dimanche 26 mai 2013

La palma o la palmeta

Año a año a estas horas reparten palmas en Cannes. Tras una semana de exhibiciones, el espectáculo puede estar también en la sala de prensa, allí donde directores, actores y periodistas practican el ritual de la conferencia de prensa, ejercicio de autoelogio desechable si no es porque alguien suelta una tirada.

Hace un par de años fue el danés Von Trier quien, cuando presentaba su por lo demás espléndida Melancolía, se mostró comprensivo con Hitler. Este año la palmeta se la disputan Ozon y Polanski. Ozon afirmó, en la presentación de su filme Jeune et jolie, que la fantasía de prostituirse la comparten todas las mujeres. La prostitución, ya se sabe, es un asunto candente, y en Cannes mueve más dinero que la venta de películas. Polanski, quien ha adaptado una pieza del patentador del masoquismo, Sacher-Masoch, La Venus de las pieles, sostuvo, por su parte, que las mujeres se han masculinizado por culpa de la píldora y otras sandeces por el estilo.Tanto Von Trier como Ozon se desdijeron al día siguiente. La tirada de Polanski data de ayer, así que ya veremos.

Algo habrá de calculado truco publicitario tras estos desmanes orales. También será que estos hombres se han pasado varias semanas dando vida a sus fantasmas, como quiere el tópico, túnel del que emergen en una sala de prensa rodeados de cazadores de leones. Y, también, que un director de cine, como otro parroquiano cualquiera, suelta muchas sandeces si le tiran de la lengua y nuestra época adora escucharlas, escandalizarse en seguida, obtener unas rápidas excusas y recomenzar.

Es como si necesitáramos todos ser reconfortados en nuestras certidumbres. Si hay algo que ha cambiado en el mundo, en el mundo civilizado, por llamarlo de alguna manera, es la condición de las mujeres y la condena a los totalitarismos. Así que cuando alguien pone en duda estas cuatro verdades en una tribuna pública (en la intimidad de los hogares, allí donde Aznar habla catalán, cada cual es libre de soltar las tiradas que quiera), no se lleva la palma sino una palmeta.

VT

Lars Von Trier

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dimanche 14 août 2011

El masoquista

Este verano mi tío ha estado siguiendo dos series, de esas con que los diarios rellenan las páginas durante las vacaciones de la plantilla. La del Monde, sobre el estado de la cortesía en el mundo, y la del Soir, sobre los personajes cuyo nombre se convirtió en adjetivo o sustantivo. 

De la primera me cuenta este dato: el número de víctimas británicas en el naufragio del Titanic es proporcionalmente muy superior al de víctimas norteamericanas. Lo que se explica por la propensión británica a formar fila, incluso durante un naufragio, incluso delante de un bote salvavidas.

De la segunda me hace un picante resumen sobre el masoquismo y su relación con Leopold von Sacher-Masoch, el autor de La Venus de las pieles.

Como se sabe, Masoch era austríaco, vivió en el siglo XIX y fue un autor prolífico. La historieta cuenta que siendo un niño estaba un día jugando al escondite en su casa y se escondió en una habitación detrás de un colgador de ropa. En donde, entre ternos y sobretodos, lo sobresalta la súbita aparición de una de sus tías en cueros bajo un abrigo de piel, y seguida por su amante. El niño se queda estático observando la escena hasta la aparición del marido de su tía, quien propina a los amantes una paliza de proporciones. Tanto revuelo da con el colgador en el suelo, deja al niño al descubierto y es su propia tía quien se encarga de castigar al pequeño mirón. La vida sentimental de nuestro autor quedaría a partir de ese día poblada de mujeres robustas en cueros bajo abrigos de piel, y de abrumadoras palizas, de lo que dieron abundantemente cuenta sus libros.

De esos materiales se valió el siquiatra alemán Krafft-Ebing, en su estudio sobre las perversiones sexuales, para bautizar como masoquismo a la búsqueda del placer por vía del dolor y de la humillación, sobre la misma base que el doctor Dalton dio su nombre al daltonismo, el comisario Molotov al cóctel, el conde Sandwich al emparedado y la abuela Smith a la manzana verde. Masoch gastó sus últimas energías para intentar impedir que la asociación entre su nombre y el masoquismo se estableciera definitivamente. Ante los tribunales, incluso. Perdió el proceso y ganó la posteridad.

Fue la última paliza que recibió.

V

Tiziano, Venus ante el espejo

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