samedi 14 avril 2012

Lautaro a lomo de elefante

Quedamos ayer en que el mundo es la Gran Sonaja y resulta que el día anterior el Rey de España cazaba elefantes en Botsuana. Hablando de eso, salió a colación Lautaro. Como se sabe, el joven Lautaro, siendo mozo de caballerizas del conquistador Valdivia (quien lo llamaba Felipe), convenció a los suyos de que los conquistadores no eran centauros sino simples peatones extremeños. Lo que envalentonó a los araucanos y les permitió atacar y zurrar a los peninsulares y reducir a Valdivia, a quien Lautaro le propinó esta muerte atroz: ¿Oro quieres? Oro tienes, le dijo y le introdujo por la boca un embudo con metal hirviente.

La historia, con ser buena, mejora si se cambia un componente y en lugar de caballos ponemos elefantes. Grandes paquidermos cruzando el océano, desembarcando en Lima, llevando en volandas a Almagro y Valdivia por la aridez del desierto de Atacama a conquistar la indomable tierra de Arauco.

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Y ya puestos a cambiar la historia, tras acabar con Valdivia, Lautaro se lanza a la conquista del imperio incásico. Avanzan las huestes lautaristas a lomo de elefante por el Salar de Uyuni, hunden sus trompas los paquidermos en el lago Titicaca y abrevan y se duchan según su costumbre, preparándose par entrar en el Cuzco, el ombligo del mundo, durante un eclipse.

Lo cierto es que este detalle no sólo cambia la historia de América sino la de la propia España, que ve recreadas las paredes de Altamira de trompas y graciosas orejas, y a una carga de elefantes enterrar a los sarracenos en la mar -Babieca, Rocinante, incluso Platero, todos elefantes- y así, hasta que anteayer el Rey Borbón se descoyuntase la cadera cazando guanacos en el sur de África.

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samedi 8 octobre 2011

Porque hoy es sábado

El lector de noticias comienza por probárselas, a ver cómo le quedan. Jobs murió a los 56 años. Tomas Transtroëmer, flamante Nobel de literatura, sufrió a los 60 un ictus que lo dejó hemipléjico y afásico. Para quienes nacieron en los años cincuenta, no digamos ya para quien nació en febrero del 55, estas novedades echan como una sombra negra sobre el periódico. La negra sombra que cantaba Luz.

Otra cosa es el consumo religioso de las necrológicas. Esa frasecilla de Jobs que pone a la feligresía mundial de rodillas: Encontrad lo que amáis. No la entendía del todo hasta que unas estadísticas, benditas ellas, vinieron a aclararme su sentido. Como decía Picasso, yo no busco: encuentro.

Pero no era de esto de lo que quería decir algo. Ni tampoco sobre FS, que advierte a quienes creíamos que la vida era broma que estábamos profundamente equivocados. Ni siquiera sobre Bélgica, que por fin se da una alegría. Lo mío hoy sábado va de animales. Aclaro que no soy animalista, no me alcanza el tiempo para todo. Pero en sus Diarios, Uriarte recuerda una idea de otro diario, el Diario de un mal año, de Coetzee: los animales son nuestros prisioneros de guerra, de esa guerra que perdieron cuando los humanos inventamos las armas de fuego. Y viendo a un rebaño pacer, le da la razón. 

En Chile, por estos días, mucha gente cree estar a punto de echar abajo el modelo de educación superior, que es carísima y malísima simultáneamente. Y lo que se yergue frente a ella para impedir que culmine el derribo es la policía montada. La emprenden entonces contra el jinete y también contra el caballo. Lautaro, joven libertador de América, tuvo que convertirse en mozo de caballerizas de Valdivia para entender que los conquistadores no eran centauros. Intentó explicárselo a los suyos pero no está claro que lo consiguiera, o no del todo. Unos cuantos siglos más tarde la cuestión no está resuelta. ¿Es legítimo arrearle una también al caballo?

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Circulan por la Red las imágenes de la paliza que le dieron unos capuchas a un policía en el cementerio de Santiago. ¡En el cementerio! ¡Muerte sí, funerales no!, escribía Nicanor en el glorioso año del 69. Y Rodrigo: En los subterráneos de la psique colectiva, todo el mundo a la muerte grita Viva. La serie de fotos culmina con una del caballo policial ensangrentado, y es la que causa más estupor. Tanto como que, en el pie de foto, al caballo se le llama caballar. Roberto Merino llamaba la atención sobre esto: en las páginas de sucesos a los caballos se les llama caballares. Llevar registro de la realidad consiste también en eso, en la actualización del bestiario del Reyno. Caballares, perros, guanacos, zorrillos, pingüinos, jotes, buitres.  

Pero hoy es sábado y mañana domingo: no hay nada como el tiempo para pasar, cantaba Vinicius.

Fotografía de Kena Lorenzini.

dimanche 29 octobre 2006

Tortura y oro

Domingo de elecciones presidenciales en Brasil, en el Congo, en Bulgaria. De referendum en Serbia. Dentro de tres días, elecciones legislativas en Cataluña. Si las elecciones sirvieran para algo, hace tiempo que estarían prohibidas, afirma el cliché anarquista. Lleva razón, salvo que se equivoca en lo esencial. Lo esencial es que las elecciones existan, que el poder se enfrente, así sea de tarde en tarde, a la posibilidad de la derrota.

Otra cosa, la denuncia sobre el oro de Pinochet en Hong Kong, reportada por este Camino hace dos días, abre, como era de esperar, sobre un barrizal. El Banco de Hong Kong y de Shangai se ha apresurado a señalar que los documentos incriminados son falsos. Es verdad que la magnitud del tesoro, nueve toneladas de oro, parece contradictoria con la mediocridad del personaje. El abogado del Pinochet afirmó, por su parte, que el único oro que posee el Pinochet es el de su anillo de matrimonio.

La afirmación contiene una conexión mental escondida. El joyero Eduardo Vilches recuerda hoy en La Nación dos eventos áureos ocurridos durante la dictadura pinochetesca. En los primeros meses de ésta, los gorilas hicieron un llamado a los jefes de buena familia para que donasen sus argollas de matrimonio y dotasen así al nuevo poder de los fondos que le permitiesen enderezar la economía chilena. Vilches calcula que si cien mil personas respondieron al llamado donando diez gramos de oro (un anillo), la dictadura recaudó alrededor de una tonelada, de la que, por cierto, nunca más se supo. El episodio vale para recordar que Pinochet sólo fue posible gracias al pinochetismo.

El segundo evento es otro oscuro procedimiento abierto por el Banco Central chileno a mediados de los años ochenta, cuando decidió comprar oro, y contra toda lógica, pagarlo en dinero líquido.

Todo lo cual recuerda un remoto episodio de la historia chilena. De cuando los indios mapuches atraparon vivo al capitán de las tropas españolas, en el siglo XVI, don Pedro de Valdivia, y le infligieron esta muerte atroz : Oro quieres, le dijeron. Pues oro tengas. Y le introdujeron un embudo por la boca, haciéndole tragar oro hirviendo.

Tortura y oro, pinochetismos.

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