mercredi 14 décembre 2016

Tema del pastor en el monte

Otro 14 de diciembre

Todos los días de Dios me acuerdo de mi padre.

Hoy ha sido escuchando un lied de Schubert, Der Hirt auf dem Felsen, El pastorín en el Pierzu, que resumo en estos versos traducidos a mi manera:

Cuando estoy en el monte, miro el valle y canto.

La primavera se acerca, la primavera me espera 

Y yo me preparo para iniciar mi camino.

Capture d’écran 2016-12-14 à 11

Este Corot da con la distancia justa para ilustrar lo que digo.

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jeudi 1 décembre 2016

Gran Hotel Othelo

Hoy comienza el invierno que ya comenzó y que en cierta medida no termina nunca bajo esto cielos. El solsticio de invierno llegará dentro de veinte días marcando el fin de la reculada de la luz y su lento retorno. Un par de veces, de regreso del verano austral, borracho de sol en pleno enero, viendo al avión adentrarse en la fría oscuridad del noreste me he preguntado si estoy bien de la cabeza. 

El cuento es que una de estas noches vi Winter sleep. En pleno invierno, en medio del paisaje roto de la Anatolia central, un hombre avejentado escribe columnas que no leerá nadie. Alguna vez creímos que serías mucho más de lo que has sido, le dice su hermana, con esa crueldad fría que la tibia familiaridad consiente. Su mujer, por su parte, intenta paliar la pobreza ambiente a través de una especie de ONG informal. Hasta ahí llegan los parecidos porque nuestro hombre es rico y su mujer joven.

Cuando me levanté del sillón habían pasado más de tres horas, ya era más de medianoche y yo estaba hambriento porque no había cenado. Hacía tiempo que el cine no me jugaba una pasada así. Cuando niño, entraba al mediodía a la función cuádruple del cine Avenida Matta y salía hacia las ocho sin saber ni cómo me llamaba. Ahora uno cree tener las ficciones bajo control y, sin embargo, cualquier noche una historia turca le altera el programa.

Winter sleep se apoya en tres relatos de Chéjov y en un descenlace de Dovstoyevski para contar no mucho más que el lento discurrir de los días en un sitio remoto. Y entreabrir el alma de sus personajes. No suelo permitirme frases así pero a ratos creía estar leyendo un libro de Coetzee. En un momento de tensión aguda, dos personajes, a punto de irse a las manos, resuelven la situación soltando sendas citas de Shakespeare. A lo Marías, o sea, y con música de Schubert.

En fin, para no embalarme más ni largar destripes, acabo con una simpleza. Nuestro personaje, que fue actor cuando joven y es un celoso de cuidado, de esos que están seguros de no serlo, posee y atiende un pequeño hotel rural: el Hotel Othelo.

Palma de oro en Cannes. Qué menos.

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vendredi 17 avril 2015

Schubert, Schober, Schubart

Schubert cantaba en las tabernas con sus amigos. A esas alegres sesiones las llamaron luego las schubertiadas. El mejor amigo de Franz Schubert se llamaba Franz Schober. No se parecían mucho, sin embargo. Schubert era de risa fácil, al menos hasta contraer la sífilis, y fue mofletudo a partir de entonces. Schober era pintoso. 

En casa de Schober encontró Schubert refugio varias veces, la primera cuando su padre lo repudió por haber abandonado los estudios. (¡Dios!, si hubiese estudiado cuando era joven y alocado, si me hubiese bien portado, ahora estaría casado», los viejos versos de Villon vienen al caso).

Con Schober escribió Schubert Alfonso y Estrella, una ópera que quedó sin estrenar. Sobre estas cosas y otras escribe Marcel Schneider: «Es notorio que Schubert dejó muchas obras inconclusas, y esa inquietud que consiste en esbozar y abandonar en curso de elaboración denota una tendencia a los amores masculinos». Qué cosas dice Marcel. Debería releer a Steckel para contradecirle.

En cuanto a su famosa canción La Trucha —una trucha contenta, unos pescadores tristes—, Schubert la compuso sobre la base de un poema de Schubart, muerto treinta años antes.

Source: Externe

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mercredi 29 janvier 2014

¿Quieres oírme cantar?

¿Quieres oírme cantar?, pregunta el niño y el hombre asiente. Van en un autobús junto a otros pasajeros, pero el niño no es tímido y canta con su voz clara:

Wer reitet so spät durch Dampf und Wind?
Es ist der Vater mit seinem Kind;
Er halt den Knaben wohl in dem Arm,
Er füttert ihn Zucker, er küsst ihm warm.

[¿Quién cabalga tan tarde / Por entre la niebla y el viento? / Es un niño con su padre / Que lo carga en sus brazos / Y lo protege en su tibio regazo.]

