samedi 23 février 2013

Todo Godot

Cuenta Vila-Matas en su libro chileno que Godot era un ciclista, el último del pelotón en el Tour, al que esperaban ver pasar unos desprevenidos espectadores sin saber que ya había pasado. Lo recuerda a propósito de los espectadores de un rally en Madera que esperan el paso del último coche sin saber que ya pasó. Esta gente pava le molesta porque le recuerda el sinsentido del mundo. Y es verdad. Sin embargo, al menos en estos dos ejemplos, el sinsentido son los otros, como diría Juan Pablo. El sinsentido común lo aportan los demás, quiero decir. El sinsentido duro, en cambio, el sinsentido al cuadrado, es el que se aporta uno mismo cuando se descubre, molesto, observando a unos espectadores que esperan ver una carrera que ya pasó.

B

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jeudi 20 décembre 2012

El fin del mundo

Yo también, hijo mío, cómo voy a ser menos y no decir algo sobre el asunto. Es que me he acordado de una línea de JPS que decía que mis ojos, cuando se cierren, apagarán el mundo. Y es que mañana sí que será el fin de mundo para los que mueran (de susto, de bala o vicio, otra buena fórmula, ésta de CV).

No importa cuántas veces se ha acabado ya ni cuantas se acabará todavía, lo cierto es que mañana se acabará por primera y última vez para unos cuantos. Y será la definitiva.

O

Óleo de Otis Bullard

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lundi 3 janvier 2011

El centenario

Recuerdo del Autodidacto, el personaje sartreano, escribano como Bartleby, humanista meloso y pedófilo en sus horas perdidas, que lee los libros de la biblioteca pública de Bouville uno a uno y por orden alfabético. Ante la lista del Guardian, de los cien mejores libros de todos los tiempos, el proyecto del Autodidacto consistirá en leer un libro por año hasta convertirse en centenario.

S

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vendredi 1 août 2008

El desvío a Santiago

Este blog se llama Camino de Santiago. Ahora resulta que Cees Nooteboom, cuyos libros voy leyendo con admiración, publicó uno cuyo título supera la idea de camino: El desvío a Santiago. Los libros de Nooteboom son admirables desde el título: Las montañas de Holanda. Ayer por la mañana me pasé por la librería 'hispana' de Bruselas, que se llama Punto y coma, para comprar un ejemplar del Desvío a Santiago. Salí también con uno del Pomponio Flato, de Mendoza. Y, de regreso en Lovaina, como era día de recogida de papeles, me hice con un ejemplar de una guía 100% práctica, completa y actual para trabajar en Windows. En Bruselas, un centenar de indocumentados reclaman del Gobierno papeles para poder trabajar. El Gobierno no sabe/no contesta, está de vacaciones, por lo que un puñado de entre ellos se ha encaramado a varias grúas para hacer visible su reclamo. Como el tío de Fellini en Amarcord, aquel que pedía a gritos desde lo alto de un árbol una donna.

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Hoy es primero de agosto, temible día en las carreteras donde se cruzan los que vuelven desde julio con los que parten hacia agosto. Este lunes fue mi primer día de vacaciones. Tengo para las vacaciones un par de proyectos, pintar una habitación, escribir un manual de instrucciones. Pero el lunes me di vacaciones dentro de las vacaciones. Siesta en la hamaca, paseo por el campo. Sin embargo, o por eso mismo, acabó siendo un día híperproductivo. Andando por el campo se me ocurrió la idea de un relato, que ya escribí y cuyo resultado está por debajo de lo imaginado, pero ahí queda. También, con la naturaleza subida a los sentidos, escuché la cuarta de Mahler y me propuse, con la ayuda de los germanófilos de casa, traducir el Lied. A dos arbustos que han crecido espontáneamente en el jardín los pude reconocer, a la vista de sendos ejemplares crecidos en el campo. Y recordé los paseos que daban los protagonistas de los primeros relatos de Hesse, Peter Camezind, Hans Gieberath, Knut, que yo leía cuando joven. También recordé cómo, una tarde en una típica sesión de cine-club, durante una interrupción provocada por la inepcia del encargado de la proyección, un muchacho sentado delante de mí le contaba a otro muchacho sentado detrás de mí que prefería la lectura de Sartre a la de Hesse porque, en este último, había siempre un contenido homosexual latente. El caso es que a Hesse y a Sartre los leía yo por aquel entonces, a Hesse en un ejemplar de las Obras completas publicado por Aguilar, y a Sartre en los libros publicados por Losada que iba comprando uno tras otro en las librerías de la calle San Diego. El filme que veíamos era el de Fellini. Como el encargado confundía y desordenaba los rollos, lo que terminamos viendo no fue el sino una especie de veinticinco para las cuatro o a razón de catorce siete la media, como dice mi tío Pepe, a quien también le gustan mucho los paseos por el campo.

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