jeudi 13 juin 2013

El coqueteo

Voy leyendo demoradamente The Childhood of Jesus, el  último libro de mi venerado Coetzee. Hasta ahora, la acción que describe la novela transcurre en un país de habla española. Me pregunto de dónde le viene este coqueteo suyo con la lengua mía. En Diario de un mal año, un personaje trata a Coetzee de Señor, otro lo llama Juan y un tercero lo cree colombiano. Lo cierto es que Coetzee ha leído a García Márquez, a la luz del tirón de orejas que le da al aracataqueño. Mais encore ?

MM me cuenta que, en su reciente visita a Santiago de Chile (la segunda en menos de dos años), Coetzee se limitó a leer en público, ante unas setenta personas en una facultad universitaria, dos capítulos de The Childhood... y a firmar ejemplares del libro. Los asistentes estaban prevenidos de que no habrían preguntas ni diálogo posterior con el escritor. Harto que estará de que le pregunten por Mandela.

A qué va, entonces. Por no dejar, enfilamos una serie de respuestas posibles, desde las más previsibles (compromisos editoriales) a las más peregrinas (porque Santiago queda en un punto intermedio entre su Ciudad del Cabo natal y Adelaida, la ciudad donde vive, sobre el mismo paralelo). Pero la mejor respuesta es a la vez la más sencilla, la más sublime y la más ridícula: por amor.

J

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lundi 18 mars 2013

Un restorán costumbrista

MM cuenta haber presenciado dos brevísimos episodios entrelazados, ambos protagonizados por Lira. Sería el otoño del año 1981, el último de Lira, cuando un restorán costumbrista con veleidades literarias organizó unas jornadas poéticas a las que Lira fue invitado a leer o a declamar. Antes de subir éste al escenario, su madre tuvo el cuidado de cerrarle la bragueta.

Al final del sarao, en el estacionamiento del local, el dele-dele la versión local del gorrillas madrileño guió hacia la salida, con señas, a MM, que conducía. Al momento de dar una propina, Lira que tenía aspecto, maneras y lenguaje de gran señor se adelantó a MM y desde el asiento trasero entregó al dele-dele una sola moneda de ínfima cuantía, diciéndole: «Tome, buen hombre, para que se dé un gusto».

S

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