mercredi 2 avril 2014

La mosca cojonera

Régis Debray confirma que antes de morir el condenado ve desfilar las imágenes de su vida. Lo sé por experiencia propia, añade.

-¿Por qué lo dice?, pregunta el periodista, como si no lo supiera, en la presentación del último libro de Debray.

-Si te van a fusilar al alba, hay que agradecerlo -responde rápido Debray, como queriendo desembarazarse cuanto antes de la cuestión-, porque te permite ver las imágenes de tu vida, tu madre, tu padre, los primeros paisajes. Además, se duerme muy bien.

-¿Fue en Bolivia?, no puede no insistir el entrevistador que, por mucho que trabaje en Philosophie Magazine, no deja de ser periodista.

-En Bolivia, sí, responde Debray y, manifiestamente incómodo, corta como puede: Pero no estamos aquí para hablar de eso.

Por lo visto, Bolivia es para Debray lo que el combo a García Márquez es para Vargas Llosa.

Un día acabaremos con la mosca en tanto que categoría, pero la anécdota seguirá zumbando.

«J'en connais qui sont partis refaire la guerre d'Espagne sous de tristes tropiques non pour avoir lu Marx et Lenine, mais pour avoir gardé en tête la couverture de Pour qui sonne le glas en livre de poche. (...) Un homme qui va mourir (ou qui croit qu'on va le tuer) voit son existence repasser devant lui en quelques secondes, et ce qu'il revoit alors, avec une irrépressible gaité -je puis en témoigner-, c'est un patchwork de choses vues, à la fois irremplaçables et banales : des visages aimés, une promenade en montagne, une chambre d'enfant au soleil, ou Antonella Lualdi, en Mathilde de La Mole, dans Le Rouge et le noir d'Autant Lara».

Régis Debray, Le Stupéfiant image, Gallimard, 2013, p. 19-21

A

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samedi 5 octobre 2013

Venecia sin mí

«Le rendez-vous le plus vulgaire des gens de goût» la llama Debray en su Contre Venise, y la mete en la misma ceste de la compra del adocenado gusto burgués, junto al Himno a la alegría, Las bodas de Caná y Las flores del mal.

(Pase por los dos primeros. En cuanto a Carlitos, ça se discute.)

Lo cierto es que Venecia está para ser adulada (y para ser pintada, agregaba Henry James), lo que no se priva de hacer Debray, para luego injuriarla mejor, tal como hace Rimbaud con la belleza (J'ai assis la Beauté sur mes genoux. - Et je l'ai trouvée amère. - Et je l'ai injuriée).

Para completar la faena, Debray la compara con Nápoles, su antípoda, el extremo opuesto de la misma bota: Quite a los visitantes de Nápoles y Nápoles sigue siendo la misma. Quite a los espectadores de Venecia y Venecia se desploma como una prima donna obligada a exhibirse en un teatro vacío.

Debía estar por estas días en Venecia. Como no ha podido ser, bienvenidas son las guías antiturísticas. Es otoño y las uvas están verdes para el zorro.

C

Óleo de Canaletto

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