dimanche 23 février 2014

Les enfants de Marx et Coca-Cola

Masculin, féminin. Años que no veía una de Godard.

Esta es del 65. La Francia de entonces, su gaullismo de cartón piedra que, como el franquismo, cedía frente al neón americano. Otro planeta visto desde ahora. Y sus personajes. Un joven periodista se convierte en encuestador para un empresa de sondeos y unas chicas que no tienen opinión o no quieren darla. Y una cantante ye-ye que se deja seducir por el periodista-encuestador siempre y cuando el seductor no se convierta luego en emmerdeur, en tocapelotas.

Entonces la gente fumaba constantemente, incluso mientras comía combinaba cucharadas y caladas. Y leía y leía diarios, revistas o libros. Hablaban y hojeaban distraídamente el diario. Ese mundo de fumadores y lectores empedernidos sólo ha desaparecido a medias cincuenta años después. Lo que lleva a pensar que faltan otros cincuenta para que desaparezca del todo.

El resultado es desigual. Hay momentos de gracia en los diálogos improvisados y fingidos de Léaud y las chicas (que los jóvenes pre 68 se tratasen de usted en pleno flirt le otorga a la cosa un cierto morbo retrospectivo). Y abundantes tics, y la manía de la autorreferencia, la moda de entonces, ahora pasada de moda.

Este filme se podría llamar Les enfants de Marx et Coca-Cola, apuntaba Godard. Pues eso, pelos de la barba de Marx flotando en un vaso de la chispa de la vida. 

Con todo, Masculin, féminin se llevó el Oso de plata en Berlín, tan celebradas eran las gracietas de su autor.

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dimanche 17 juin 2012

Ahora que Alemania ha vuelto a ponerse de moda

Un día en Tréveris, la ciudad más vieja de Alemania, al borde del río Mosela, la llamada segunda Roma. Ahora que Alemania ha vuelto a ponerse de moda.

Una vuelta ritual por la casa natal de Carlos Marx. Lo que más apreciaba de la casa-museo, la genealogía de los Marx, ha sido descolgada, o descolgado anda mi tío, que no la encuentra. También es cierto que hay mucho visitante oriental. No había ninguno en las calles en la ciudad, y resulta que estaban todos en la Marx Huis, interesados por el joven Marx, por doña Jenny, por el tío Feuerbach y el yerno Lafargue. Qué tristeza la Historia, así con mayúsculas, una lluviosa tarde de sábado, la negra sombra del gulag y del holocausto asomando por la ventana adornada con geranios.

Ateo como soy prefiero la Catedral, tantas veces renacida del polvo de las guerras. No es cuestión de ir por la vida comparando, de modo que tampoco voy a compararla con la Porta Nigra, ni con el Aula Palatina, ahora templo protestante. Ni siquiera con la hamburguesería de la esquina, que adopta un look moselense.

El euro no es otra cosa que el marco alemán con otros colorines, asegura con guasa Enric González. Lo cierto es que los precios son más bajos en Alemania que en los países vecinos (ya digo que no hay que ir comparando), los dorados de las molduras más brillantes y la bandera tricolor, Eurocopa mediante, lleva los colorines más triunfales.

Trier

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