samedi 28 mai 2016

Información y propaganda en un fresco de Gozzoli

Sobre el viejo asunto de la ficción y los hechos viene a decir Carrère que lo que cuenta es la ressemblance —literalmente el parecido, pero tal vez en este caso sea mejor traducir por verosimilitud. El diccionario propone esta definición de ressemblance: «Degré variable de similitude entre des personnes, des choses». Al pie de la letra, entiendo que siempre habrá una distancia entre lo vivido y lo contado y el punto está en determinar cuál sería el grado menor de esa distancia, y el mayor, y el mejor, y el grado justo o simplemente el grado. En torno a esas cuestiones han girado y giran la poética y la antipoética y los molinos de viento.

Mejor que el principio, la ilustración: cuenta Carrère que en Florencia un amigo lo llevó a ver los frescos de Gozzoli, que presentan a cientos de personajes en el cortejo de los Reyes Magos, y le hizo notar esta circunstancia: los del primer plano hacia atrás, los del fondo, son florentinos de la época —entre ellos el propio pintor, de gorro rojo— y fueron manifiestamente pintados por Gozzoli d'après nature. En cambio, los del primer plano, ángeles y santos que están cerca del pesebre, son figuras idealizadas, irreales. Ni qué decir tiene que resulta mucho más interesante observar a los primeros —a los últimos, en este caso.

La vieja distinción entre información y propaganda, respondería mi tío si le preguntaran.

Benozzo_Gozzoli_-_Procession_of_the_Youngest_King_(detail)_-_WGA10252

Gozzoli_magi

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lundi 1 août 2011

El perrillo

(Saldos de fin de temporada 4)

Un perrillo desolado espera a que alguien lo mire en una sala de espera. Está en la sede de una fundación que abriga una colección de arte portugués contemporáneo. La casa tal vez sea la más bonita del barrio, por su parte resguardada su vista sobre el río es abierta y su frontispicio se encara con la fachada de otra curiosísima casa.

El perrillo del cuadro parece estar tan triste, que lo descolgaron de la sala del directorio que antes presidía. También se lo encuentra en la página del pintor. Los años 1989 a 1991 son años de pájaros. De 1992 a 1995 priman los monos. De 1997 adelante se encuentran perros. Pero el perrillo al que me refiero es de 1990.

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lundi 7 décembre 2009

La pasión según Van der Weyden

 

Hay quien dice que Rogier van der Weyden (Roger de la Pasture) fue el mayor pintor de su época, el siglo XV. La exposición que reúne en Lovaina lo esencial de su obra remembra dípticos y trípticos repartidos por el mundo, varios de los cuales vuelven a Flandes por primera vez en quinientos años.

Ocho semanas a tablero vuelto ha durado la muestra, que cierra hoy sus puertas. El público se ha volcado tras la obra del maestro belga y de sus aprendices e imitadores, así como de los escultores, miniaturistas, cartonistas y tapiceros con los que trabajó en Bruselas.

En sus telas hay paisajes e interiores, objetos y animales pero, sobre todo, y en primerísimo plano, personas. ‘Maestro de pasiones’ se llama la muestra. La pasión, a menudo contenida, está viva en todas las imágenes. Y en cada una hay quien encuentre un detalle (un punctum) que retiene la mirada como un imán.

Esos dedos, por ejemplo, que componen la trama visual de esta Madona con el Niño, y que corona el gesto del niño que, en los brazos de su madre, se toma el pie de curiosa manera, dos dedos por delante, dos dedos por detrás.

Las manos. En una Visitación, la mano de María se posa sobre el vientre de Isabel, su prima, encinta de Juan Bautista, mientras la mano de Isabel se posa sobre el vientre de María, encinta de Jesús. El primer contacto entre Jesús y el Bautista se da a través de las manos de sus madres.

También los ojos. El juego de miradas en el San Lucas dibujando a la Madona. El niño amamantado, complacido, mira a su madre quien también lo mira, mientras la mirada de San Lucas, al bies, sale de la escena que sin embargo dibuja. San Lucas es el propio pintor, su autorretrato. Que tal vez se mira mirar el cuadro desde donde está, desde fuera.

Los cuerpos, en fin. De las varias Madonas amamantando, todas, menos una, lo hacen con el seno derecho. (Van der Weyden era diestro).

Los cuerpos cubiertos, desnudos sólo a la hora de nacer y de morir. Y aun en esa hora última, perfectos. Hay dolor y ensimismamiento en las Pietà, en los Descendimientos de la cruz, pero no deformidad. El moribundo que recibe la extremaunción en Los Siete sacramentos no presenta más deformación que su delgadez.

Tras un par de horas mirando las pinturas volvemos la vista hacia fuera. En la summa escrita por Eco, Historia de la bellezaHistoria de la fealdad, Van der Weyden estará sólo en la primera. Fuera, en cambio, esperan una y otra.

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