samedi 29 octobre 2016

El museo imaginario del Nuevo Testamento

El Reino, 2

La imagen que ilustra la portada de la versión de bolsillo du Royaume es un fragmento de La llamada de Pedro y Andrés, de Duccio di Buoninsegna, pintor toscano gótico. Una opción curiosa, porque es destacable el escaso protagonismo de Pedro en el libro, dedicado como está éste a Pablo y a Lucas.

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Según ha expuesto el propio Carrère, hay un momento en la historia de la pintura en que los personajes dejan de ser figuras idealizadas, prototipos, y pasan a ser reales, a ser retratados sobre la base de personas existentes, se entiende. Puede ser el caso de estos dos pescadores de Galilea, los hermanos Pedro y Andrés, por el gesto de perplejidad con el que acusan la llamada de Cristo, éste último sí prototípico.

La edición española opta por ilustrar con Los Cuatro evangelistas, de Jordaens, flamenco y barroco por donde lo mires.

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Se trata de una obra de juventud del flamenco que de mayor se convertió en protestante, en «evangélico» justamente, como se dice en Sudamérica (los mapuches mejoran el calificativo llamándolos «angélicos»). Donde se ve a los cuatro evangelistas leyendo y tomando apuntes, añosos ya Lucas, Mateo y Marcos rodeando a un jovencísimo Juan. Rotundos y algo empastados todos, «jordaneanos» a más no poder. Agrando el cuadro para señalar dos detalles, dos tonterías.

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 Me fijo en las manos, muy vivas e inquietas, expresando la concentración en la labor. Incluso hay una, arriba a la izquierda, que se estira para que la luz llegue sobre las escrituras. Quién es el del gesto, Lucas o Marcos, está difícil establecerlo, tanto más que para ahorrarse un modelo Jordaens los pinta casi iguales.

Carrère hace en El Reino alguna que otra referencia a la pintura e inevitablemente señala el hecho de que Lucas es el patrono de los pintores, tanto así que a la hora de pintarlo Van der Weyden se autorretrató. Pero lo más notable al respecto es que a pesar de la profusión de imágenes sacras y en particular sacadas de los evangelios, a pesar del impulso que dio a la iconofilia cristiana la contrarreforma, no todas las escenas de los evangelios están representadas.

No hay ni un Carabacho ni un Rembrandt que muestren la circuncisión de Timoteo a manos de Pablo, el exorcismo de la pitonisa, también por Pablo, o la conversión del carcelero de Filipas —apunta Carrère. Ni un puto pompeux pintó a los tesalonicences velando a sus primeros muertos, convencidos de su resurrección inminente. O la primera letra dictada por Pablo a Timoteo, que sería el momento inicial de las Escrituras. 

Una imagen que no existe es una imagen imaginaria. En alguna parte nos espera el museo imaginario del Nuevo Testamento. 


mercredi 19 août 2015

Vida del pintor

Las vidas de pintores se prestan para las ilustraciones, para meterlas en imágenes que se parezcan a los cuadros del pintor. Coste y Schiele. Manara y Carabacho. Lo mejor en la materia puede ser el reciente Rembrandt del holandés Typex. El episodio del maestro de Leiden burlándose de su colega Jan Lievens, con quien compartía taller, por haber pintado éste el retrato del secretario del gobernador es de libro ilustrado. 

Source: Externe

Jan Lievens, Retrato de Constantijn Huygens

Hablando de retratos, el que hicimos de Mendoza en este blog hace unos años siguiendo el método de Fisher-Berger, método que retoma ahora Mendoza para describir el retrato del Caballero de la mano en el pecho, del Greco.

Y hablando de relatos, me entero de que en Bélgica el preciado estatus de refugiado lo reciben —o no— los inmigrantes, más de cien mil en Europa durante el mes de julio, dependiendo del relato que hacen a un funcionario durante la entrevista al efecto. Un relato verídico lo sientes en seguida, afirma un exfuncionario al Soir de Bruselas. Digno de la protección de  la Convención de Ginebra se convierte el que sabe contar.

Hablando de refugiados, más de un paraíso para turistas en verano se convierte en otoño en antesala del cruel invierno. Cuando no directamente en verano.

Hablando de eso, voy y vuelvo.

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vendredi 3 juin 2011

Un día en Amsterdam

La campiña amberina está pajiza de sol pero las torres de vidrio de los anillos de Utrecht y de Amsterdam reflejan charcos y vacas como siempre. Hay mucha gente en la ciudad porque es día de asueto y las policías jovencísimas no dan abasto para orientar a los visitantes, ocupadas como están controlando la identidad de los músicos rumanos que brindan un repertorio hollywoodense al personal repartido por las terrazas, ahíto de sol y de fermento.

De regreso, al crepúsculo, el paisaje brabanzón me parece por primera vez digno de verse, con sus primeros relieves tomando forma tras tanta planicie. Ya era hora, después de tantos años y de haber plantado un par de guindos. Como dice Cornelio, es una pena que Dios no se haya limitado a pintar paisajes.

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Rembrandt, Vista de Amsterdam

Posté par Josepepe à 11:11 - Commentaires [1] - Permalien [#]
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