lundi 4 mai 2015

Escriba lo que se le pase por la cabeza

Leo Limonov en español. El relato fluye como se debe. Me acuerdo de una entrevista a Carrère donde cuenta que sigue el consejo de Ludwig Börne: 

«For three successive days, force yourself to write, without denaturalizing or hypocrisy, everything that crosses your mind. Write what you think of yourself, your wives, Goethe, the Turkish war, the Last Judgment, your superiors, and you will be stupefied to see how many new thoughts have poured forth. That is what constitutes the art of becoming an original writer in three days.

I continue to find this excellent advice. Today still, when I’m not working on anything, I’ll take a notebook, and for a few hours a day I’ll just write whatever comes, about my life, my wife, the elections, trying not to censor myself. That’s the real problem obviously—“without denaturalizing or hypocrisy.” Without being afraid of what is shameful or what you consider uninteresting, not worthy of being written. It’s the same principle behind psychoanalysis. It’s just as hard to do and just as worth it, in my opinion. Everything you think is worth writing. Not necessarily worth keeping, but worth writing. And fundamentally, that’s what a large part of literature attempts to do—reproduce the flow of thought. Well at least the literature I love the most—Montaigne, Sterne, Diderot...».

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La socialdemocracia, dice Owen Jones, «asumió los presupuestos del thatcherismo, igual que los Gobiernos conservadores de los años cincuenta aceptaron los del laborismo de posguerra». Si la historia es esa trenza bien trenzada, es el turno de los conservadores de plegarse a algunas iniciativas socialdemócratas. No sé por qué tardan tanto.

Tiene un buen repertorio de formulaciones, Jones: La gente pobre trabaja, dice también. Se levanta por la mañana para ganarse su pobreza.

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vendredi 25 avril 2014

El día del libro y la coliflor

Destinar un día a celebrar a las madres o a los libros parece un asunto bien pedestre. Aunque tampoco es para tanto. El cuento es que anteayer, que era el día de los libros y las rosas, di con unas líneas donde Montaigne celebra a los primeros. La jerarquía del gascón era ésta: Mujer, amigos y libros. Pero el amor y la amistad son fortuitos, escribe, y dependen de los demás. Uno declina con la edad, la otra es escasa. Los libros, en cambio, son de cada uno y duran más.

Durante ese día también, la estación manda, planté mis coliflores con la alegría debida y no sin cierto apuro: Que la mort me trouve plantant mes choux, mais nonchallant d'elle, et encore plus de mon jardin imparfait.

De lo que me entero sobre el exalcalde de Burdeos en compañía de Compagnon, me conmueve su error de apreciación a la hora de decidir en qué lengua escribiría, si en su francés coloquial o en el latín erudito en el que antaño se escribían los libros. Montaigne decidió finalmente hacerlo en francés porque quería que lo leyesen las mujeres, y pocas eran las que leían entonces el latín. Y decidió hacerlo a sabiendas de que esa opción condenaba sus Ensayos a desaparecer dentro de cincuenta años: el francés era una lengua principalmente oral, inestable por lo tanto. Creía el gascón que las generaciones venideras no lo entenderían y se desinteresarían de él.

Lejos de eso, cada día se le lee más. El librito de Compagnon se vende como pan caliente.

M

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vendredi 5 août 2011

La divisa

(Saldos de fin de temporada, y 5)

Desde la carretera se ve el cielo y la tierra. Los cielos son cambiantes, los sembríos uniformes. El principio de la agricultura francesa es el mismo del jardín de Villandry pero al revés. En Villandry adornan con hortalizas. A campo abierto, cosechan masivamente flores. Girasoles. Al ponerse el sol los girasoles le dan la espalda para recibirlo en la cara al día siguiente. Son más listos que los paneles solares. 

También se ven monstruos metálicos, regadoras, cosechadoras, torres de alta tensión, molinos de viento. Grandes insectos. Francia es un viejo país agrario algo modernizado. Jonzac, por ejemplo, ni siquiera aparece en la guía turística. En el torreón medieval, un reloj suizo da la hora en punto. Y en el frontis del ayuntamiento republicano campa un reloj de sol. Jonzac está entre Cognac y Champagnac, con lo que cuesta mantenerse sobrio. Contando además con que es la tierra del Pineau de Charentes, esa dulcísima mistela donde se mezcla el aguadiente más viejo con el vino más joven.

J

Decía Montaigne que algunos nos tomamos la ida por la vuelta. Si pudiera volver a poner una divisa en este sitio, sería esa. O bien, la de Millán: No sé si voy o vuelvo de Santiago. Esta vez la lluvia no espera a que crucemos la frontera belga para caernos encima. Nos viene siguiendo desde el Mediodía. Una cosa por otra, las cigarras nos dejarán en paz. Y la lluvia lava el auto del polen, del polvo, de los insectos. Hasta el año próximo.

Como dice la divisa grabada en la piedra de Jonzac, Post bella, otia pacis. Bella es la paz tras la guerra.

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mercredi 13 juillet 2011

La tortilla de Montaigne

(Voy y vuelvo 11)

He cenado una tortilla preparada por Montaigne. Por el actor que representa a Montaigne, en la obra que bajo ese nombre se presenta en el Festival de Aviñón. Montaigne abre la pieza preparando una omelette que, una vez hecha, reparte a dos espectadores. Ventajas de sentarse en la primera fila y de tener cara de espectador, recibí mi plato y puedo dar fe de que la tortilla estaba buena. Tal vez un poco pasada de sal, pero buena.

El Montaigne de la pieza no sólo cocina, también come y bebe, y canta y baila. Y declama extractos de sus diarios y ensayos, bien elegidos y encadenados por los gestos del actor. Montaigne hablaba con naturalidad de la vida y de la muerte: quien aprende a morir aprende a vivir, decía. Y también: espero que la muerte me encuentre plantando mis coles. Todos los días corren a su muerte, pero sólo el último llega.

El burdelés, que fue un buen viajero, describe así su itinerario: sé bien de lo que huyo, menos de lo que voy buscando. Y el modo de viajar de sus semejantes: Algunos toman la ida por la vuelta.

Y sobre su amigo, Etienne de La Boétie, muerto joven: Hubiese confiado más en él que en mí mismo (o también: me hubiese confiado más a él que a mí mismo).

El que creía que por escribir en francés lo hacía para muy pocos y por muy poco tiempo, se mantiene en vida a través de sus textos, y ahora el teatro lo trae también de vuelta. Sobre el escenario, sus citas más conocidas se amplifican a través de la fuerza de la presencia humana.

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