samedi 28 septembre 2019

Provenzal e imprevisible

El Diario de Raúl Ruiz cubre desde 1993 a 2011, el año de su muerte.

He visto unos cuantos filmes de Ruiz pero estoy lejos de haberlos visto todos (probablemente suman más de 100 y menos de 200) y hasta ahora no había tenido el impulso de buscar las películas que iba filmando Ruiz mientras escribía su diario. Hasta ayer, en que me di una vuelta por la mediateca del pueblo, a ver si encontraba alguna. Y curiosamente encontré la que filmaba por los días que voy leyendo ahora en su Diario, los del año 2000.

Se trata de Las Almas fuertes, basada en una novela de Jean Giono. Uno ve moverse a la Casta Laetitia y a su gente por la Provenza del XIX como si bailaran un baile conocido y al mismo tiempo imprevisible. Cuenta Ruiz que la Casta se las vio negras para asumir su papel, que la producción le quería imponer un coach que ella rechazaba y tal y cual. Y sin embargo el resultado es que todo fluye y nada chirría. Pura magia del montaje y de la maestría.

En una palabra como en dos, una preciosidad.

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PS/ Leo en las páginas siguientes que Ruiz lo pasó mal defendiendo su montaje frente a los productores. Estos estaban en desacuerdo con su versión y presentaron un montaje alternativo al festival de Cannes, que felizmente lo rechazó. Si entiendo bien. A no ser que el montaje que he visto, el que está en el DVD, sea el de los productores, y mis elogios arriba sean para ellos. No lo creo, pero no lo sé.

PS 2 / Sobre el acento provenzal de los protagonistas dice Ruiz con guasa: Se demora uno una hora y media en acostumbrarse, el tiempo que dura la película.

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samedi 21 septembre 2019

Olor a pobre

He llevado el vicio por el cine coreano al extremo de ir al cine a ver Parásitos.

En Corea, dónde si no, una familia de pobres consigue incrustarse en una casa de ricos en calidad de sirvientes, cómo si no, y adueñarse ilusoriamente durante un sarao de la posición de los patrones. Un sarao que terminará mal. Como en «Las sirvientas» de Genet, en más a lo bestia. Es verdad que historias de pobres parasitando el lugar de los ricos hay muchas, de La Cenicienta adelante... En este caso, la picaresca del pobre buscándose la vida se convierte pronto en una espiral mimética con final paroxístico. Porque Parasite comienza como comedia y acaba en tragedia a punta de golpes de efecto y de utilización a destajo del suspense para dar paso a la catarsis final.

El hijo pobre convertido en profesor de la hija rica gracias a una superchería le toma el pulso cuando ésta pierde pie en un examen y le dice que ha fallado una respuesta porque ha dejado escapar el ritmo. Solo se aprueba en la vida gracias a un ritmo sostenido. Así también con la película y su guión supervitaminado. La exigencia de mantener al espectador con el aliento cortado la cumple tan ampliamente que la cumple un poco demasiado.

Tanto como el favoritismo de Bong Joon Ho por los pobres es acusado. La capacidad de adaptación de éstos es más darwiniana que la del camaleón —son más listos que el hambre— y sus defectos los hacen ser entrañables. Visto así, no se entiende por qué son tan pobres. Los ricos en cambio son lelos y neuróticos, por lo que caen redondos en las trampas que les tienden los pobres. Será porque se enamoriscan de ellos igual como hacemos los espectadores. Hay un único problema que llevará la historia por mal camino: el viejo pobre apesta. Apesta a pobre.

Es la primera Palma de oro coreana. Vendrán otras.

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lundi 26 août 2019

Una rusa kirsch

Iba a ver otra película coreana y finalmente vi una rusa. Una rusa rosa, o kirsch.

14 años, de Andrey Zaitsev, cuenta la historia del primer amor entre dos adolescentes de dos barrios diferentes de Moscú, y es como un cuento infantil con un esquema narrativo de base: estos son los que se oponen al amor y estos los que lo promueven y aquí van los protagonistas a consumarlo, como en un clip musical bien hecho.

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Tras verla creo saber dos cosas sobre el alma eslava. Una es cómo beben los muy sedientos, y no sólo kirsch, pero eso ya lo sabía, y la otra es qué cara de pena ponen cuando van a por lo que quieren, cuando se acercan a la alegría y al placer, qué cara de pena ponen.

