mardi 27 mai 2014

Del buen humor del bueno

Vamos a necesitar mucho humor para aguantar lo que viene.

Y el humor es impensable sin un infinito buen humor, y no hablo del sarcasmo sino del buen humor del bueno, sin el cual es imposible soportar la estultucia del mundo, afirma un personaje de Kundera, citando a Hegel.

El librito que cito, el ùltimo de Kundera, La fête de l'insignifiance, pretende ser él mismo una muestra de que el humor es posible en medio de tanta tonterìa. Segùn el diario de Jrúchov, cuenta Kundera, Stalin se burlaba de su círculo màs estrecho de colaboradores contàndoles con absoluta seriedad unas historias tiradísimas de los pelos que sus incondicionales se sentían obligados a dar por serias. Stalin se regocijaba estirando el elàstico de lo inverosímil para poner a prueba la docilidad de sus pretorianos. Si estos hubiesen asumido que se trataba de bromas, afirma Kundera, ésa sería la prueba de que habrían cambiado de época. 

Lo más gracioso es la relación de Stalin con su adjunto Kalinin. Kundera pretende que el viejo Kalinin sufría de la vejiga y necesitaba vaciarla frecuentemente, pero no se atrevía a hacerlo por no interrumpir las largas tiradas de Stalin, tiradas que el dictador prolongaba aposta para ver hasta dónde aguantaba la vejiga de su fiel segundón. Tanta retención se vio recompensada porque a la hora de rebautizar la ciudad de Koningsberg -la cuna de Kant-, enclave ruso en Prusia conquistado por la URSS en 1945, Stalin decidió llamarla Kaliningrado, burlándose tal vez por esa vía de Kant, de Hegel y del conjunto de la filosofía alemana.

Pues eso, no sé cuánto habrá que aguantar antes de echar a correr para ir a aliviarse, y no sé cuánto humor habrá que echarle a todo esto, sabiendo además que entender el humor de los nuevos tiempos -el nuevo humor- es imposible por ahora en la medida en que éste sólo se hará inteligible una vez que el cambio de los tiempos se afirme como tal.

Un apéndice sobre el libro y su crìtica. Sabiendo de la relación desastrosa que Kundera ha mantenido en estos ùltimos años con ciertos críticos franceses, una vez cerrado el libro he ido a leer la crìtica de Assouline. Que lo deja, era de esperar, como chaleco de mono. Con todo derecho, no faltaría más. Eso sí, me parece impertinente que el crítico se permita sugerirle al autor que abandone el francés y vuelva a escribir en su lengua materna. Si eso no es lepenismo, que venga Le Pen y lo empeore...

Source: Externe

Dibujo de Milan Kundera

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mercredi 26 février 2014

Simenon en Lieja

Simenon tiene 16 años cuando deja Lieja por París y 70 cuando vuelve a su ciudad a acompañar a su madre nonagenaria en su lecho de muerte. Henriette Brüll, flamenca de Lieja, le tiende un sobre con todo el dinero que éste le había ido enviando mes a mes a lo largo de cincuenta años. « Temía haber tenido que ocuparlo en la vejez, pero ya ves que no, le dice. No querría deberle nada a nadie, ni tampoco a ti ».

Antes, en otro de sus escasos viajes a Lieja, su madre lo había puesto frente a la foto de sus dos hijos que ilustra esta página, Georges, el célébre escritor de los 260 libros, consagrado en París y rentista en Suiza, y Christian, su preferido, muerto joven, y le dice también: « Comme c'est dommage, Georges, que c'est Christian qui soit mort ».

Esto, de lo que me entero viendo la biografía de Simenon por Assouline, se lo comento a la Josepepa, que levanta los ojos de su libro y me lee en voz alta: « Así como la aguja de una brújula apunta siempre al norte, así el dedo acusador de un hombre se dirige siempre a una mujer ».

S

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vendredi 21 février 2014

La ilusión

Feria del libro en Bruselas. Millones de libros y miles de autores que venden, algunos, millones. Ken Follet, Jonathan Coe, Pierre Assouline...

También tienen sentido los libros que no encontrarán ni un solo lector, sostiene el libro que sostengo en las manos. Y también tiene sentido escribirlos.

Se trata de Lo que cuenta es la ilusión, de Ignacio Vidal-Folch, que ha escrito 19 libros, según cuento. El título de éste está tomado de la frase con la que remata una historia sobre Esenin y Stalin. Esenin (16 libros) quería ir a Irán a escribir unos poemas de amor y Stalin (18) no quería que fuese, así que ordenó que le creasen una atmósfera persa en una república soviética. Y allá fue el poeta y escribió Shagané, un poema parece que estupendo.

Por eso dice Vidal-Folch que en el arte como en la vida lo que cuenta es la ilusión.

ED

Isidora Duncan y Serguéi Esenin

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