samedi 2 décembre 2017

El condón

Vengo de ver The Square.

Es fácil para quien lo conoce por dentro burlarse del arte moderno. Y supongo que tampoco es difícil para quien la conoce bien burlarse de la sociedad sueca. The Square se burla del arte moderno y de la sociedad sueca a veces magistralmente, aunque para lograrlo tenga que activar una y otra vez el mecanismo de la disrupción de lo freak en la normalidad socialdemócrata.

Con todo, hay dos o tres cuadros muy conseguidos—el del condón es ciertamente uno. La factura es impecable. La Palma de oro no la regalan.

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mardi 15 novembre 2016

Diálogo sobre el cine asiático

Comienza la película. Desfilan las primeras escenas...

—Esta ya la vimos.

—Yo no.

—Sí la vimos.

—La verías con otro.

—La vimos juntos.

—Vimos la otra, In the mood for love.

—Esta también. Te vas a acordar en cuanto aparezca el singapurense.

—¿El japonés?

—¿Ves que la vimos? 

—Que no.

—Dices que no porque quieres verla de nuevo.

—Qué buena pinta tiene...

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mardi 1 novembre 2016

Una epifanía kazaja

Vi tiempo atrás una película kazaja, Lecciones de armonía, de Emir Baigazin. La piropeé aquí: puro darwinismo social. Incluso bromeé en Twitter sobre mi afición al cine kazajo a partir de esa única experiencia.

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 Angel herido se llama la segunda de Baigaizin. Son varias secuencias de las vidas de cuatro muchachos que intentan convertirse en adultos, obligados a salir del nido y a hacerse un sitio fuera. Es el mismo asunto del primer filme, sólo que esta vez está multiplicado o divivido por cuatro historias paralelas. Jaras, el Pollo, el Sapo y Aslan tienen unas madres que los cuidan, a pesar de la pobreza en una aldea kazaja en los años noventa, tras el desplome del imperio soviético, pero esos cuidados que dan fuerzas para desplegar las alas, llegado el momento también estorban. Ese intersticio es el que explora Baigazin.

Se trata de una constante universal, el rito de paso entre la infancia y la edad adulta, aquí declinado por lo particular kazajo: el mutismo del paisaje y de las interacciones. No parece haber nadie que sonría en las dos horas que dura la película, ni siquiera en las escenas cortadas, que también las vi.

Son tópicos universales y circunstancias particulares, exóticas en este caso en relación al público al que se dirigen. Porque se trata de un puro producto Arte, hecho para los festivales europeos y su público. Puedo equivocarme, pero no creo que el público kazajo se interese por estas imágenes, o lo hará sólo en la medida en que se pregunte qué les verán de bueno en Berlín.

Las de Jaras, el Pollo, el Sapo y Aslan son historias tristes que acaban mal. Baigazin, sin embargo, sublima esas caídas icarescas en una secuencia final de un depurado kitsch, tan demagógico como bien conseguido. Uno de ellos entona en italiano el Ave Maria de Schubert, mientras los demás se recogen en su soledad compartida. Una epifanía kazaja, ya digo.

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dimanche 14 février 2016

Una de Truffaut

Una de Truffaut, Domicilio conyugal.

La grâce !

Francia en 1970. Una pareja joven, cultivados ambos sin ser presumidos. Tienen trabajo, un hijo, aventuras, aventurillas, se separan, se arrejuntan. Con la Europa de los seis como trasfondo y un optimismo propio de una gente que nació en cuanto acabó la guerra.

Me paro a mirar mi pueblo y lloro, me confiesa G, que nació justo antes. Y sin embargo era un pueblo de mierda.

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mardi 22 décembre 2015

Madre mía

La muerte de la madre desestabiliza hasta al más desmadrado. Nanni Moretti cuenta ese momento —ese antimomento—magníficamente.

Es cineasta, y esa circunstancia lo pilla en plena filmación. En esa filmación, el punto comedia lo pone el actor estrella, mientras que el punto tragedia lo pone la cineasta que lo filma. Todo lo que lleva a Moretti a hacer llorar al espectador ligeras lágrimas de risa y gordas lágrimas de pena. Y también a señalar la artificiosa manera como el cine intenta representar la imagen del mundo en movimiento. Y ese mundo en movimiento, la gente.

Puede ser que Mia madre sea la mejor película de Moretti. Lo digo porque la vi anoche y reconozco mi propensión a dejarme llevar por mi percepción sensorial.

