mercredi 25 juillet 2018

La libertad del amateur

Segunda parte parte de la entrevista de Roberto Merino con Matías Rivas. Esta vez son los años de labor los que cuenta Merino, los del periodismo y el columnismo. Si el título de la primera parte es «Ese ser inexistente», ésta podría tal vez titularse «Este ser existente»

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samedi 14 juillet 2018

Ese ser inexistente

 «Ese ser inexistente» se llama esta primera parte de la entrevista de Roberto Merino con Matías Rivas, en la que Merino habla de su infancia y juventud en Santiago de Chile. Con «ese ser inexistente», Merino se refiere al niño que fue y a las pistas que la infancia contiene para entender lo que vendría.

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mercredi 28 février 2018

Eses y zetas

Cóndores y paisanos, 2

Dos días después haber leído un libro ya cabe preguntarse si se acuerda uno de algo.

Me acuerdo de unas cuantas cosas que aparecen en los Apuntes de Romero y apunto tres que ignoraba.

En los Cien sonetos de amor, de Neruda, sólo hay un soneto. No sé qué tardan los editores en ponerlo en el mercado con una faja que diga en letras rojas: «Encuentre el único soneto».

En sus primeros años, el himno nacional de Chile tenía letra pero no música. Para cantarlo, había que echar mano de la música del himno argentino. También podrían haberlo casado con el himno de España que, como se sabe, tiene música pero no letra.

Pedro de Oña, el poeta más antiguo de los citados en estos Apuntes —el más bisoño es Merino— rimó en su día Parnaso con gallinazo. Lo que hace decir a Romero que a comienzos del XVII ya se había igualado en Chile la pronunciación de la ese y la zeta. Y no. En el XVII todo quisque metía eses y zetas al tuntún.

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samedi 26 décembre 2015

Los sesos a dos manos / Otro 26 de diciembre

Hoy es 26 de diciembre, fecha de nacimiento y fallecimiento de Rodrigo Lira.

De quien fui amigo durante ocho años, el último cuarto de su vida, porque Lira se mató al momento de cumplir 32 años. Escribimos a cuatro manos —y a seis también, con Roberto Merino. De vez en cuando, admiradores y tesinantes me escriben para preguntarme algo sobre su vida y obra. Lo agradezco y procuro responder, así sea para decir que ya lo he dicho casi todo aquí. El amigo Albert sostuvo con buen ojo que si abrí este blog fue mayormente para hablar de Lira.

Lo cierto es que tal vez hay algo que sí no he dicho, y es que me estorba que se reduzca a Lira a la posición del locatelli, del drogadito. Es verdad que Lira fumaba pitos y es verdad también que tuvo un historial siquiátrico, un largo tira y afloja clínico, una especie de menage á trois entre su madre, el siquiatra de turno y el interesado. Todo eso es innegable y está más que asumido por el propio Lira en sus escritos. Pero Lira también escribió esto sobre sí mismo: «Advierto que ni siquiera soy mucho más neurótico que el promedio de mis contemporáneos. Confieso, eso sí, que a veces tengo que tomarme los sesos a dos manos».

Muchos artistas de su generación, y probablemente también algunos de las anteriores, experimentaron con drogas o se volvieron adictos y se las vieron en algún momento de sus vidas con la siquiatría. Y en sus casos no es eso lo que lleva o no a considerarlos, sino el valor relativo de su producción. ¿Qué fuerza entonces a que en el caso de Lira sea la etiqueta del malditismo y la casuística siquiátrica lo que prime? ¿El suicidio joven, la forma de ese suicidio, que llevó su muerte a las páginas policiales?

Probablemente, pero sólo en parte. También cuenta el hecho de que Lira desafió burlona y descaradamente a su tiempo y a sus representantes. La venganza de estos fue condenarlo a la interpretación siquiatricoide de sus textos. De donde pocos se han movido desde entonces. Como si el país en el que Lira escribió y murió, el de la dictadura y el apagón cultural, el de la picana eléctrica y los electrochoques, siguiese sumido en la misma tiniebla de entonces. 

No se me escapa que treinta años después no se recuerda a nadie por buenos motivos y los recordados lo suelen ser por malas razones. (Kundera dedicó un libro a explicar el fenómeno, Los Testamentos traicionados). Aun así.

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lundi 29 décembre 2014

Un mantra para Allen Ginsberg

Del Perico del que habla hoy Roberto, me acuerdo yo la noche del 27 de agosto de 1980, cuando Eduardo Frei Montalva llamó a votar en contra de la constitución de Pinochet. A las afueras del Caupolicán abarrotado, en la mera calle San Diego, Perico se trepó a un poste de la luz dispuesto a arengar a la multitud:

-¡Viva la democracia!, gritó Perico. -¡Viva!, respondió la multitud.

