samedi 11 mai 2013

El día de las lilas

El momento del año en que maduran las lilas. En el jardín de Materlín las hay blancas y lilas. El color de las lilas blancas se pasa varios pueblos del blanco, mientras que el de las lilas lilas se acerca al añil, al azul paquete de vela, al azul da seda azul do papel que envolve a maça. Este año el día de las lilas ha llegado este once de mayo. Como siempre, hago unas par de fotos por mera manía de registrador, porque sé que la sensación que se desprende de las lilas esta tarde, esa carga de húmedo perfume, no cabe en una foto. Debería ser capaz de pintarlas, me digo a veces. Pintar obliga a mirar mucho, antes y después. Y de eso se trata, supongo, de mirar y de sentir demoradamente. El lilero no tiene mucha gracia fuera del momento de la floración. El fruto es más bien feo, el follaje es oscuro e inexpresivo y el ramaje -el porte- es algo desgarbado. Tampoco valen las lilas para los floreros, donde se marchitan en seguida. Toda la gracia de la que es capaz, el lilero la pone en el momento de la floración. Que es éste, el de esta tarde, ahora mismo.

L

Lilas au soleil, óleo de Claude Monet

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mercredi 31 août 2011

El síndrome de Stendhal

Concierto de guitarra. Los concertistas son dos hermanos. Tocan espléndidamente piezas italianas (Giuliani) y españolas (Granado, Ponce, Rodrigo). Todo muy bien. Pero lo que me conmueve son dos Estudios de Villa-Lobos.

Por alguna razón, el sincretismo de Villa-Lobos consigue emocionarme. Para explicar el placer estético, Uriarte echa mano a Stendhal (y a su famoso síndrome): el arte es una promesa de felicidad, y a Borges: la inminencia de una revelación que no se produce. 

También dependerá de cómo y de con quién. Según una galena que lo estudió clínicamente, el síndrome de Stendhal -el placer estético súbitamente transformado en taquicardia- alcanza principalmente a los europeos solitarios. Los nativos de los países culturalmente emergentes están más o menos inmunizados contra el mareo estético, a fortiori si van arropados por sus pares.

Viendo las imágenes de los muchachos frente al albo Benedicto en Madrid (somos / adictos / a Benedicto) o en la City parade de Bruselas (viseras de acrílico, pantalla colorida y música tecno), o a unos scouts cantando todos a una frente a la gran pantalla del karaoké, como si se tratase de un show de la tele, me digo que el placer estético comienza con la religión, despunta en el seno del rebaño, quiero decir.

Y acabará probablemente camino del cementerio o del centenario, que es adonde también vamos, cabeza gacha o frente altiva, las ovejas descaminadas.

M

Óleo de Édouard Manet

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