mardi 30 avril 2013

Victor Hugo y Victor Joly en Luxemburgo

 El 14 de julio de 1870, días antes de la declaración de guerra de Francia a Prusia, Victor Hugo plantó en su jardín de su casa de la isla de Guernesey, donde vivía exiliado, una bellota de la que nacería un roble, en pie todavía, al que bautizó como el Gran roble de los Estados Unidos de Europa.

«De esta guerra no puede venir más que el final de las guerras y la fundación de los Estados Unidos de Europa», escribió entonces el francés. No sería después de esa guerra ni de la siguiente, sino de la tercera, que la paz entre Francia y Alemania sellaría el nacimiento de Europa.

Me entero de esto en Vianden, pequeña ciudad luxemburguesa, en la frontera con Alemania, donde pernoctó Victor Hugo en sus viajes por Bélgica y Luxemburgo durante su largo exilio. En la casa-museo donde se instalaba Hugo a escribir y dibujar, desde donde miraba el río y el castillo, que fue románico, gótico, romántico y ahora es turístico.

Hugo, por su parte, tras haber sido de joven monárquico y luego bonapartista, en la madurez rompió con los conservadores del Partido del Órden, y se dirá liberal-socialista-demócrata-republicano. Todo en él era campanudo y esdrújulo. Pero no sólo. Hugo era capaz de escribirlo todo, del panfleto y la gran novela a la guía de París y los poemas para los nietos.

A propósito de guías, la de Victor Joly que seguía Hugo en sus viajes por las Ardenas entrega una bien jolie descripción del viajero que atraviesa la calle principal de una ciudad de provincias al alba, como si cruzase un inmenso dormitorio con dos filas de camas, una a cada lado de la calle.

En Vianden, una ciudad pequeña en el centro de Europa, el tiempo que fue se confunde con el que viene. Entretanto, el presente es apacible.

VH

Bronce de Rodin sobre Victor Hugo, con el castillo de Vianden al fondo

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El enemigo del aduanero

Luxemburgo es un país tan pequeño que su superficie sólo puede medirse en campos de fútbol.

Es un país rico, dispone del PIB por habitante más alto del mundo. En la clasificación del PNUD en materia de desarrollo humano, sin embargo, sólo ocupa el número 26, tres lugares por debajo de España. Un contrasentido por donde se lo mire. Pasa que hasta hace pocos años (2003), Luxemburgo no disponía de una universidad. Lo que no impedía a los luxemburgueses formarse profesionalmente en París, Bruselas o Berlín, pero le bajaba el pelo al país en estas comparativas internacionales.

En Luxemburgo vive medio millón de personas y casi la mitad (42.9) son extranjeros. En Rumania, por ejemplo, hay un 0,12 de extranjeros y en Bulgaria un 0,33, mientras que en Suiza hay un 21,2. A la luz de estas cifras, uno tiende a interpretar que las sociedades ricas son atractivas para los extranjeros. Lo que es cierto. Pero olvida que las condiciones de acceso a la nacionalidad suelen ser en esos países más restrictivas.

En materia de idiomas, en Luxemburgo la gente practica un trilingüismo rélax. En vez del bilingüismo impositivo que impera en Bruselas, donde cualquier minucia debe estar forzosamente en flamenco y francés, los luxemburgueses combinan el uso del francés y el alemán con cierta naturalidad. Los carteles están a veces en una, a veces en otra. Lo mismo pasa con la comunicación oral: la gente suele hablar en luxemburgués, pero responden en francés o alemán de buen grado si es necesario, sin hacer mayor cuestión del asunto.

En fin, Luxemburgo, es el país del Tío Eustaquio, aquél que lo pintaba todo uno y otra vez. Las casas lucen siempre recién pintadas de colores pastel. Una curiosidad, eso sí: no hay casi casas pintadas de verde. Tal vez porque el paisaje ya es suficientemente verde, o por otra razón que se me escapa.

Escribo estas líneas desde Schengen, en la confluencia entre Francia, Alemania y Luxemburgo, donde se firmó (sobre una barcaza en medio del río Mosela, en cuyas ribas se cultivan vinillos muy alegres) el tratado de libre circulación de personas que lleva el nombre del pueblo, tratado que dejó sin trabajo a una generación de aduaneros.

Lux

Quepis de aduaneros en el Museo europeo de Schengen

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mardi 8 mai 2012

La yapa

(Tres días en Luxemburgo, 4 + 1)

Se me quedan tres detalles, que liquido ahora mismo. La yapa, the remnant.

Luxemburgo es un país muy verde y la gente pinta las casas de colores (en contraste con el sur de Bélgica, donde prima la piedra natural y el ladrillo). Sin embargo, no parece haber ni una sola casa pintada de verde. Terracotas, cremas, y cúrcumas a tutiplén, o azules, o incluso grises, pero ninguna verde. 

En el restorán de Urspelt, la camarera es brasilera, de São Luiz de Maranhão. Aparte lo verde, Maranhão será la antípoda de Urspelt.

De tan templados que son, los luxemburgueses parecen haber inventado el concepto del sauna tibio. Tal vez por eso, y por el número, no parece haber luxemburgueses que hayan marcado el imaginario colectivo. Y en cuanto al imaginario personal, al único luxemburgués que recuerdo es a Julien, el pianista de Rendez-vous à Bray. Y con esta nana me despido, que a eso quería llegar.

Six, cinq, quatre, trois, deux, un et une
Mon oiseau a perdu ses plumes
Plumes de bois et plumes de fer
Nous nous retrouverons en enfer
Plumes de fer et plumes de bois
Le paradis n'est pas pour toi
[Le paradis est pour le Roi.]



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lundi 7 mai 2012

El paréntesis

(Tres días en Luxemburgo, y 4)

Parra propone escribir como se habla y hablar con el lenguaje de la tribu, pero por escrito. Rimbaud, después de escribir el Antiguo Testamento a los 15 y el Nuevo a los 18, dejó de escribir a los 20 años. ¿Por qué? La respuesta es elocuente, silencio.

A todo esto me acuerdo de mi amigo T, a quien conocí en El Cusco. A propósito del leve malestar que creo haber sentido entre los huéspedes del hotel en Luxemburgo a la hora del desayuno. Del desprecio con que T se refería a sus equivalentes que paseaban su indolencia por Indiolandia mientras en Europa tenían en marcha su pequeño negocio. De T, digo, tan buen caminante como era. Lo he recordado poco en estos largos años, pero una vez soñé que le habían amputado la pierna derecha.

A todo esto también, confieso que vamos por Luxemburgo siguiendo una guía Michelin del año 55. No es que vayamos buscando bucólicamente el país que alguna vez fue Luxemburgo. Es que lo encontramos. Por los caminos comarcales, donde no hay nada que no sea paisaje, nada que no existiese cuando Rimbaud recorría estos parajes. Será una Europa recuperada de los agravios napoleonistas y adolfistas, anterior a la crisis y a la depresión. Una Europa entre paréntesis.

P1020605

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samedi 23 décembre 2006

Soneto del fútbol belga

luxbel1

Bélgica-Luxemburgo, 1° de marzo de 2006

para KVDB


Los albos luxemburgueses
Los encarnados belgueses
La nieve caída espesa
Es belgo-luxemburguesa

Animado está el partido
El termómetro ha fundido
Tantos tantos anotados
Menos uno por cada lado

Las defensas se atrincheran
Atacan las delanteras
¿Algo hay que la nieve esconde?

Los técnicos vociferan
Da el árbitro pitadera
¿La pelota estará dónde?

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