-¡Muera la dictadura! -¡Muera!

-¡Viva el anarquismo organizado!

...Ahí fue cuando la multitud dudó.

Tiempo después, Perico fue a La Reina ver a Nicanor para contarle que emigraba a Norteamérica, donde pretendía visitar a Allen Ginsberg. Parra le dio entonces un mantra para el bardo beatnick.

El mantra decía así: Allen, Allen, Ginsberg, Ginsberg... Allen, Allen, Ginsberg, Ginsberg... Allen, Allen, Ginsberg, Ginsberg...

Source: Externe

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jeudi 26 juin 2014

Una alegría provisoria

De los muchos usos que el Mundial permite, el de mi tío es alegre y melancólico. Se trata de una melancolía artificial eso sí, tanto como de una alegría provisoria. ¿La selección española muerde el polvo en Bahia y Rio de Janeiro? El resultado le trae el recuerdo de la decepción de Viña del Mar, medio siglo atrás, en el mundial de 1962.

Entonces España perdió la serie contra Brasil y Checoslovaquia, que acabaron siendo campeón y subcampeón. Brasil defendía su primera estrella, conquistada cuatro años antes, en Suecia, y dejó en el camino también a México, Inglaterra, Chile y Checoslovaquia, con abultados marcadores. Salvo el del duelo con España, dominado por la Roja, a quien el árbitro anuló un gol perfectamente válido. La larga serie de los no-goles se abrió entonces y ya no cerró hasta el 2008, en Viena.

Viña del Mar estaba a un paso y se ha vuelto a quedar lejos. Al hombre viejo que es mi tío ver que las ciudades en que ha vivido van quedando asociadas a victorias y derrotas le despierta una breve melancolía artificial que deja paso a una alegría cada vez más provisoria.

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mercredi 26 décembre 2012

Otro 26 de diciembre

A la vista del calendario, repongo esto:

La Navidad

Roberto cuenta que cuando Macedonio se sentía solo salía a comprar pan rallado para alimentar a las baratas que le daban compañía. Lira era por el estilo. Una vez encontró un acer negundo de la Avenida Grecia arrancado de raíz y se lo llevó a su casa, lo plantó en medio del escritorio y lo fue decorando con los desechos que recogía en las inmediaciones, latas, papeles, piltrafas. Pronto fue la Navidad y el cumpleaños de Lira (que nació y murió un 26 de diciembre) y el Año Nuevo, que celebramos a la sombra de aquel árbol seco.

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lundi 26 décembre 2011

Los pormenores

Diario de Chile (8)

Hace treinta años, tal día como hoy, tal mediodía como éste, se mató Rodrigo Lira. Como se sabe, Lira esperó el día y la hora de su nacimiento, su cumpleaños número 32, para abrirse las venas y dejarse ir. 

En Los Malditos, una colección de perfiles de escritores regrupados bajo tan bendito rótulo, el perfil de Lira lo compuso Óscar Contardo, a quien le conté mis pormenores sobre ese 26 de diciembre de 1981. Son estos:

En los días previos, le había encargado una traducción para La Bicicleta. Me dijo que esperaba que esa pega lo sacaría del pozo en el que se sentía. El día en cuestión, y como era su cumpleaños, compré una docena de chilenitos y me fui a su casa a saludarlo, a media tarde. Hacía muchísimo calor. Hice como siempre, fui por detrás del edificio y silbé hacia el balcón la melodía ritual, el inicio de los Cuadros de una exposición, de Mussorgsky. Pero no se asomó, como hacía, para intercambiar un gesto de reconocimiento antes de ir a abrir la puerta. Entré al edificio entonces y golpeé a la puerta. Desde dentro, escuché ruidos y a una voz formular una frase ininteligible. Supongo que sería uno de sus hermanos. Salí a la calle y me di cuenta de que en la esquina había una pareja de carabineros. A todo esto, yo seguía con mi paquete de chilenitos en la mano, un paquete de papel blanco amarrado con blanca pitilla.

En la última novela de Javier Marías, Los Enamoramientos, un personaje muere justo el día en que cumplía años, como Lira. ‘El mundo deja entrar y hace salir a las personas demasiado en desorden para que alguien nazca y muera en la misma fecha’, dice alguien. ‘No tiene el menor sentido, precisamente por parecer que lo tiene’.

El funeral fue en una iglesia de calle Manuel Montt y el entierro en el Cementerio general de Santiago. Frente a la tumba, según su voluntad, la familia plantó un ilang-ilang. Unos días más tarde, sus padres nos invitaron a Roberto Merino y a mí a su casa y nos obsequiaron con un par de libros suyos como recuerdo. En mi caso, un tratado de tipografía y El pensamiento salvaje, de Lévi-Strauss.

