del cielo. El barrio está desierto, en silencio. Me alegra estar lejos de cualquier estrépito y no tener que sustraerme ni a la celebración ni a la tristeza.

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samedi 26 avril 2014

La proyección

La sala ya está a oscuras y en la pantalla comienzan a desfilar las primeras imágenes. No me gusta llegar tarde al cine. A otros sitios, sí. Nos instalamos, y el vistazo ritual a la sala a oscuras nos devuelve la imagen que intuimos: estamos solos. Ocurre a menudo. Es viernes por la noche, tarde para los horarios locales, la entrada hay que pagarla y la estrella del filme, una Deneuve septuagenaria, ya no mueve multitudes.

El cine de mi pueblo es una multisala al uso y la nuestra, la número 13, dispone de 217 plazas. Supongo que echarán a rodar todas las películas independientemente de si hayan o no espectadores, porque cabe la posibilidad de que lleguen algunos atrasados, así como llegamos nosotros. Y que después de un momento, a falta de público interrumpirán la proyección. O no. De cualquier manera, la imagen de esas salas donde un foco de luz proyecta figuras en la penumbra para nadie resulta espectral.

La película era + o - no +.

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vendredi 28 mars 2014

Papá, cuéntame un cuento de Ionesco

Hoy hace veinte años que murió Ionesco. Tiempo antes, estuvo en Lovaina y fui a escucharlo a un auditorio abarrotado de estudiantes. Recuerdo a un señor pequeño y nada histriónico, que manejaba con destreza el pañuelo de sonarse. Tras las preguntas de rigor le pidieron que leyese algo y, en contra de lo esperado, no leyó un extracto de La Cantante calva o de otra de sus famosas obras del llamado Teatro del absurdo, sino un cuento para niños. Es decir que no ocupó un registro campanudérrimo sino que prefirió uno campanudillo, para decirlo con las categorías de mi amigo Sámuel. Compré luego el librito y lo traduje para la Josepepita, que por entonces me pedía constantemente lo que suelen pedir los niños: Papá, cuéntame un cuento.

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CUENTO NUMERO UNO, PARA NIÑOS DE MENOS DE TRES AÑOS, Eugène Ionesco

Josefina ya es una niña grande, tiene ahora treinta y tres meses. Una mañana, como todas las mañanas, Josefina camina despacio hacia la puerta de la habitación de sus padres e intenta abrir empujándola, como haría un perrito. Josefina se pone nerviosa y llama. Sus padres despiertan, pero se hacen los sordos.

Ese día el padre y la madre están cansados. La noche anterior fueron al cine y al restorán, y después del restorán fueron al teatro. Por eso ahora están remoloneando. ¡No es muy bonito ver a sus padres remolonear!   
   
La empleada también pierde la paciencia, abre la puerta del dormitorio y dice:

—Buenos días, señora, buenos días, caballero. Aquí está su diario, aquí están las postales que han llegado, aquí está el café con leche y con azúcar, aquí está el zumo de frutas, aquí están las medialunas, aquí están las tostadas, aquí está la mantequilla, aquí está el dulce de naranjas, aquí está la mermelada de fresas, aquí están los huevos fritos, aquí está el jamón y aquí está su hija.
   
Los padres de Josefina están ahítos porque, olvidaba decirlo, después del teatro volvieron al restorán. No quieren tomar café con leche, no quieren tostadas, no quieren medialunas, no quieren jamón, no quieren huevos fritos, no quieren dulce de naranjas, no quieren zumo de frutas, no quieren mermelada de fresas (que, además, no es de fresas sino de naranjas).
   
—Déle todo esto a Josefina —dice el padre a la empleada— y, cuando haya comido, tráigala de nuevo.
   
La empleada toma a la niña en brazos. Josefina se pone a chillar pero, como es golosa, se consuela en la cocina comiendo el dulce de su madre, la mermelada de su padre, las medialunas de ambos y bebiendo zumo de frutas.
   
—Por Dios, qué tragona —dice la empleada—. Barril sin fondo, saco roto...
   
Y para que la nena no se enferme, la empleada se bebe el café con leche de los padres, se come el jamón, los huevos fritos y también el arroz con leche que había quedado del día anterior.
   
Mientras tanto, el padre y la madre han vuelto a dormirse y ahora están roncando. Pero no les dura mucho. La empleada vuelve con Josefina al dormitorio.
   
—¡Papá! —dice Josefina— …Josefina —que así se llama la empleada—, Josefina se comió todo el jamón.
   
—No importa —dice el papá.
   
—Papá —dice entonces Josefina—, cuéntame un cuento.
   
Y mientras la madre duerme, porque está muy cansada después de la francachela de la noche anterior, el padre le cuenta un cuento a Josefina.
   
—Había una vez una nena que se llamaba Josefina...
   
—¿Como Josefina? —pregunta Josefina.
   
—Sí —dice el papá—, pero no era Josefina. Esta Josefina era una nena. La madre de esta nena se llamaba doña Josefina. El padre de la nena se llamaba don Josefina. La niña Josefina tenía dos hermanas y ambas se llamaban Josefina, y dos primas que se llamaban Josefina y una tía y un tío que se llamaban Josefina. El tío y la tía, que se llamaban Josefina, tenían unos amigos que se llamaban el señor y la señora Josefina, quienes tenían una nena que se llamaba Josefina y un niño que se llamaba Josefina; la nena tenía unas muñecas… tres muñecas, que se llamaban Josefina, Josefina y Josefina; el niño tenía un amiguito que se llamaba Josefina, un caballo de palo que se llamaba Josefina y unos soldados de plomo que se llamaban Josefina.
   
« Un día la niña Josefina fue al parque con su padre Josefina, su hermano Josefina y su mamá Josefina. Allí se encontraron con sus amigos Josefina, con la niña Josefina, con el niño Josefina, con los soldados de plomo Josefina y con las muñecas Josefina, Josefina y Josefina ».
   
Mientras el papá le cuenta este cuento a Josefina, entra la empleada.

—Va a volver loca a esta nena, usted —dice.
   
Josefina le dice entonces a la empleada:

—Josefina, ¿vamos a comprar? —porque, como está dicho, la empleada también se llama Josefina.
   
Josefina se va a hacer las compras con la empleada.
   
El padre y la madre han vuelto a dormirse porque están muy cansados; por la noche fueron al restorán, al cine, de vuelta al restorán, después al teatro y otra vez al restorán.
   
Josefina entra en una tienda con la empleada y se encuentra con una nena que está con sus padres.
   
Josefina le pregunta a la nena:

—¿Quieres jugar conmigo? ¿Cómo te llamas tú?
   
—Me llamo Josefina —contesta la nena.
   
—Ya lo sé —dice Josefina—, tu padre se llama Josefina, tu hermanito se llama Josefina, tu muñeca se llama Josefina, tu abuelo se llama Josefina, tu caballo de palo se llama Josefina, tu casa se llama Josefina, tu bacinica se llama Josefina...
   
Entonces el tendero, la tendera, la mamá de la nena y todos los clientes que están en la tienda se dan vuelta y se quedan mirando a Josefina con los ojos muy abiertos.
   
—No se preocupen —les explica tranquilamente la empleada—. Así son los cuentos idiotas que le cuenta su padre.

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