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En tres semanas, he visto otras tres películas: Pasolini, de Abel Ferrera. Paradise now, de Hany Abu-Assad, que me recomendó el amigo Cary Gooper, y sobre la que me propongo decir algo más adelante. Y Los Jardines del rey, que no vale para gran cosa, salvo por la Kate Winslet en tanto que Sabine de Barra. A una y otra las llevo desde entonces en el pensamiento. La cineasta de Mia madre da esta consigna a sus actores: sé tu personaje y sé tú mismo al lado (accanto a) de tu personaje. A la Kate no necesitan decírselo.

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Y sobre el resultado de las elecciones, que por decir no quede:

Que el PP pierda la mayoría absoluta es lo menos que podía ocurrirle. No es de extrañar que un partido conservador, hegemónico en su campo ideológico, obtenga alrededor de un cuarto de los votos. Lo anómalo fue que obtuviese la mayoría absoluta en el 2011. Partiendo de la base de que todas las opiniones son respetables, mi opinión es que el PP no da para más.

Que un partido socialdemócrata, históricamante hegemónico en su campo ideológico, consiga un quinto de los votos dice mucho de este PSOE de hoy, al que tanto lo poco que propone como lo mucho que defiende parece quedarle grande.

Que Ciudadanos acabe alcanzando un honroso cuarto lugar y le sepa a fiasco dice mucho del selfismo en boga, no sé si me explico.

Que Podemos haya hecho un hábil manejo del relato de su propia remontada sobre la base del anti-desahucio y del pro-referéndum dice mucho de la candidez de los votantes de Podemos.

Mis pulsiones me llamaban a votar al Partido animalista. Pero luego no hay melocotones.


lundi 7 septembre 2015

Los refugiados

En un momento de Dheepan, la historia de unos tamiles refugiados en París, Palma de oro este año en Cannes, el lacónico protagonista confiesa que no entiende a los franceses. A veces los veo reírse, dice. Entiendo cada una de sus palabras, pero no sé de qué se ríen.La mujer que lo escucha mueve la cabeza de tal manera que no está claro si está diciendo «sí», «no» o «más o menos» y finalmente estalla en unas risas. ¿Pero cómo vas a entender tú lo que tiene gracia si tú no tienes ninguna gracia?

Los emigrantes, por no decir los refugiados, siempre tenemos algo en común. El niño no quiere ir a la escuela. El hombre le opone este argumento: «Tú y yo tenemos un secreto. Nosotros vamos a trabajar y tú vas a la escuela a aprender francés. ¿OK? Si no, nos mandan de regreso a Sri Lanka».

Es una pena que el filme acabe a tiros. Audiard habrá integrado la idea que las buenas películas, como Taxi Driver, acaban a tiros. Pero tal vez en Deephan los tiros no eran estrictamente necesarios, o llegan antes de tiempo, o demasiado tarde.

Lo cierto es que ese hombre oscuro que se te acerca en la terraza del restorán tocado con unas orejas de mickey fluorescentes a venderte una rosa tiene algo que contar. Ya sé que todos tienen algo que contar. Ya sé que parecen muchos. Tampoco estás obligado a escuchar.

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mercredi 20 mai 2015

Una película kazaja

¿Qué puede llegar a hacer un niño de 13 años para defenderse y sobrevivir en la escuela de una aldea kazaja? ¿Matar? 

Lecciones de armonía, del kazajo Emir Baigazin es, al opuesto del filme francés socialdemócrata del que hablaba hace unos días, una propuesta de puro darwinismo social. En un país donde el Estado ha cedido terreno ante las mafias locales, el protagonista de la historia se enfrenta a la mafia de su escuela y sufre luego los interrogatorios violentos de la policía: sobrevive a ambos haciéndose fuerte, imponiéndose a animales y  humanos. 

Oso de plata en Berlín 2013.

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samedi 16 mai 2015

Con la frente en alto

En la escena final de La Tête haute (Con la frente en alto) un hombre de 18 años abandona un tribunal de menores con su hijo pequeño en los brazos. Mientras la cámara fija la escena vemos flamear un largo momento la bandera de la República francesa.

La Tête haute es un tributo al trabajo de las instituciones. Con paciencia, educadores, jueces y otros agentes republicanos se empeñan en criar niños huérfanos o abandonados y convertirlos en ciudadanos. Malony, el protagonista de la película, es uno de ellos, abandonado a los siete años por su madre toxicómana en el despacho de una jueza.

