mercredi 6 décembre 2017

Cincuenta cosas por hacer antes de morir

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En un programa de radio en 1981, el admirable Perec propuso una lista de cincuenta cosas por hacer antes de morir. Cruzar el meridiano cero en el Pacífico para cambiar de día en pleno día. Ir de Uarzazate a Tombuctú en 52 días montado en un camello, el tiempo que tardó Stendhal en escribir La cartuja de Parma. Beber ron rescatado de un naufragio —como hizo uno de mi pueblo, el capitán Haddock.

Supongo que estos desafíos buscan retardar la inminencia del viaje definitivo. Perec moriría pocos meses después, a los 45 años, y no lo sabía al momento de establecer la lista.

Así que me pongo desde ya a hacer mi propia lista. O más bien me propongo ir haciéndola y deshaciéndola, a ver si así dura algo más la entretención. 

1. Jugar en la selección y marcar el gol decisivo.

2. Estudiar historia del arte y saltarme los capítulos malos.

3. Volver a vivir una hora de un día sábado de hace muchos años.

4. Caminar entre Conques y Cahors y luego entre Cahors y Rocamadour o Montauban. 

5. Entrevistar a John Maxwell Coetzee y preguntarle por qué va cada año a Chile.

6. Navegar desde Valparaíso a Montevideo y vice versa.

7. Avistar la isla de Delos desde la cubierta de una embarcación.

8. Ir del Cabo de Gata al Finisterre andando.

9. Ordenar la bodega y encontrar algo perdido y olvidado y muy querido.

10. Ir desde mi casa hasta la boca del Guadalquivir por la línea divisoria de las aguas.

11. Subir al Pierzu y ver el mar.

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vendredi 31 octobre 2014

¿Y lo mío, lo mío, lo mío, qué?

Montano me recuerda la carta de Savater a su madre, aquejada de alzheimer, que abre su autobiografía. En las visitas que Savater hacía a su madre, una compañera de achaques de ésta se sentaba al fondo de la sala de visitas y proclamaba a voces: ¿Y lo mío, lo mío, lo mío, qué? 

Me recuerda también unas líneas sobre la enfermedad terminal de Cioran, el propio alzheimer. A pesar de haber perdido la cabeza, Cioran habló francés hasta el final, tal como había decidido hacer medio siglo antes. La prueba de que se puede perder la cabeza manteniendo la cabezonería.

Pero qué raro será perder la conexión con la memoria, apartarse del propio pasado y quedarse aislado en el presente. No sé si previendo un momento como ése, Perec levantó, en Me acuerdo (de las cosas comunes), su lista de recuerdos olvidados. Tal vez esa sea la tarea de cada cual, pasar revista a su lista mientras no se borre del todo.

Hoy el diario publica el resultado de un estudio según el cual los flavonoides contenidos en el chocolate devuelven al hipocampo del sexagenario una lozanía propia del trentenario. El estudio, eso sí, fue financiado por una marca de chocolates y debería llevar su nombre, creo yo, Ferrero-Rocher o Mon chéri.

Source: Externe 

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