vendredi 5 août 2011

La divisa

(Saldos de fin de temporada, y 5)

Desde la carretera se ve el cielo y la tierra. Los cielos son cambiantes, los sembríos uniformes. El principio de la agricultura francesa es el mismo del jardín de Villandry pero al revés. En Villandry adornan con hortalizas. A campo abierto, cosechan masivamente flores. Girasoles. Al ponerse el sol los girasoles le dan la espalda para recibirlo en la cara al día siguiente. Son más listos que los paneles solares. 

También se ven monstruos metálicos, regadoras, cosechadoras, torres de alta tensión, molinos de viento. Grandes insectos. Francia es un viejo país agrario algo modernizado. Jonzac, por ejemplo, ni siquiera aparece en la guía turística. En el torreón medieval, un reloj suizo da la hora en punto. Y en el frontis del ayuntamiento republicano campa un reloj de sol. Jonzac está entre Cognac y Champagnac, con lo que cuesta mantenerse sobrio. Contando además con que es la tierra del Pineau de Charentes, esa dulcísima mistela donde se mezcla el aguadiente más viejo con el vino más joven.

J

Decía Montaigne que algunos nos tomamos la ida por la vuelta. Si pudiera volver a poner una divisa en este sitio, sería esa. O bien, la de Millán: No sé si voy o vuelvo de Santiago. Esta vez la lluvia no espera a que crucemos la frontera belga para caernos encima. Nos viene siguiendo desde el Mediodía. Una cosa por otra, las cigarras nos dejarán en paz. Y la lluvia lava el auto del polen, del polvo, de los insectos. Hasta el año próximo.

Como dice la divisa grabada en la piedra de Jonzac, Post bella, otia pacis. Bella es la paz tras la guerra.

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mercredi 27 juillet 2011

El ocre

(Saldos de fin de temporada 3)

Dejamos Lisboa a media mañana pensando pernoctar en la sierra de Gredos, donde se duerme más ventilado. Sólo preveíamos una escala en Augusta Emerita para ver el anfiteatro romano. La historia del anfiteatro se cuenta rápido: Fieras contra fieras. Moros y cristianos. Imperiales combates navales. Turistas.

De manera que a media tarde nos detenemos inesperadamente en Turgalium. Noteeboom cuenta que la espada de la escultura ecuestre de Pizarro está condenada a estar eternamente enarbolada porque el escultor olvidó ponerle una vaina, y queríamos comprobarlo por nuestros propios ojos.  Lo que ya hicimos tiempo atrás frente a la versión limeña de la misma. Bebemos té helado en la Plaza, asombrados por sus formas limpias. Entramos a la iglesia y respiramos el olor frío del estuco de una capilla en restauración. Oímos con atención las conversaciones. Luego subimos a la alcazaba por la Puerta de Santiago y la Calle Angosta hasta el aljibe. La naturaleza no soporta el vacío, de modo que la tentación de alguna gente por arrojar desperdicios es más fuerte que la propia gente.

Vista de lo alto, y también desde lejos, la ciudad de piedra se funde armoniosamente con los colores de la tierra que la rodea. El mito del carácter como emanación del paisaje tiene en Turgalium un asidero real. La piedra y la tierra están hermanadas por un tono común.

Volvemos sobre nuestros pasos y compramos mieles y pasteles. Antes de marchar, nos lavamos las manos y la cara. Cuento todo esto porque prometí que lo haría y porque todo puede contarse.

S

Óleo de Joaquín Sorolla (?)

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jeudi 21 juillet 2011

El padrino de las mollejas

Saldos de fin de temporada

El tabaco está en flor en los faldeos de la Sierra de Gredos. En el pueblo preguntamos a un paisano por un restorán que nos han recomendado. Está en tal sitio, nos responde, pero lo encontrarán cerrado. Un coche que estaba detrás no tarda en ponerse a nuestra altura y el conductor asoma y pregunta: '¿Están buscando el restorán de Zutano? Yo soy Zutano. Estábamos de vacaciones en Castellón y estamos de regreso ahora mismo'. En efecto, el coche está cargado de maletas. 'Me hubiese encantado atenderlos, continúa, pongo unas ensaladas buenísimas, una incluso me la he inventado yo. Pero si quieren comer bien y se contentan con unas raciones, déjenme llevarles donde mi padrino, que pone unas mollejas estupendas'. Y así es, las mollejas están tan buenas como los calamares y el jamón, como el vino y el pan. En la mesa vecina, una familia ha extraviado las llaves y espera a que venga el cerrajero para poder volver a casa. La abuela emite de tanto en tanto unos resoplidos de locomotora. Ya es medianoche, la hora del bajativo, y el padrino de las mollejas nos invita con los chupitos. Estamos en España, dónde más íbamos a estar.

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