vendredi 25 mars 2011

La culpa es del empedrado

Cuando abrí este blog, le puse como nombre el mismo de la columna que llenaba semana a semana por ese entonces en un diario, Camino de Santiago. Mi tío le echó un vistazo un día y me dijo que el nombre no estaba mal, a condición de que llevara este subtítulo: La culpa es del empedrado.

Lo dije que sí, por no llevarle la contraria. Es una frase que él suele soltar para acabar con una discusión y comenzar otra. El dice que no tiene de qué quejarse, que es un hombre afortunado, que de joven sobrevivió a los follones en los que se metió de puro capullo y ahora que se va haciendo mayor los follones pasan de él. Que siempre ha habido quien lo quiera más de lo que él es capaz de querer. De joven, dice, la ilusión de la testosterona o de la serotonina me impedía ver los baches del camino. Ahora, por no ver, no veo ni el camino. Esas cosas dice. No me quejo, sin embargo, pero no por eso echo pie atrás. La culpa no es de mi cojera ni de la tuya. La culpa es del empedrado.

Recientemente los dueños de este sitio cambiaron, sin avisar, el formato del blog e hicieron desaparecer el espacio del subtítulo. No hay manera de reponerlo. Por eso escribo estas líneas. Porque la culpa es del empedrado.

S

Óleo de Robert Spencer, 1909

Posté par Josepepe à 09:29 - Commentaires [2] - Permalien [#]
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