samedi 15 février 2014

El efecto muñeca pepona

Buenas risas días atrás con el periodista de La Vanguardia que contaba de Houellebeck (Ulbec, para entendernos) que, durante la entrevista, se tocaba el flequillo. Lo de Ulbec es más bien una ensaimada capilar, como la de Anasagasti, lo que en Chile llaman, con guasa, un parrón.

Ignacio Vidal-Folch ve el asunto desde otro ángulo. Cuando conoció a Ulbec, éste «acababa de hacerse un desafortunado injerto de cabello y la parte alta de su espaciosa frente presentaba el efecto muñeca pepona en el que se ven los agujeritos de los implantes en el cuero cabelludo. Esos agujeritos -cuenta- me hipnotizaban como ojos de cobra, no podía apartar de ellos la vista: exactamente lo mismo pasa con sus libros, repulsivos pero irrresistibles».

También sobre cuestiones capilares, y a cuenta de lo aburridas que le resultan las peluquerías, Vidal-Folch recuerda aquella entrada del Diario de Renard: ¡Por fin soy calvo!

VL

Carle Van Loo, Retrato de un desconocido

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vendredi 21 décembre 2012

Estas hojas uriartísimas

Leídas, en el tren, las hojas de Uriarte. Están muy bien, como siempre. Uriartísimas. Maneras y razones de sus autores favoritos y sus propias razones y maneras de interesarse por ellos. Unas líneas sobre Leopardi son particularmente deliciosas: a partir de los 50, los vejetes perdemos la capacidad de cambiar de registro y quedamos definitivamente atrapados en dos categorías: la de los pelmazos que sólo hablan de ellos mismos y la de los bobos que los escuchamos.

Recuerdo haber oído una vez a Parra desarrollar esta idea: para la mayoría, conversar significa hablar ellos. Por mi parte, y volviendo al tren, admiro a ciertas señoras que resuelven a su manera esta cuestión hablando todas al mismo tiempo.

Hablando de su santoral (de Constant a Renard), Uriarte imagina encuentros que probablemente se produjeron sin que hubiese nadie para consignarlos: Einstein y Kafka tocando juntos el violín en Praga en 1912. La madre de Uriarte, su ama, y Salinger en el Museo de historia natural de Nueva York en 1928.

Y descubre y demuestra que Kodama mete mano en la obra de Borges.

Montano reproduce el extracto sobre Constant donde Uriarte se refiere al diario como secreto o como espacio abierto a la galería. Enrique Lihn acuñó el término de galería imaginaria para burlarse de los escritores que tienden a darse en espectáculo, él el primero, entelequia de la que se apropió Rodrigo Lira y a la que dedica su Ars poétique. Imagino que todo escribidor, incluso el más desprovisto de lectores, tiene una galería personal que lo mira por encima del hombro. E imagino también que quien escribe en secreto, para sí mismo, escribe contra ella, para librarse de ella.

IU

Posté par Josepepe à 10:10 - - Commentaires [0] - Permalien [#]
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