vendredi 24 avril 2015

La estepa

No se me ha perdido nada en Rusia. Sin embargo, Rusia me sale en la sopa.

Leo la Sonata a Kreutzer, de Tolstoi, y atravieso con un desdichado al lado la estepa, en carroza, en tren, exaltado y sofocado, sucesivamente.

Leo La Tregua, de Primo Levi. Cuenta su larga estadía en el campo soviético de Katowice, tras la liberación de Auschwitz por el Ejército rojo, la travesía de Polonia, de Ucrania, de Moldavia, a pie, en camión, en tren.

Leo Limonov, de Carrère, y vuelta a lo mismo, vuelta a los trenes a través de la estepa. A pensar en lo insondable del alma humana  y en otros detalles menores. Vuelta a la exaltación y al sofoco.

Enciendo la radio y suenan Prokofiev, Shostakovich. No falla. Si suena Tchaikovsky, la apago, eso sí.

La lectura de Levi deja la imagen de los rusos como unos entrañables grandullones, caóticos, vitalistas. Es verdad que haber sido ellos los liberadores cuenta a la hora de hacer recuento. En contraste, los alemanes de entonces resultan antipáticos, por decir lo menos.

Ahora, desde mi ventana puedo ver a cierta distancia la terraza del piso de una familia de rusos. En cuanto la temperatura sube de ocho grados y hay un asomo de sol la familia entera comparece en ropa ligera a hacer la vida fuera. La madre con sus quehaceres, el hombre con su trabajo, los niños saltando sobre una cama elástica. Parecen napolitanos. Se ve que son inmigrantes recientes pero ya hablan francés con los niños, con su áspero acento.

Source: Externe

Posté par Josepepe à 23:30 - Commentaires [21] - Permalien [#]
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