Se puede ver aquí, enteramente en ruso, el idioma en que la ven los valientes.

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dimanche 18 août 2019

Quemando

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El afiche muestra el clásico triángulo con jóvenes guapos. El primer plano para el muchacho pobre, hecho de buena madera pero ingenuo y testarudo. El intermedio para el pijo insoportable que se hace el interesante. El distante para la muchacha, tan alegre como triste, que va de uno al otro hasta que se hace humo. El filme, Burning, de Lee Chang-dong, despliega el triángulo y lo explora por varias aristas.

Todo esto en Seúl. No me acordaba de que Seúl estuviese a un paso de la frontera con Corea del Norte, desde donde se emite constantemente propaganda por altoparlantes. Con todo, la ciudad parece normalita, o tan normalita como puede serlo una gran ciudad contemporánea.

Luego te enteras de que al origen del entramado de Burning hay una nouvelle de Faulkner, Incendiar establos, reescrita por Murakami. O sea que el filme es muchas cosas —y por eso ha ganado premios— y también es una nota a pie de página a una nouvelle escrita en 1939.

También digo que los filmes se regrupan según el momento en que el jovencito se queda en pelotas. En este caso, al final.

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PS/ Una película dentro de la película, breve y bien llevada, el encuentro entre el muchacho y la muchacha, del coito inicial a la progresiva ausencia de ésta y las formas fantasmales de sus reapariciones. Un corto con esas imágenes, sin más contexto que el que las propias imágenes desprenden.

Ver la película en coreano sin subtítulos, volver a verla subtitulada y comparar.

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dimanche 30 décembre 2018

Nombres de películas

Habiendo visto pocas me puedo permitir mencionar las tres mejores de este año 2018, Guerra fría, Roma y Un asunto de familia.

También vi y me parecieron buenas Girl y El Retrato.

De Roma, me quedo con la imagen del avión sobre el agua en el sumidero del zaguán de la casa de la colonia Roma en Ciudad de México. Sólo los niños y las nanas mirarán imágenes como ésa en la realidad pero mucha gente la estará mirando ahora en el mundo vía Roma. Me quedo con esa imagen pero ésta tampoco está mal.

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vendredi 2 novembre 2018

El país del que hay que huir

Cuando acaba Cold War, hay un fundido a negro y suenan las Variaciones Goldberg, de Bach. No puede haber mejor cierre para la historia de un pianista al que le retuercen los dedos y de una cantante que se ha quedado sin ganas de cantar.

La Polonia de la Guerra fría, entre 1949 y 1959, es ese país del que hay que huir y al que sin embargo hay que intentar volver porque el exilio puede ser una ventana que se abre pero es sobre todo una puerta que se cierra. El país de esos cantos y bailes regionales manipulados por el stalinismo y sin embargo añorados, como un amor perdido por la distancia.

Pawel Pawlikowski dedica Cold War a la memoria sus padres. Es un filme magnífico, que no quede sin decir.

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jeudi 1 novembre 2018

La respuesta

Al inicio de El Graduado le preguntan al protagonista, un muchacho veinteañero que acaba de terminar la carrera y está de vuelta en la casa de sus padres para celebrarlo, cómo ve su futuro, la típica pregunta que hacen los padres, los tíos y los amigos de los padres en esos casos. Y el veinteañero responde: «Diferente».

No sé si el diálogo está en la novela o es un aporte del filme, pero lo cierto es que unas cuantas vidas y toda una época se cuelan en esa respuesta. No creo que a mucha gente se le ocurriera responder eso antes y, en cambio, a cuántos no se nos vino luego a la cabeza esa respuesta y nos creímos muy originales formulándola.

Viendo esa escena pensé que cuando pretendemos ser todos iguales inevitablemente resultamos diferentes. Y al contrario cuando creemos ser todos diferentes resulta que somos todos iguales. Disculpas por la formulación atolondrada.

La película, por lo demás, muy bien, estupendamente.

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lundi 22 octobre 2018

Ah, girl...

Vengo de ver Girl.

La adolescencia es un periodo delicado en varios terrenos, el de la identidad el primero. La identidad social, existencial, eventualmente sexual. En el caso de la protagonista de Girl, la cuestión de la identidad sexual es radical.

