dimanche 23 septembre 2007

Diario del monte de los olivos

Escrito e ilustrado en Sicilia en septiembre de 2007
Para la Tita


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Las piedras son mudas y los guías elocuentes

Según Empédocles de Agrigento, los antiguos sicilianos construían como si fueran inmortales y comían como si fueran a morir al día siguiente. 25 siglos más tarde, los sicilianos siguen comiendo de la misma manera. Ahora también construyen como si fueran a morir al día siguiente.

Agrigento, el valle de los templos griegos. Columnas dóricas, concepción europea, mano de obra cartaginesa. 25 siglos más tarde seguimos donde mismo.

Para proteger a los jóvenes de los sueños del alba, los griegos sacrificaban animales en el altar de Zeus. Parece tiempo perdido, 25 siglos después.

¿Por qué los dioses permiten a los hombres prosperar, crecer y multiplicarse? Porque los hombres les ofrecen las mejores piedras, las sobrevivientes, las que fueron griegas y romanas, y luego fueron árabes y después normandas. 25 siglos más tarde, las piedras todavía dan de comer a los guías turísticos.

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Un juego de video

Para llegar a Monreale, hay que atravesar el calvario, el purgatorio y el limbo, esto es un barrio palermitano, oír bocinas, oler bencina, sortear motos,  ambulancias, peatones, carros de bomberos. Atravesar un barrio palermitano es como probar suerte en un juego de video, pero con adrenalina de verdad. En Monreale, las historias que cuentan los mosaicos de la catedral y los capiteles de las 228 columnas del claustro valen la travesía del calvario y la del purgatorio y la de Palermo. Y son mucho más divertidas que un juego de video.

Avispas al almuerzo

Quien dijo que los dinosaurios desaparecieron no se ha dado de cara con un lagarto siciliano. Los dinosaurios no han desaparecido. Sólo que con el cambio climático han ido encogiendo.

Es de noche y despierta el ladrido de los perros. Una pareja de jabalíes pretende comerse su comida. Los jabalíes dan un paso adelante y los perros dan dos pasos atrás. Ladrando, para que no se note.

Se dice que el pez grande se come al pequeño, pero los peces sicilianos son vegetarianos y no se apartan del bañista, más bien lo siguen como si éste fuese un pez y supiese del lugar donde está el tesoro.

Primer trabajo del domingo, salvar bichos de la piscina. Prioridad a las abejas. Segundo trabajo del domingo, espantar a las avispas del almuerzo.

El bosque para el que lo queme

Ciclámenes en el sotobosque. Malas yerbas que huelen bien. Maná, miel de la resina del fresno. El ágave florece a los 25 años y muere. El olivo es milenario y sigue ovulando. Al fuego con ellos. Que termine cuanto antes tanto pastoreo. Que el mundo se hominice cuanto antes. El bosque para el que lo queme.

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El día del Señor

Procesión de San Gandolfo. Estricta jerarquía siciliana. Delante del santo, el monaguillo y el cura. Detrás, el propietario con su cuidada estola, luego el funcionario y, cerrando el cortejo, el campesino, el pueblo llano. Pobres y ricos se muestran en su mejor tenida y se consideran unos a otros, de arriba abajo, sin escatimar miradas. Domingo de fiesta en un pueblo de montaña.

 

 

En siciliano, playa se dice plaia

Cuerpos por el suelo. Un cuerpo sólo se humaniza cuando se levanta, se sacude la arena y junta sus efectos personales.

La novedad del verano, de lo queda de verano, la ponen las masajistas chinas. Massaggio, massaggio, proponen, con su dicción nasal. Cinco euros la aceitada. Las masajistas son muchas. O será un efecto óptico, de tan parecidas que son. El jefe de la cuadrilla las dirige a través de un celular.

Otra profesión que no da abasto es la de tatuador, o como se llame. Casi no hay quien no tenga un asunto tatuado en el pellejo. Estos artistas visuales tendrán un catálogo de huarifaifas para proponer a su distinguida clientela. Y los unos se inspirarán de los otros. La joven lleva un tatuaje en un pecho, la vieja quiere dos en cada uno.

Piedras en la playa. El niño junta las pulidas, las jaspeadas, las lustrosas, las bruñidas, las brillantes y luego las devuelve a la mar. Ya sabe que lejos de la mar son mudas.

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Las siete diferencias

1 Los europeos vienen a Sicilia de vacaciones. Los sicilianos van a Bélgica a trabajar. Sanduichero en Brujas, veraneante en Sicilia.

2 En Sicilia, cuando se pone el sol, aparece la luna, los planetas, las constelaciones. Las últimas en aparecer son las estrellas fugaces y también son las primeras en irse.

