samedi 9 septembre 2017

El nombre de pluma

Tsevanrabtan publica un libro y lo firma con su nombre de pluma, como es natural.

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¿Me explica lo del nombre de pluma con un par de ejemplos, que es como yo entiendo las cosas?

Voltaire se llamaba François-Marie Arouet. Lo conocemos como Voltaire porque es el nombre que se dio a los 23 años para firmar sus escritos, tras pasar un año preso en La Bastilla. Hay varias explicaciones sobre por qué escogió ese nombre. Yo prefiero aquella que dice que Voltaire es apócope de VOuLoir faire TAIRE —mandar callar.

Fernando Fernández Martín firma como Fernando Savater porque —lo explica él mismo—es menos anodino.

Y así podríamos echar la tarde porque los ejemplos son legión.

Algunos, como Pessoa, no se contentaron con un único pseudónimo y cultivaron la heteronimia. Sonado también es el caso del ruso Roman Kacew que se reconvirtió en el escritor francés Romain Gary y bajo ese nombre ganó el Goncourt. Como el Goncourt sólo se puede ganar una vez, se inventó un sobrino, lo llamó Émile Ajar —en ruso gary es quemado y ajar ceniza— y lo volvió a ganar.

Pablo Neruda se llamaba Neftalí Reyes. Aún no había recibido el Nobel pero ya era un celebrado poeta y senador de la república cuando una mañana en que charlaba con un amigo en el centro de Santiago de Chile un señor le dio una palmada en la espalda y exclamó: «Reyes, cómo te ha ido. Te acuerdas de mí, soy Raúl Moya, fuimos compañeros en el liceo de Temuco». Y antes de que Neruda pudiese decir nada: «A mí me ha ido excelente, tengo una flota de camiones». Y tendiéndole una tarjeta de visita, a manera de despedida: «Cuando vayas por Temuco, pasa a verme y te invito a almorzar».

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vendredi 19 août 2016

Las paridas

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Mirando vírgenes en Burgos, me acuerdo de la Virgen de las Paridas. Lorca cuenta en «Mi pueblo» que la fachada de la iglesia de Fuentevaqueros la coronaba ella, la Virgen de las Paridas.

Busco y encuentro una única referencia a una Virgen de las Paridas en Cáceres. Sin imagen. Una virgen sin su estampa, no puede ser. Pido ayuda y Tse me la da.

Se trata de la Virgen de la Purificación. Las madres recientes, las paridas, debían ir al templo a purificarse cuarenta días después del parto. Un viejo rito judío. 

Cuando la virgen llega a cumplir con el rito, a la entrada del templo la reciben Ana y Simeón, dos viejos que se niegan a morir sin haber visto antes la luz de la esperanza. Y la ven, claro que la ven.

MantegnaPresentazione

Lo muestra la imagen que pintó Mantegna en 1460 (arriba). Imagen que retoma poco tiempo después Bellini (abajo), agregando a la vieja pitonisa Ana, a la izquierda, y agregándose a sí mismo, a la derecha junto a Mantegna, que ya se había pintado a sí mismo a la derecha del primer cuadro. (Se da la circunstancia que Mantegna se había casado con la hermana de Bellini y ambos pintores eran cuñados).

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Andando la vida, Bellini llegó a ser tan viejo como Simeón y en sus últimos años volvió sobre la escena (abajo).

simeon_ana_04

Las diferencias entre ambas representaciones son tales que ambos cuadros no parecen haber sido pintados por la misma persona. En el primero, Bellini se limita probablemente a copiar el cuadro de su cuñado, firmando su versión por la vía de agregar su autorretrato. Cuando pinta el segundo, ya lo había pintado casi todo y le habrá apetecido volver sobre sí mismo.

Las diferencias, digo. Apunto a una sola, para no aburrir: el primer Siméon es un viejo visto por un joven. El último, en cambio, es un viejo visto por sí mismo. 

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mardi 4 août 2015

Ayer, hoy y mañana

Estreno mañana de la última de Woody Allen, la n° 45, El hombre irracional. El número no tiene importancia, ni el nombre, ni siquiera la película. En una entrevista en el diario gratuito de hoy, Allen dice que hace una película tras otra para no pensar en la muerte. Dice también que la filosofía distrae de la muerte pero no la evita. Que si celebrara su cumpleaños n° 80 tendría la impresión de bailar sobre su tumba. Y que si pudiera hacerlo sin ser descubierto, iría eliminando al prójimo uno a uno hasta quedarse solo sobre la faz de la Tierra.

Estreno también mañana del Principito, al que le han agregado, oh, sorpresa, la historia de una niña. En los cuarenta, Welles intentó llevarlo al cine con él como aviador, y sin niña, sin éxito.

Mañana también, primer miércoles del mes, es el día del museo de los impecunes, cuando mirar es gratis. 

Ayer, en la tele, El transcurso del tiempo. Envejece la película —envejece rápido—, y el nombre va ganando con el transcurso del tiempo, justamente. Me dormí. Desperté unas cuantas veces y lo poco que vi estaba al borde del ridículo, lo que me parece bien.

Y ayer también en la tele, Ayer, hoy y mañana, de De Sica. No la vi, me arrepiento.

Hoy Tse recordaba que el Perro habría dicho alguna vez que no hay tonto sin blog. Me vine de cabeza a actualizar el mío.

Y ya que se han puesto de moda los leones, ayer tomé esta foto en Waterloo. Es la primera de una serie de cinco. Lo dejo botando.

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