Lo bueno de la opción del filme es que despeja los habituales obstáculos que se oponen a la voluntad de quien quiere cambiar de sexo: las instituciones, la familia, el padre. La girl del filme está en buenas manos, médicas y educativas, y su padre es un modelo de justeza, de manera que no hay más culpables frente a la complicación que representa el cambio de identidad sexual que la complicación misma, que el propio cuerpo, las propias fuerzas. Ah, girl...

Girl es la primera película de Lukas Dhondt. Ha sido recibida con premios allí por donde ha pasado y parecen merecidos. A la espera quedamos de la siguiente. Sin que se trate de eso, Bélgica es el espacio en que se despliega su filme y el retrato del país que asoma suena justo, por lo que deja con ganas de volver a verlo con más detalle.

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samedi 15 septembre 2018

El paso del tiempo

Contar es dar cuenta del paso del tiempo. No sólo eso, claro, pero sobre todo eso.

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Al final de «On Chesil Beach» hay un salto adelante en el tiempo y la película lo resuelve metiéndole un kilo de maquillaje a los actores, que de jóvenes pasan a viejos en un abrir y cerrar de ojos. El disfraz está bien conseguido pero no deja de ser un disfraz.

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«Moonlight» prefiere otra fórmula: las tres edades del protagonista —la niñez, la adolescencia, la primera edad adulta— son representadas por tres actores. Que el personaje siga siendo el mismo y sea a la vez diferente, que el cambio que llega con la edad lo refleje otra persona sin que el personaje deje de ser la misma persona, es un mérito añadido de la película.

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 «Boyhood» opta por una solución radical y acompasa el relato a la evolución natural de los actores. Tal vez sea la solución ideal para el receptor pero dificulto que lo sea para los productores.

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vendredi 11 mai 2018

El retrato

«Desde que existe la fotografía, pintar un retrato es innecesario», le dice Alberto Giacometti a James Lord al momento de comenzar el retrato que el suizo haría del norteamericano en París en 1964.  «Innecesario... e imposible», concluye.

Durante dos semanas, Giacometti se da sin embargo a esa tarea y cuando parece estar acercándose a un resultado, cual Penélope va y lo borra. El retratado, por su parte, escruta ansiosamente el avance de la obra y sufre en carne propia los retrocesos que el pintor se autoimpone.

En este caso es posible que el pintor que, gracias al reconocimiento y al dinero que recibe a manos llenas de los galeristas puede dedicarse a lo que quiere, lo que busca es prolongar el ejercicio y lo que teme es el resultado. Mientras que para el retratado la cosa es al revés: lo que teme es el ejercicio, la prolongación sine die de esos interminables momentos de inmovilidad y de rigidez forzada, con la mirada escrutadora del pintor cayendo sobre él, y lo que espera es el resultado, el retrato por fin.

Se agrade que el filme de Stanley Tucci no insista pesadamente sobre la posibilidad de que el retrato no acabe nunca porque es el marco que los protagonistas han encontrado para entrar en relación. Porque mientras haya retrato habrá contacto.

Buenos momentos dejan los paseos de Giacometti y Lord entre dos sesiones de pose, con el pintor hablando mal de sus pares. A Picasso, dice, no le quedan ideas propias y tiene que contentarse con imitar a los maestros de la historia del arte. Y sobre el fresco que Chagall inaugura en la cúpula de la Ópera de París por esos días, Giacometti sentencia, con todo el menosprecio que puede cargar en el timbre de su voz: «eso es pintura de edificios».

Cézanne es el único que tiene gracia a ojos de Giacometti: «Si Cézanne estuviese en mi lugar, con dos pinceladas resuelve este cuadro», dice. Hablando de Cézanne, Lord dice por su parte que su participación en el retrato fue activa en cierto sentido: «Al menos no me sentí una manzana, como madame Cézanne».

Sobre el formato, por último: la película se ciñe al relato que hace Lord en el libro que escribió sobre el retrato. No lo he leído pero imagino que hay situaciones que contadas por escrito pueden estar muy bien, como el episodio de esconder el dinero recibido por Giacometti por la venta de sus obras en algún rincón de su taller y, sin embargo, representadas, «mimadas», resultan pueriles.

En compensación, cuánto mejor que leer es ver las primeras líneas que deja el pincel de Giacometti sobre la tela en blanco.

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Retrato de James Lord por Giacometti, 1964

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