3 Las nubes son más vistosas desde arriba. Desde arriba del avión, quiero decir, desde arriba del Etna, desde arriba del monte de los olivos.

4 Viejos en las calles de los pueblos. Y algunos niños, menos. Pero viejos y niños están en el centro del escenario. En la Europa del norte, los niños y los viejos están detrás de las bambalinas.

5 De lejos parecen cuervos pero de cerca se conoce que son curas.

6 Sicilia no es el tercer mundo. Es Europa, con un tercio de tercer mundo en cada tercio. Vomitonas de basura a orillas del camino. Bosque quemado. Vomitonas de basura entre los peces de la mar.

7 La séptima diferencia es por el estilo.

 

Wilkommen in België

El avión se dispone a aterrizar. Hace frío en Zaventem. Los turistas le añadimos la parte inferior al pantalón. La señora siciliana, de regreso después de pasar el verano en la isla, pasa la mano por la gelsemina que trae desde su pueblo para plantarla en Bélgica. Y el jazmín le devuelve el cariño con una vaharada de su olor.

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jeudi 20 septembre 2007

Chamuscada Sicilia

En Sicilia la mafia ha prendido y se ha enraizado como en ningún otro sitio, chamuscándola como los incendios de los veranos.

Trinacria

Sicilia es una isla exportadora. De fruta, de vino, de aceite. Es un placer tomar unas naranjas sicilianas, un buen vino o su delicioso aceite en la isla misma o en cualquier lugar del mundo. Sin embargo, lo que mejor y más lejos ha exportado la isla, lo que más ha calado en los mercados mundiales es un concepto correoso, el de la mafia.

Es injusto con los sicilianos que se les asocie automáticamente con la Cosa Nostra y sus prácticas. Porque mafias hay en casi todas partes. Basta echar un vistazo al diario para ver que la llamada actualidad suele ser obra de organizaciones mafiosas o bien su marca no anda lejos. Y lo inquietante es que la de los diarios es la actualidad visible o descubierta y lo propio de las mafias es operar en la sombra.

Lo cierto es que es en Sicilia donde la mafia ha prendido y se ha enraizado como en ningún otro sitio, chamuscando la isla como lo hacen los incendios de los veranos. No es casualidad si el pueblo de Corleone se encuentra a unos cuantos kilómetros de Palermo, la  capital siciliana, y tenga el nombre del célebre padrino de la novela de Mario Puzo, llevada al cine por Francis Ford Coppola.

Por las calles de Palermo desfiló este sábado 8 de septiembre un millar de personas en apoyo al periodista palermitano Lirio Abbate, amenazado de muerte por la mafia local por denunciar, en su libro Los cómplices, a los hombres de ésta en el Parlamento, así como la extorsión que la mafia ejerce sobre los comerciantes locales y, también, la anuencia de éstos para plegarse a estas exigencias.

El sondeo semanal de La Repubblica indica que el sentimiento de miedo aumenta no sólo en Sicilia sino en el conjunto del territorio italiano. Un hecho seguro es que nos sentimos inseguros, escribe el diario romano. La ola migratoria ha traido buen número de pobres hasta las costas italianas y en las ciudades la figura que la representa es la del lavavetri, el limpiavidrios que se acerca a los automovilistas en las esquinas armado de un trapo y de una escobilla. Una incongruencia más, junto a los millones de autos y de motos que han tomado por asalto unas ciudades  creadas para circular a pie o a caballo. Como de costumbre, el miedo se proyecta en las víctimas de las mafias más que en las mafias mismas, que son quienes organizan el tráfico de seres humanos, las que reescriben los balances, las que compran el silencio informativo.

Sicilia, desde donde escribo estas líneas, se ve tranquila y no particularmente amenazadora, chamuscada eso sí, como está dicho, por los numerosos incendios del verano. Pero es bien sabido que las aguas mansas esconden culebrones. Tal vez sea Leonardo Sciascia, el novelista siciliano que mejor ha descrito la mafia y sus prácticas, quien exprese el sentimiento indecible que asalta al extranjero frente a la belleza de ésta, la mayor isla del Mediterráneo, donde una piedra es griega, la otra romana, la tercera árabe y la cuarta normanda: Sicilia tiene tres puntas y siete caras. Ver las casas y descubrirlas habitadas es una sorpresa. En ellas, la gente se mueve como en un mundo que está más allá de las palabras, como en una sobreviviente y sin embargo atrofiada humanidad. Aquí nuestras voces suenan dispersas, irreales.

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Posté par Josepepe à 07:07 - - Commentaires [5] - Permalien [#]
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