A lo largo de diez años resumidos en dos horas, los espectadores asistimos a los estallidos de violencia del muchacho y a la paciencia a toda prueba de sus padres substitutivos, una jueza y un educador, inalterables en el cumplimiento de la misión de sacarlo adelante, ahí donde cualquiera de nosotros le aplicaría el veredicto del par de guantazos bien dados y el abandono a su suerte. Claro que, y eso la república lo sabe y nosotros lo olvidamos, abandonarlo a su suerte equivale a abandonar también a otros, a los que serán víctimas de su violencia, quiero decir. Se trata pues de un filme socialdemócrata, que señala la interdependencia de los individuos y afirma su confianza en el funcionamiento de las instituciones, tanto en la firmeza republicana como en la obligada consideración humanista que hace posible la vida civilizada.

Nada que objetar tratándose de la firmeza republicana, si no es el hecho de que en el filme sus dos agentes, el educador y la jueza, están ligera por no decir abiertamente idealizados. Y algo que objetar, sí, por el lado de la consideración humanista: la sospecha de que tanto para el filme como para nosotros, espectadores, lo que convierte a un energúmeno en un ser humano es su capacidad para decirle a alguien «je t'aime» y, sobre todo, su capacidad para aceptar recibir un masaje facial de la parte de una cosmetóloga. No digo yo que la humanidad no consista también en eso...

Contra lo esperado -se trata de una película francesa-, no hay largos planos fijos y la historia avanza saltando de un evento a otro según una narrativa al uso. La película abrió la competencia en Cannes en este 2015, sin convencer a la crítica. Ni al jurado, probablemente. No veo yo a Rossy de Palma argumentando a favor de Malony. Pero me puedo equivocar.

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lundi 19 janvier 2015

La virgencita del cerro

Diario del Cono Sur, 2

Se supone que hoy es el lunes triste, el día más deprimente del año. Espero que no sea para tanto, aunque haya amanecido nublado y desde mi atalaya la niebla no deje ver los entusiasmantes emblemas del futuro y del pasado de Santiago, un alto edificio en forma de supositorio y la virgencita del cerro, respectivamente. 

El falso adagio hindú del Hotel MarigoldEverything will be all right in the end... if it's not all right then it's not yet the end, del que hablaba anoche con S, se podría traducir así: «Al final todo se arreglará, y si no se ha arreglado aún es porque todavía no es el final». Se podría traducir mejor, hay que intentarlo. No sé por qué la gente no intenta traducir, si traducido se entiende mejor. En Barajas se me acercó una señora albaceteña y me preguntó si esa era la fila de priority. Y no era, claro.

Los ingleses del Hotel Marigold ni siquiera cogen un tren -lo comento por si el amigo V asomase- sino un autobús, tan tópico en su recorrido que dan ganas de bajarse en seguida. En el avión vi también otra de temática hindú, una comedia a lo Spielberg rondement menée. Un cocinerito indio invade Francia. ¿Someterá la patria de la ilustracion culinaria a su oscurantismo picante, como en la novela de Ulbec? Al final el cocinerito se casa con la cocinerita, aplicando el falso adagio hindú.

En Barajas no, pero en Zaventem por una vez había más policías y armas que pasajeros y maletas. Entre todos los males del terrorismo también está el de dar por buenas las armas que protegen de las armas.

Merino, hoy, como si hablase de mi tío, que no viene más a menudo por aquí por la lata que le da hacer la maleta. Y esperar lo que tarda en aparecer en la cinta repartidora en Pudahuel. Y ver como la olisquean los sabuesos del SAG, dispuestos a no dejar entrar en Chile -potencia alimentaria y forestal, reza la propaganda- ni la castaña que él lleva en el bolsillo para curarse el reuma.

Para no hablar de la lata de que no aparezca la maleta o, peor, que los del SAG la abran y exhiban a la faz de la tierra nublada un paisaje hecho de supositorios y de virgencitas.

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jeudi 1 janvier 2015

Feliz año de nuevo

Al inicio de Klimt, de Raúl Ruiz, un médico presenta en un hospital vienés un esqueleto. No es un monstruo, asegura, sólo un híbrido resultante de los tiempos que corren -estamos en 1918. La cabeza viene del frente ruso, los brazos son austriacos y las caderas francesas, una pierna es rumana y la otra serbia.

Con ese mismo método podría componerse la figura de 2014, con huesos rotos sirios, palestinos, ucranios...

En cambio, el 2015 es a esta hora la postal esperada y bienvenida de una mañana de domingo con pájaros en los jardines y aviones en el cielo. Feliz año de nuevo.

Source: Externe

Esperanza II, óleo de Gustav Klimt

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