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samedi 8 octobre 2011

Porque hoy es sábado

El lector de noticias comienza por probárselas, a ver cómo le quedan. Jobs murió a los 56 años. Tomas Transtroëmer, flamante Nobel de literatura, sufrió a los 60 un ictus que lo dejó hemipléjico y afásico. Para quienes nacieron en los años cincuenta, no digamos ya para quien nació en febrero del 55, estas novedades echan como una sombra negra sobre el periódico. La negra sombra que cantaba Luz.

Otra cosa es el consumo religioso de las necrológicas. Esa frasecilla de Jobs que pone a la feligresía mundial de rodillas: Encontrad lo que amáis. No la entendía del todo hasta que unas estadísticas, benditas ellas, vinieron a aclararme su sentido. Como decía Picasso, yo no busco: encuentro.

Pero no era de esto de lo que quería decir algo. Ni tampoco sobre FS, que advierte a quienes creíamos que la vida era broma que estábamos profundamente equivocados. Ni siquiera sobre Bélgica, que por fin se da una alegría. Lo mío hoy sábado va de animales. Aclaro que no soy animalista, no me alcanza el tiempo para todo. Pero en sus Diarios, Uriarte recuerda una idea de otro diario, el Diario de un mal año, de Coetzee: los animales son nuestros prisioneros de guerra, de esa guerra que perdieron cuando los humanos inventamos las armas de fuego. Y viendo a un rebaño pacer, le da la razón. 

En Chile, por estos días, mucha gente cree estar a punto de echar abajo el modelo de educación superior, que es carísima y malísima simultáneamente. Y lo que se yergue frente a ella para impedir que culmine el derribo es la policía montada. La emprenden entonces contra el jinete y también contra el caballo. Lautaro, joven libertador de América, tuvo que convertirse en mozo de caballerizas de Valdivia para entender que los conquistadores no eran centauros. Intentó explicárselo a los suyos pero no está claro que lo consiguiera, o no del todo. Unos cuantos siglos más tarde la cuestión no está resuelta. ¿Es legítimo arrearle una también al caballo?

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Circulan por la Red las imágenes de la paliza que le dieron unos capuchas a un policía en el cementerio de Santiago. ¡En el cementerio! ¡Muerte sí, funerales no!, escribía Nicanor en el glorioso año del 69. Y Rodrigo: En los subterráneos de la psique colectiva, todo el mundo a la muerte grita Viva. La serie de fotos culmina con una del caballo policial ensangrentado, y es la que causa más estupor. Tanto como que, en el pie de foto, al caballo se le llama caballar. Roberto Merino llamaba la atención sobre esto: en las páginas de sucesos a los caballos se les llama caballares. Llevar registro de la realidad consiste también en eso, en la actualización del bestiario del Reyno. Caballares, perros, guanacos, zorrillos, pingüinos, jotes, buitres.  

Pero hoy es sábado y mañana domingo: no hay nada como el tiempo para pasar, cantaba Vinicius.

Fotografía de Kena Lorenzini.

lundi 8 août 2011

Los perros

Los estudiantes quieren poner Chile patas arriba. Mucho habían tardado. Su revindicación es sencilla, pagar menos. Porque lo que hay por ahora en materia de educación superior es una vulgar estafa: precios de Harvard, nivel Tigresa del Oriente. El resultado es que las familias se endeudan por años a cambio de un cartoncito que destiñe rápidamente.

Ha tenido que llegar un gobierno de derecha para que los estudiantes salgan a la calle. Es normal. Chile fue gobernado durante veinte años por una coalición de centro-izquierda que condujo el paso de la dictadura a la democracia, circunstancia que resultó algo anestesiante. Ahora que el ministro del ramo es dueño de una universidad, o tiene cara de serlo, de una de esas academias mencionadas supra, las ganas de salir a protestar se multiplican. 

En fin, no tengo mucho más que añadir sobre el asunto. Salvo que hoy Roberto Merino ve en la movida las eternas ganas carnavalescas de la muchachada. Lo que comparto sólo en parte, porque está claro que el individuo es un conjunto de bolsillo y de bragueta, de culo y camisa. Y que una suma de individuos da algo más que una muchedumbre, que también.

Se refiere además Merino a los perros callejeros que en seguida que hay jaleo aparecen. Este es un fenómeno interesante. Mi amigo S me puso en su día, cuando los follones de la Plaza Sintagma de Atenas, sobre la pista del perro Lukanicos. Supongo que, como Chile es un país grecorrománico, también tendrá que tener sus perros manifestantes o contramanifestantes. Porque Lukanicos (Salchicha, en lengua local) tomaba partido abiertamente por los manifestantes. Estos perros santiaguinos, en cambio, nadie sabe para quién trabajan.

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Foto de Carlos Vera

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