samedi 24 mars 2018

Volver a Ademuz

Así como da pena terminar un buen libro, también da un poco de cosa retomarlo tiempo después. Hace unos días, tras una conversación con Samuel en Twitter, fui a buscar Sefarad, para releer un capítulo, Ademuz. Con un poco de aprensión. Me gustó mucho cuando lo leí hace quince años, no fuera ahora a decepcionarme.

Y no. Lo que cuenta Ademuz cabe en dos palabras. Muere una mujer mayor y sus sobrinos van al pueblo a acompañar a la familia. Muñoz Molina cuenta ese trance de puertas adentro y con el punto de distancia que da el hecho de ser un recién llegado a esa familia.

Es un raro privilegio ver una familia por dentro. A veces un suceso trágico abre una casa en dos, como un mal rayo, y la expone a los ojos del mundo. Pero lo que hace el autor en este caso no tiene nada que ver con la estridencia de una revelación. Ademuz es un relato sotto voce, en modo menor, inserto incluso en un libro cuyo asunto principal parece ser otro.

¿Cómo es la gente que vive en ese pueblo al que nunca irás, a no ser que tomes un largo desvío a Santiago, cómo es la gente que allí vive, cuáles son sus sentimientos?

«Verás la llanura con su verdor de oasis, y sobre ella las laderas donde cuelgan las casas en calles empinadas...». Si bien «ahora es invierno y es noche cerrada, y aunque de lejos las luces te han dado la sensación de que todo permanecía intacto poco a poco vas viendo que las cosas ya no te son exactamente familiares...». Aun así, «quiero que me entierren allí, no quiero quedarme sola cuando esté muerta».

Imagino que para la familia en cuestión ver su retrato en la letra impresa habrá supuesto una sensación ambigua. Al mareo de la nombradía se superpondría una cierta incomodidad. Porque hay mucha luz en Ademuz e igualmente alguna sombra. Dejar entrever esa sombra también es echar luz sobre Ademuz.

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Posté par Josepepe à 11:00 - Commentaires [4] - Permalien [#]
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