Es inglés, dice cuando acaba. ¿Puedo aprender inglés? No quiero hablar más español. Odio el español.

La novela que describe la escena es La Infancia de Jesús. Lo que el niño canta es una estrofa, la primera, de un poema de Goethe, El rey de los alisos, musicado por Schubert. Contra lo que afirma el niño, es alemán, no inglés. Todo parece estar intencionadamente corrido de un casillero. La canción cuenta la historia de un niño al que carga su padre, como en la novela, salvo que en la novela el hombre no es el padre del niño.

G

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dimanche 14 juillet 2013

El 131

La leyenda cuenta que en las últimas horas de Franz Schubert, que murió a los 31 años, sus amigos tocaron para él el cuarteto n° 14, opus 131, de Beethoven. Se trata del penúltimo cuarteto que el maestro de Bonn compuso y para muchos representa la cima del arte de la música de cámara y tal vez de la música tout court. Como Beethoven quiso que el 131 sonase de una sola vez, sin intervalos entre los movimientos, los cuatro instrumentos van forzosamente desacordándose durante los cuarenta minutos que dura su interpretación, y los instrumentistas deben componer con esa dificultad añadida.

Con ese predicamento, una historia sobre la súbita discordia entre los miembros de un afamado y afiatado cuarteto de cuerdas está servida. Es lo que presenta A Late Quatuor, de Yaron Zilbermann. Las dificultades que amenazan la existencia de un cuarteto se presentan por partida cuádruple. ¿Se romperá la cuerda que une desde hace un cuarto de siglo a los cuatro instrumentistas? La cuestión es tópica y la respuesta redundante: ¿qué hace que los miembros de un cuarteto, tanto como los de un dúo o los de una orquesta sinfónica, superen la entropía que amenaza cualquier micromundo, compuesta por sus propias miserias, y perseveren en su propósito? ¿La música?

Previendo esa conclusión, mi vecina de asiento tiene la buena idea de soplarme al oído una interpretación mejor: el arte, me dice, para alcanzar la excelencia necesita de la armonía tanto como del ramalazo del conflicto. A partir de ahí, los rollos de celos cruzados pasan a  interesarme tanto como la música de Beethoven.

Tiempo atrás me hice con la serie completa de los cuartetos de Beethoven, en la versión del cuarteto Alban Berg, y desde entonces los he venido escuchado a diario. Y ayer, antes de ir al cine, sin saber que vería A Late Quatuor, comencé a leer Musicofilia, de Oliver Sacks. Estas sincronicidades no tienen mayor importancia. Por eso hay que contarlas.

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samedi 6 avril 2013

La novela de Anya

Esperando su último libro, The Childhood of Jesus, releo Diario de un mal año, de JM Coetzee. Se me agolpan los términos que quisiera dedicarle, tanto así que al final no digo nada.

O apenas esto, que se trata de un ensayo, que su autor llama Opiniones contundentes, y a la vez de una novela, con tres personajes, intriga y desenlace, que yo llamo La novela de Anya, y ambos textos están contenidos en un formato de diario, tal como señala su título.

Para ilustrar la relación entre Anya y el autor (el  señor C, o Juan, como lo llaman Anya y su novio), escojo dos extractos. El primero da cuenta de las impresiones del autor cuando conoce a la joven Anya, al inicio de la historia. En el segundo, la voz de la joven cierra el libro.

«Mientras la miraba me invadió un dolor, un dolor metafísico, que no traté de reprimir. Y de una manera intuitiva ella lo supo, supo que al viejo sentado en una silla de plástico en el rincón le ocurría algo personal, algo relacionado con la edad, el pesar y la tristeza de las cosas. Algo que a ella no le gustaba en particular, que no quería recordar, aunque era un tributo a ella, a su belleza y frescura, así como a la brevedad de su vestido. De haber procedido de otro hombre, de haber tenido un significado más sencillo y directo, podría haber estado más dispuesta a aceptarlo de buen grado; pero viniendo de un viejo su significado era demasiado difuso y melancólico para un bonito día en el que tienes prisa por terminar las tareas».

«Volaré a Sidney. Haré eso. Le sostendré la mano. No puedo irme con usted, le diré, va contra las reglas. No puedo irme con usted pero le sostendré la mano hasta que llegue a la puerta. En la puerta podrá soltarme y sonreírme para demostrar que es un chico valiente y subir a bordo de la barca o lo que sea que deba hacer. Le sostendré la mano hasta la misma puerta, estaré orgullosa de hacerlo. Y luego haré la limpieza».

Como se ve, se trata de La Muerte y la doncella. Sólo que, a diferencia de la obra de Schubert, en este Diario de un mal año no es de la muerte de la joven de lo que se trata, sino de la muerte del narrador.

JMC

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